Vertebrados, las principales víctimas de la fragmentación de bosques

Vertebrados, las principales víctimas de la fragmentación de bosques

La mitad de estos ecosistemas limitan con una carretera o un cultivo que impacta la biodiversidad.

Deforestación

La deforestación afecta el hábitat de las especies; unas se adaptan y otras desaparecen.

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Archivo EL TIEMPO

21 de noviembre 2017 , 11:25 p.m.

Cada vez que alguien pone un pie en un bosque, los pequeños animales que están alrededor se alejan ante la potencial amenaza que, por lo general, representa la presencia humana en su hábitat. Por esto no es difícil imaginar lo que ocurre cuando llegan cientos de personas, muchas veces acompañadas de maquinaria pesada para abrirse campo entre la espesura del bosque.

Un reciente informe publicado en la revista Nature se dio a la tarea de estudiar el impacto que, a escala global, tiene este fenómeno, conocido como el efecto de borde.

En palabras simples, consiste en los cambios en las condiciones ambientales, de la vegetación y de la fauna que suceden en el bosque luego de la deforestación generada por la siembra de cultivos y la construcción de asentamientos humanos y carreteras.

Los autores del artículo, titulado ‘La creación de los bordes de bosque tiene un impacto global en los vertebrados’, encontraron que, en el mundo, la mitad de todos los bosques limitan con una carretera o un cultivo a menos de 500 metros. Además, el 20 por ciento de los bosques tienen un borde a menos de cien metros. Y aunque este escenario, en general, es perjudicial para toda la fauna y la flora, son los vertebrados el grupo que lleva la peor parte.

Para llevar a cabo su investigación, los científicos tomaron una base, de datos llamada BioFrag, en la que hay registros de campo de 10.000 especies en 58 lugares de todo el globo. De ese universo tomaron 1.673 especies de 22 paisajes y analizaron la respuesta a la creación de bordes en anfibios y reptiles, que se caracterizan por no poder regular su temperatura y por su poca capacidad para moverse rápidamente y escapar de las amenazas humanas. La respuesta de estos dos grupos fue comparada con las de otros animales más aptos para la huida, como los mamíferos y las aves.

“Encontramos que 1.422 (el 85 por ciento del total) de todas las especies estudiadas respondieron al borde, bien sea adaptándose a este o pereciendo ante el cambio. A estos dos tipos de reacciones las bautizamos ‘ganar’ o ‘perder’, respectivamente”, explica el ecólogo y profesor de la Universidad Javeriana Nicolás Urbina-Cardona, con doctorado de la Universidad Nacional Autónoma de México, uno de los autores del estudio.

De acuerdo con el profesor Urbina, el equipo de investigadores halló que 654 especies, que corresponden al 45 por ciento de las que reaccionaron, lo hicieron de forma positiva, es decir, aumentaron su abundancia en los entornos degradados o deforestados. Uno de estos fue la boa, según Urbina, gracias a que, al ser un animal corpulento que no regula su temperatura, necesita de grandes cantidades de calor, el cual encuentra fácilmente en los nuevos bordes generados tras la eliminación de los árboles nativos del bosque.

El resultado que más alarma a los científicos tiene que ver con las especies perdedoras; en total, 554 (39 por ciento de las 1.422) evitan los bordes. “Lo que más nos preocupa es que todas ellas están en alguna categoría de amenaza de extinción y solo habitan a más de 400 metros del borde del bosque hacia el interior de este”, indicó el profesor Urbina.

“Entre estas, prestamos especial atención a aquellas especies que no regulan su temperatura y analizamos factores como si existía algún patrón relacionado con su tamaño corporal, partiendo del hecho de que esta característica influye a la hora de evitar los bordes forestales. Lo que encontramos es que a la mayoría de reptiles grandes les va muy mal, porque corren un mayor riesgo de que, cuando salen a asolearse, sean cazados para ser utilizados como alimento o por los traficantes ilegales de fauna silvestre”, señala, y agrega que los anfibios pequeños también son considerados perdedores, pues, al perder la capa boscosa que protegía su hábitat, corren peligro de deshidratación, ya que más luz se traduce en más calor.

En el caso de los mamíferos, los ejemplares medianos, como el tapir o incluso otros más raros como el pangolín, son los que más sufren por culpa de esos desplazamientos obligados. Las aves, por su parte, no encontraron una respuesta particular, presumiblemente por su habilidad de volar lejos de los bosques modificados.

“Lo que nos muestra este estudio es que estamos acorralando a las especies a nivel planetario y las estamos llevando a la extinción. Y esto es solo tomando en consideración a la deforestación, sin pensar en otros fenómenos como el cambio climático, las especies invasoras o la contaminación del hábitat”.

El grupo de académicos no se limitó a exponer el problema, sino que se aventuró a proponer algunas soluciones: en primer lugar, evitar la construcción de carreteras innecesarias. Segundo, disminuir los incendios forestales y aquellos causados por quemas de cultivos, los cuales avanzan fácilmente sobre el bosque remanente. “Por último, la invitación es a manejar sistemas productivos amigables sin agroquímicos, y el uso de cercas vivas y árboles nativos en los potreros que permitan a la fauna cruzar de un bosque a otro”, apunta el profesor Urbina.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
EL TIEMPO @nicolasb23

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