Una gatica que salió del closet y otra que rescató a un niño

Una gatica que salió del closet y otra que rescató a un niño

Rosita y Kitty son las protagonistas de hoy en ‘La historia de mi mascota’

La historia de mi mascota 4

Rosita.

Foto:

Cortesía Karina Giraldo

11 de abril 2018 , 07:33 a.m.

El turno, en esta nueva entrega de esta serie de EL TIEMPO dedicada a los animales de compañía de nuestros lectores, es para los gatos. A nuestro correo llegaron estas dos historias. Una, de cómo una gata logró cambiar el comportamiento de un niño y hacerle entender los cambios de la vida y la otra de una gatica que superó sus miedos y hoy es ‘la reina de la casa’.

‘Rosita’, el rescate de Santiago
Rosita para La historia de mi mascota

Rosita llegó a los tres meses al hogar de Karina y Santiago.

Foto:

Cortesía Karina Giraldo

Por Karina Giraldo Bustos

Esta no es la historia de un animal rescatado por mí. Es la historia de cómo un animal rescató a a mi hijo. Y lo digo porque la estabilidad emocional de mi pequeño, que en ese entonces tenía 4 años, se consolidó gracias a Rosita, una gata de 3 meses que llegó a nuestra casa luego de ser rechazada por su ‘familia adoptiva’.

Para ser más claros, desde que mi hijo Santiago nació, hemos tenido un promedio de dos cambios de casa por año. De apartamentos a casas. De barrios en el norte a barrios en el sur. De oriente a occidente. Claro, mientras era un bebé tomaba esto con agrado. Pero al cumplir los 4 años todo cambió. Cada mudanza le molestaba. Lloraba y me cuestionaba. “¿Por qué nos tuvimos que ir de nuestra casita?” “¡Aquí no hay donde jugar!” “Esta casa es muy grande y me da miedo”.

Pero el tema fue más allá. En el jardín comenzó a manifestar frustración, tristeza y rabia. Tuvo problemas de relación con sus compañeros e incluso, cada mañana y cada tarde, vomitaba en la ruta. Su comportamiento cambió radicalmente. Incluso, empezó a pedirme un hermanito. ¡Imposible! ¡Estoy operada!, no tengo pareja!

¿Y una mascota? Pero entonces revivieron mis ingratas experiencias con mis dos ‘Muñecas’: La primera fue atropellada por una buseta frente a mis ojos cuando yo tenía 9 años y la segunda, poco después, me la robaron. Increíble, pero a mis treinta y pico de años me di cuenta de que el dolor por mis mascotas se mantenía.

Bueno, perrito no. ¿Y un gato? Puede ser, pensé, aunque me dan miedo. Pero el universo conspiró. No tuve que empezar a buscar porque casi de inmediato mi sobrina, que es veterinaria, me llamó y me dijo que había una gatica muy pequeña y abandonada: “El hogar es con Santi y conmigo”, dije sin dudar.

Y fue amor a primera vista. Rosita posibilitó una transformación inmediata en mi hijo; en la primera semana de tenerla en casa, Santi dejó de vomitar en la ruta. Se fue la rabia y empezó la negociación. Volvió a escuchar al otro y a entablar relaciones más positivas con sus pares.

Y para completar el alivio, Santiago llegaba feliz a casa, porque pues había alguien aparte de mamá que lo esperaba; una responsabilidad que atender. Rosita no fue un premio, fue un medio para mejorar, un nuevo integrante de nuestra pequeña familia que logró unirnos más como madre e hijo, compartir las responsabilidades y resignificar los cambios, no como algo negativo, sino como mejoras, experiencias y crecimiento.

El día que Kitty salió del closet
Kitty para La historia de mi mascota

Kitty llegó enferma, sin dientes y temerosa al hogar de Mabel.

Foto:

Mabel Navarrete

Por Mabel Navarrete

Kitty llego a mi vida el 15 de junio de 2016. La vi a medianoche, a la entrada del conjunto donde vivo, tomando agua de un charco. Fui incapaz de dejarla ahí, la recogí y la llevé a mi apartamento contra la voluntad de mi esposo, porque ya tenemos a Rayitas y a Carey, un gatito y una gatita también adoptados.

Los primeros 2 días, Kitty vivió en mi clóset. Le tenía a los humanos y a otros gatos, solo salía a comer si yo me sentaba a su lado. Si veía un palo, se orinaba. Había sido tan maltratada que perdió todos sus dientes inferiores.

Pero no solo eso. Nuestra gatica era una bola de pulgas y parasitos. Pero poco a poco me fui ganando su confianza. Y poco a poco comenzó a tomar confianza. Pude esterilizarla, vacunarla, desparasitarla. Pero no solo eso ¡Salió del closet!

Hoy en día, es mi escolta de corto alcance, se cree la reina del apartamento, adora que la arrunche para dormir y es muy tranquila y feliz.

¿Quiere que su mascota aparezca en EL TIEMPO? Escríbanos a mascotaseltiempo@gmail.com Todas las historias son valiosas para este espacio.

Gracias a Karina Giraldo y a Mabel Navarrete por contarnos hoy sus historias.

EL TIEMPO

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