Un héroe keniano ilumina remotas aldeas con la fuerza del agua

Un héroe keniano ilumina remotas aldeas con la fuerza del agua

Magiro construyó una barrera en el río Gongo con troncos para poder controlar la fuerza del agua.

John Magiro

John Magiro, con ingenio y compromiso, ha conseguido crear y llevar electricidad a 300 casas en Kenia.

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EFE/DANIEL IRUNGU

12 de junio 2017 , 02:55 a.m.

Apenas tiene 25 años y su humilde entorno no le ha permitido formarse, pero el keniano John Magiro, con ingenio y compromiso, ha conseguido crear y llevar electricidad a 300 casas que no conocían la luz, aprovechando la energía del río que atraviesa su remota aldea en el centro de Kenia.

Recorre las altas montañas del poblado de Ireke, situado en el condado de Murang'a, con su bata lila, un casco de seguridad y una robusta cuerda a modo de collar, siempre preparada para enfangarse ante la llamada de cualquier vecino y, como explica a Efe, decidido a "transformar la comunidad".

Desde 2013, su proyecto, "Magiro hidroeléctrica", ha conseguido electrificar 2 kilómetros de su aldea y llevar la luz a 300 casas que hasta entonces utilizaban queroseno, baterías y gasóleo, con el consecuente impacto que esto producía sobre el medio ambiente.

Fue la dinamo de una bicicleta la que dejó embelesado a Magiro. Creyó que con un sistema parecido podría conseguir electricidad de la fuerza del agua en las cataratas de Ireke.

Entonces desmontó alternadores de coches y hasta la radio de su madre buscando las piezas que necesitaba para idear una mini central hidroeléctrica.

Cuando Magiro consiguió electricidad, el Fondo Fiduciario de Medio Ambiente (Netfund, por sus siglas en inglés) y la organización medioambiental World Wildlife Found (WWF) se interesaron por su respeto al medioambiente y apoyaron al joven keniano para agrandar el proyecto con el fin de beneficiar a más personas.

Entonces, Magiro construyó una barrera en el río Gongo con troncos y tablas para poder controlar la fuerza del agua.

Ahora, dos modestas tuberías desembocan en una pequeña cabaña de cemento y chapa en la que alberga dos alternadores con los que consigue una fuerza de 75 kilovatios.

Pero ya sueña con llegar a los 1.110 kw. Turbinas a toda velocidad rompen el silencio de una boscosa tierra y el hipnótico sonido del caudal del río mientras Magiro encaja una goma en una polea y la conecta al transformador para controlar con una rueda -a modo de timón- la cantidad de energía que pasará a través de la red a sus vecinos.

Una enredadera de cables escalan un fino poste de madera en el que Jeffrey, una de las cuatro personas que Magiro ha podido contratar, se encarama con dos zancos de hierro enganchados a sus desgastadas sandalias y escala más de 12 metros de altura para supervisar, como cada día, la conexión. Para los vecinos de Mihuti, Magiro es casi un héroe.

"Él nos salvó de la oscuridad para traernos la luz. Aprecio mucho su esfuerzo, nuestra vida ha mejorado mucho", explica a Efe un campesino beneficiario del proyecto, Shem Chegue.

Para Chegue, no consiste solo en tener o no tener luz, sino en que ahora puede conectar un televisor, cargar un móvil o cocinar. "Él nos ha hecho crecer, también de mente, porque ahora, por ejemplo, puedo ver un informativo", asegura este keniano.

Aunque el suministro eléctrico llega de forma reducida a estas aldeas con la empresa pública "Kenya Power", el precio de la factura, de 500 chelines kenianos al mes (4,3 euros al cambio), se hace inalcanzable para gente que sobrevive con menos de un dólar al día. Pero con Magiro, los vecinos gozan de luz por 200 chelines.

"Ahora mismo no tengo ningún beneficio", explica Magiro, que destina el presupuesto de las facturas de sus vecinos a seguir mejorando su proyecto, ya que quiere ampliar los 2 kilómetros de poblado que ha electrificado hasta los 30 y conseguir llevar la luz a 280 vecinos más que piden beneficiarse de la hidroeléctrica.

Él nos salvó de la oscuridad para traernos la luz. Aprecio mucho su esfuerzo, nuestra vida ha mejorado mucho

Para poder seguir trabajando en estos retos, Magiro calcula que necesita 8 millones de chelines (69.565 euros al cambio), un reto para el que, se queja, no recibe ayuda alguna del Gobierno de Kenia.

El joven Magiro no ha terminado de expandir como quisiera su hidroeléctrica y ya sueña con su próximo desafío: conseguir un buen suministro de agua, que escasea en estas aldeas.

"Si tenemos suficiente electricidad, todo es posible", asegura entusiasta. A John Magiro le encantaría poder estudiar ingeniería en la Universidad y poder así adquirir más conocimientos de los que su ingenio le ha hecho descubrir, para seguir "transformando las comunidades en Kenia", apostilla.

EFE 

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