‘No queremos ver montañas convertidas en museos’

‘No queremos ver montañas convertidas en museos’

Así lo advierte la FAO. Las montañas producen hasta 80 % de los recursos hídricos del mundo. 

Montaña

Unos 915 millones de personas habitan ecosistemas de montaña (el 13 por ciento de la población mundial), según cálculos de las Naciones Unidas.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

19 de agosto 2017 , 12:47 a.m.

Los ecosistemas montañosos se encuentran desde el Ecuador hasta los polos y ocupan, según un estudio de la Universidad de Oxford, una quinta parte del planeta.

Se calcula que una décima parte de la humanidad recibe su sustento directamente de las montañas y son las mayores proveedoras de agua. Sin embargo, están sufriendo las consecuencias del cambio climático, y los pobladores que las habitan están migrando a las llanuras.

Según las Naciones Unidas, el 22 por ciento de la superficie terrestre está cubierto por montañas. Las cuales producen entre el 60 y 80 por ciento de los recursos hídricos del mundo. Y, como si fuera poco, en ellas se encuentra el 25 por ciento de la diversidad biológica, así como el 60 por ciento de las reservas de la biosfera.

Cerca de 915 millones de personas, el 13 por ciento de la población mundial, habitan las montañas. Estos pueblos tienen una característica en común, y es que figuran entre los pueblos más pobres y malnutridos. Según Naciones Unidas, una de cada tres personas de montaña en los países en desarrollo es vulnerable a la pobreza, al aislamiento y la inseguridad alimentaria, en áreas rurales una de cada dos.

América Latina no es para nada ajena a esta situación, y más aún cuando un tercio de los países andinos está cubierto por la cadena montañosa más larga del planeta, la cordillera de los Andes, hogar de alrededor de 85 millones de personas, casi el 45 por ciento de la población regional.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas inglés), el número de personas de montaña vulnerables aumentó de 39 millones en el 2000 a 48 millones en el 2012, es decir, un incremento del 22 por ciento.

Frente a esta condición de vulnerabilidad de las poblaciones de montaña en todo el mundo, se creó la Alianza para las Montañas durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible el 26 de agosto del 2002 en Johannesburgo (Sudáfrica). En la actualidad tiene 294 miembros, de los cuales 56 son países, 14 son organizaciones intergubernamentales; 218, asociaciones de la sociedad civil y del sector privado y seis, autoridades subnacionales.

A esta asociación voluntaria de diferentes organizaciones del ámbito global –cuyo objetivo es proteger los ecosistemas montañosos del mundo, promover un desarrollo sostenible y mejorar las condiciones de vida de la población que vive en montaña– pertenece Colombia.

Y tiene razones para hacerlo. El 33 por ciento del territorio nacional está cubierto por montañas. Precisamente, ante la importancia de este ecosistema para el país y el mundo, el Ministerio de Ambiente y varias organizaciones convocaron recientemente el Congreso Internacional de Páramos y Ecosistemas de Montaña.

Al evento, realizado en julio, asistió Rosalaura Romero, oficial del Programa Secretaría de la Alianza por las Montañas, de la FAO, para hablar sobre la afectación del sector productivo bajo escenarios de cambio y variabilidad climática.

Vivir en las montañas puede ser muy difícil. Se quedarán vacías si los gobiernos no respaldan a sus pobladores con políticas


¿Cómo está impactando el cambio climático en los sistemas productivos de montaña?

En las poblaciones de montaña hay una característica común: la resiliencia. Vivir en las montañas es más riesgoso que en la llanura y ahora, con el cambio climático, aún más. Pero, desde hace siglos, estos habitantes han desarrollado técnicas para enfrentar los cambios y aumentar la resistencia del hogar, y eso lo hacen con una gran diversificación: trabajan en agricultura, en pastoreo, en turismo, en artesanía; utilizan los productos. Pero la resiliencia no es suficiente. Ellos deben ser respaldados con políticas e inversiones de los gobiernos; si eso no se hace, las montañas se van a quedar vacías, porque la vida de montaña puede ser muy difícil.

¿Cuál es la importancia de la relación entre el humano y la montaña?

No queremos que la montaña se convierta en museo, tiene que estar viva. Las montañas hospedan el 25 por ciento de la diversidad del mundo, a pesar de que estas solo cubren el 22 por ciento del territorio en el globo. Hay muchos grupos étnicos, idiomas distintos y culturas antiguas que viven en estos hábitats; entonces, si las abandonan perdemos una riqueza cultural y antrópica inmensa que se ha acumulado durante siglos. Por ejemplo, la mayoría de las religiones del mundo tienen un enlace muy fuerte con la montaña, son un centro de espiritualidad para muchos países.

Entonces, las culturas se pueden ver afectadas por el cambio climático...

La cultura se está viendo afectada porque hay migrantes climáticos. La gente empieza a dejar las montañas para bajar y buscar condiciones de vida mejores para la supervivencia de sus hijos. Hay comunidades que salen de la montaña y bajan y a menudo van a vivir alrededor de las grandes ciudades, donde la pobreza urbana es más fuerte, pierden totalmente sus enlaces con las comunidades de origen, pierden su característica...

¿Cuáles son las características de los migrantes climáticos de las montañas?

En muchos casos hay una migración masculina; entonces, quienes se quedan en las montañas son las mujeres con los adultos mayores y los niños. Ellas se quedan encargadas de atender todas las responsabilidades. Las montañas se están feminizando, y el problema es que en muchos casos son países machistas donde, por ejemplo, las mujeres no existen políticamente. Cuando se quedan solas, no tienen manera de ir al mercado, de ir al hospital, están bloqueadas. Esto es un problema para la producción agrícola porque ellas no tienen manera de llevar a los mercados los productos, entonces terminan con los intermediarios, que compran todo pero pagan casi nada.

¿Cuál es el futuro de las montañas?

Solo hay dos caminos por tomar. Uno es que el cambio climático aumente y la gente abandone las montañas. En ese caso, vamos a perder la agrodiversidad y la riqueza cultural. Nos quedaremos con montañas vacías y habrá una migración hacia las ciudades, lo cual aumentará la pobreza urbana.

Esperemos que el otro camino sea más esperanzador...

Sí, necesitamos que los gobiernos inviertan en las montañas, que ayuden a sus pobladores a quedarse allí, pero con una vida digna. La gente es feliz de quedarse en las montañas, pero solo si tienen las mismas oportunidades que los de llanura. Es un tema de derechos humanos, porque la montaña es más difícil que la llanura.

En Colombia, las poblaciones que habitan las montañas tienen más recursos que los de llanura...

Sí, en Colombia es distinto porque las zonas de montaña son bastantes ricas. Sin embargo, en la mayoría de las partes del mundo no es así, las zonas de montaña son las más pobres. Por ejemplo, una de cada dos personas de zonas rurales de montaña está en riesgo de seguridad alimentaria. Debemos hacer un esfuerzo global. Los científicos han producido todos los datos necesarios, sabemos bien cómo es la situación. No tenemos que esperar más informes, es el tiempo de actuar.

En Colombia, los páramos son fundamentales en la producción de agua. ¿Cómo está en el cuidado de estos ecosistemas?

En general, en los pocos países que tienen páramos, el problema es que el cambio climático está permitiendo utilizarlos para agricultura y ganadería, y ambas actividades son muy negativas para los páramos porque impactan en el suelo y la filtración de agua. Creo que la inclusión de un sistema de compensación para la gente de montaña es positiva. Ellos tienen el derecho a que se les reconozca el papel que tienen protegiendo el ecosistema de montaña. Es crucial en este momento compensar el trabajo clave que los pobladores de montaña hacen para todos nosotros.

Muchos niegan el cambio climático, pero ya estamos viendo hechos como el desprendimiento del iceberg A68, pero en las montañas ¿cómo se hace evidente el impacto del cambio climático?

Las montañas son indicadores tempranos de los cambios climáticos. Si hablas con la gente que vive en la montaña, te dicen: todo ha cambiado. Y ha cambiado de manera muy fuerte. Por ejemplo, en Asia central antes tenían pastos muy altos y ahora están completamente desérticos. Los cambios pueden ser de todo tipo: la temperatura sube, el ciclo hidrológico cambia. Esto genera eventos extremos mucho más frecuentes: inundaciones, deslizamientos, avalanchas o, por ejemplo, plagas que empiezan a subir porque la temperatura es más alta. El efecto del cambio climático en la mayorías de las montañas del mundo es una realidad.

El agua es un punto crítico...

Claro. Por ejemplo, los glaciares son muy importantes y se están derritiendo en la mayoría de los países del mundo, en algunos casi que han desaparecido; tienen un rol en el ciclo hidrológico fundamental, porque almacenan agua. Durante el invierno almacenan y luego la restituyen despacio durante la primavera y el verano, pero ahora esa función se está perdiendo, hay agua que no va a estar disponible en la temporada seca. Esto no afecta solo a los pobladores de montaña, sino a todos porque el 80 por ciento del agua que utilizamos llega de las montañas.

SIMÓN GRANJA
Redactor de EL TIEMPO

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