Las infamias y los desafíos de nacer niña en Colombia

Las infamias y los desafíos de nacer niña en Colombia

Las cifras de violencia evidencian la desventaja de nacer niña. Sin embargo, hay esperanza. 

niñas especial

Hay niñas que a pesar de ese probable oscuro destino, sueñan con un futuro mejor.

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Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

22 de mayo 2018 , 03:39 p.m.

El doctor afirma con la cabeza mientras les muestra en la pantalla la figura difusa de un feto a los padres y les dice: “Es niña”. Dependiendo del país en el que se presente esta situación, el futuro de ese ser humano en gestación será más difícil o menos. Es decir, es la combinación del lugar de nacimiento y el cromosoma del feto lo que determinará en gran medida su destino. Colombia no es el peor país para nacer niña, pero está muy lejos de ser el mejor.

Según el índice de oportunidades para las niñas plasmado en el informe ‘"Hasta la última niña: Libres para vivir, libres para aprender, libres de peligro"’, de la ONG Save the Children, Colombia ocupa el puesto 75, y Níger es el peor país para ser niña, en el puesto 144, y Suecia el mejor, en el primer puesto. Es decir, está en la mitad del índice, lo cual no resulta esperanzador porque la situación en el mundo es preocupante.

Y es que el destino de ese ser humano que aún no ha nacido está marcado en cierta medida por las probabilidades que rigen el mundo. La vida de un feto con cromosoma XX será mucho más difícil afuera, en el mundo exterior, que si su cromosoma hubiera sido XY, el masculino.

La mayor parte de las niñas están en desventaja y sufren discriminación de género en el mundo

Si la genética determinó sexo femenino, es más probable que sea víctima de violencia sexual, de violencia intrafamiliar, de poco acceso a servicios básicos, a explotación laboral, a matrimonio forzado, a ser discriminada en las escuelas, en los sistemas de salud, en el trabajo, a vivir bajo estereotipos...

No es que los niños hombres no sufran, claro que sí, pero, como la misma ONU Mujeres asegura: “La mayor parte de las niñas están en desventaja y sufren discriminación de género en el mundo”. De ahí que el objetivo cinco de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para transformar el mundo sea: “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.

Colombia no es para nada ajena a esta realidad, partiendo de la premisa de que se encuentra en la región más peligrosa del mundo para las mujeres, Latinoamérica, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Si miramos tan solo los más recientes titulares en los medios de comunicación, encontramos la gravedad del asunto: ‘Niña golpeada, grave en el hospital Santa Clara’, ‘Indignación por muerte y tortura de niñas en Soacha y Bogotá’, ‘La ruta trágica de la menor de tres años agredida en Bogotá’, ‘Capturan a presunto asesino de niña de 12 años’, ‘Sindicado de abusar de niñas en Soacha fue capturado’, ‘Denuncian 2 nuevos casos de posible abuso sexual a niñas en Medellín’... y así.

Pero en el mundo los titulares no son diferentes: ‘Caso Ámbar conmociona a Chile: Niña de un año muere tras ser violada’; ‘Escándalo en el Reino Unido: más de mil niñas fueron abusadas’; ‘Qué hay detrás de la epidemia de violaciones en India’...
Y estos son tan solo los titulares referentes a abuso sexual y homicidio, como los más graves, pero los problemas van mucho más allá. Incluso, se derivan de problemas estructurales de la sociedad.

Los riesgos y desafíos

Las cifras evidencian que las niñas en Colombia están expuestas a amenazas y peligros muy complejos. El Icbf, la Consejería Presidencial para la Equidad de Mujer y la Fundación Plan, entre otras organizaciones, coinciden en que las niñas son las principales víctimas de la violencia sexual.

Tan solo entre enero y marzo de 2018, de los 5.020 casos de violencia sexual reportados por Medicina Legal, el 86 por ciento corresponden a niñas y adolescentes, principalmente entre los 10 y los 14 años (vea gráfico ‘Las cifras de la infamia de la infancia’).

Sin embargo, esta es una constante no solo en Colombia, sino en el mundo. Las niñas y adolescentes tienen más probabilidades que los niños de experimentar ciertas formas de violencia, incluida la sexual. Por ejemplo, 2.600 millones de niñas y mujeres viven en países donde la violación sexual marital no está expresamente penalizada.

Además, resulta aún más preocupante y aberrante que la mayoría de los casos se den en el mismo entorno familiar, cuando es en la familia donde deberían tener su primera línea de protección.

“No podemos permitir que los violentos destruyan los sueños de nuestros niños y niñas, y que acaben con su inocencia, particularmente en casos tan aberrantes como el abuso sexual, en el que las niñas son las más afectadas”, expresó Karen Abudinen, directora del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar (Icbf).

Según Save the Children, la violencia física, sexual y psicológica de género puede ocurrir en el hogar, en las escuelas o en las comunidades; se encuentra arraigada en la discriminación y en la exclusión.

“La violencia se comienza a gestar en la familia; el entorno más peligroso o inseguro para las niñas y mujeres en general es el familiar: en la casa. Ahí ocurren múltiples violencias, y esas violencias empiezan desde que tienen meses de nacidas”, asegura Marcela Henao, asesora de género de la fundación Plan.

“Me preocupa y me causa dolor la violencia contra nuestras niñas, así como contra los niños, porque es un claro síntoma de que somos una sociedad enferma”, es la conclusión de la Directora del Icbf al afirmar que es vergonzoso que cada día se abran en el instituto 66 procesos administrativos para restablecer los derechos de niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas de maltrato o abuso sexual.

Así mismo, las niñas son víctimas de diferentes violencias: desde la trata de personas hasta la violencia intrafamiliar, sumado también al hecho de que tienen que enfrentar serias discriminaciones por causa de los estereotipos en los roles de género que se les asignan a las mujeres, además de las implicaciones del embarazo en la adolescencia.

Martha Ordóñez, consejera presidencial para la Equidad de la Mujer, dice que ser niña en Colombia significa una oportunidad inmensa de empoderarse para construir proyectos de vida con una profunda incidencia no solo a nivel personal, sino en el futuro de nuestras sociedades, pero también es tener que enfrentar una serie de desafíos y riesgos importantes.


La maldición del estereotipo

Según Marcela Henao, de la Fundación Plan, es a partir de estos estereotipos de donde se desencadena la mayoría de problemas que enfrentan las niñas. Por lo menos, es el primer reto que enfrentan desde que nacen porque son reforzados por las familias, por las personas que las cuidan y las rodean y por la sociedad. “Los estereotipos de género son las principales barreras y trabas para las niñas. Es un desafío gigante porque están en nosotros, los adultos”, dice la experta.

En ello coincide la consejera Martha Ordóñez, y explica que, desde que nacen, las niñas tienen que asumir que la mayor responsabilidad en las tareas de cuidado del hogar les corresponde a ellas. También enfrentan el hecho que no se les permite u orienta para explorar campos del saber y del conocimiento diferente a los que tradicionalmente se les asignan a las mujeres.

“En este sentido tenemos a las niñas del país luchando contra los mitos que sostienen que las mujeres no son buenas para las matemáticas o la tecnología, por mencionar algunos de los campos vedados para las mujeres y que están altamente masculinizados en nuestras sociedades”, sostiene Ordóñez.

Florence Thomas, reconocida feminista, manifestó: “Las niñas llegan a este mundo en una sociedad todavía tenazmente patriarcal y con un cuerpo sexuado femenino..., y esto es todavía un peligro inmenso. Estamos lejos de un tiempo en que las niñas podrán nacer sin temor. Nacer mujer es nacer con temor... Y es necesario seguir trabajando sobre la cultura, pues me parece que es esto lo que falta porque evidentemente somos una sociedad enferma”.

Futuro esperanzador

Por esta razón, y muchas otras más, los expertos coinciden en que las niñas tienen que ser sujetas de especial protección. Es decir, que familia, sociedad y Estado deben comprender y ver las posibilidades en cada una de ellas, y reconocer que existen condiciones y contextos que las exponen a situaciones de violencias y vulneración de sus derechos.

“Este es un compromiso que debemos recordar para comprender que las acciones que realizamos en cualquier ámbito y escenario tienen implicaciones, consecuencias y afectaciones para la habilidad de cada niña en el país”, expresa Ordóñez.

Además, la consejera asegura que es importante señalar que debido a todos estos retos, las niñas fortalecen su carácter y aprenden a empoderarse, para hacer respetar su cuerpo, sus ideas, para abrirse espacios y derrotar la cultura de discriminación hacia las mujeres.

No quiero ser recordada como la niña a la que dispararon. Quiero ser recordada como la joven que se alzó.

“Actualmente creo que ellas están empezando a tener más claridad sobre todo su potencial y lo están desarrollando; incluso, creo que las niñas en este momento tienen más certeza que los propios niños sobre su lugar en nuestras sociedades y sobre lo que tienen que hacer hacia el futuro para generar los cambios que necesitamos para construir sociedades mejores y más igualitarias”, añade Ordóñez.

Es decir, no todo son cifras de desesperanza para el cromosoma XX. Hay niñas, como aquellas cuya historia se cuenta aquí, que se convierten en una luz y están en las regiones más abandonadas, más pobres, más violentas. Es importante recordar una de las frases más conocidas de la nobel de paz Malala Yousafzai:

“No quiero ser recordada como la niña a la que dispararon. Quiero ser recordada como la joven que se alzó”.

Simón Granja 
Redactor de EL TIEMPO @simongrma

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