La riqueza biodiversa que tiene La Guajira

La riqueza biodiversa que tiene La Guajira 

En el departamento se desarrolla el mayor afloramiento de aguas profundas.

Uribia, el pueblo más seco

El norte de Uriba hace parte del resguardo indígena de la Media y Alta Guajira, uno de los más grandes y poblados del país.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

17 de octubre 2017 , 09:12 p.m.

El departamento de La Guajira se ha destacado en los últimos tiempos por ser una región con problemas que van desde el déficit en la oferta de servicios básicos hasta la desnutrición infantil y la pérdida de los valores culturales de los indígenas, entre otras dinámicas socioculturales.

Estas complejas problemáticas contrastan con la riqueza ambiental que embellece su territorio. Ya desde Palomino, al sur, es evidente toda la biodiversidad del bosque andino tropical de las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, que se entretejen en un cambio gradual de paisaje con ríos, lagunas costeras y paisajes semidesérticos que albergan flamencos y una pesca comercial artesanal de importante sustento para las comunidades locales.

Más arriba, sobre Manaure y Uribia, empieza a vislumbrarse el desierto de La Guajira, encontrando su mayor expresión hacia el norte, en Puerto Estrella y Castilletes. Un ecosistema cuya memoria histórica indica que tiempo atrás fue una zona de bosque húmedo tropical, según los hallazgos geológicos del Instituto Smithsonian de Panamá y la Universidad del Norte.

Los 340 kilómetros de borde de costa son tanto o más valiosos pues albergan las praderas más extensas de pastos marinos del país, salacuna para muchas especies de invertebrados y vertebrados marinos, lo que lo convierte en un hotspot de alta biodiversidad.

Como si fuera poco, en su plataforma continental se desarrolla el mayor afloramiento de aguas profundas, lo que se conoce como surgencia, y esto le imprime el sello de ser una de las zonas más productivas del mar, entre otras razones porque allí confluyen diversos peces de importancia comercial. Se suman sus playas extensas, que, además del valor paisajístico intrínseco, son áreas de anidamientos de las centenarias tortugas marinas, siendo este uno de los muchos servicios ecosistémicos que prestan.

La Guajira es un ejemplo de cómo los colombianos dirigimos la mirada solo a los problemas sociales y económicos, olvidando los ricos recursos naturales que, manejados responsablemente, podrían dar solución a muchas situaciones que afectan a las comunidades locales.

ANDRÉS FRANCO H.
Director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales de Utadeo

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