Sobrentender no es entender / En defensa del idioma

Sobrentender no es entender / En defensa del idioma

Si hay que pagar, así sea un mínimo costo monetario, pues ya no es "gratis".

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En el afán de la persuasión, algunas personas no se dan cuenta de que se sobrentienden.

Foto:

123rf

14 de octubre 2016 , 04:46 p.m.

Tan proclives están algunas personas a persuadir a otras de sus propias ideas que enfatizan (con redundancias y todo) en ciertas expresiones, sin advertir que ya se sobrentienden, porque en el fondo quizás adivinan que estas no son del todo efectivas.

Empecemos con algunos ejemplos para ubicarnos mejor: “el estadio está totalmente lleno”, informará un distraído comentarista deportivo con un inocente propósito. Y uno se pregunta: ¿Acaso, cuando algo está lleno, no lo está “totalmente”? Porque si está parcialmente lleno, pues no está lleno.

De manera semejante, cuando uno de esos vendedores que asedia a todos los transeúntes en un centro comercial dice que un producto “sale totalmente gratis”, también esa expresión nos lleva preguntarnos si acaso hay productos parcialmente gratuitos. Y, si lo son, pues tampoco son gratuitos, porque “gratis” o “gratuito” entrañan un significado integral: es gratis o no lo es. Si hay que pagar, así sea un mínimo costo monetario, pues ya no es “gratis”. Entonces, ya detrás de este parloteo (por lo regular, inoportuno) se esconde un engaño, aparte de que nadie vende nada para darlo de manera gratuita, según indica el sentido común.

Sin embargo, como en estos tiempos de oportunismo resulta fácil desconfiar del primer aparecido, por ello se reitera una idea que por sí sola ya lleva un significado completo. En otros contextos, hay quienes afirman que “nos visitará una persona importante”, y otra vez nos preguntamos cuáles son las personas “no importantes”. Desde el fundamento del respeto a la dignidad humana, todas las personas son importantes; pero esa distinción, con el “importante”, lleva suponer que algunas han dejado de serlo. Atención: usar la palabra “persona” ya lleva implícito el significado de “importante”. ¿Acaso querrán decir “famosa”, “reconocida”?

Hay casos que, a pesar de manifestarse de forma distinta a las palabras, también guardan un concepto sobrentendido, y ocurren en pocas sociedades. Se han otorgado distinciones a agentes del orden porque se negaron a recibir un soborno: ¿acaso no es ese su deber: negarse a recibir sobornos? Por otra parte, muchos niños reciben regalos por obtener favorables calificaciones en su estudio; ¿no es esa la responsabilidad de estos pequeños?

En espacios diferentes, por ejemplo en un periódico de Guatemala, se lee como eslogan “Honesto, independiente y digno”. Y otra vez surge un cuestionamiento: ¿qué clase de periodismos será aquel que deja de ser “honesto, independiente y digno”? ¿Este es otro sobrentendido que debe aclararse? ¿A tanto ha bajado el prestigio de esta profesión?

En toda comunicación hay ideas que cada quien cree transmitir. Sin embargo, en muchos caso las que se entienden terminan siendo otras. “Nos vemos, entonces, a las cuatro en punto de la tarde del 29 de febrero próximo en la primera mesa de la derecha, junto a la ventana, de la cafetería La Esperanza, primer piso, en la calle 825 número 3-12, de esta ciudad”, precisa cualquier persona meticulosa frente a otra cuando acuerdan una cita. Apenas una dosis de sensatez daría para pensar que ningún dato relevante falta en este convenio.

Aunque pueda pensarse que se desconoce el tema previsto, eso se aclarará en el lugar señalado unos minutos después de llegar allí puntualmente; quien esté concentrado en esa información sabrá cómo proceder. Pero, en una sociedad donde los contenidos de los mensajes se sueltan ante nuestros interlocutores para salir del paso, nada extraño resultará que, llegado el momento del encuentro, uno de estos se apoye en cualquier pretexto para defender su incumplimiento. “Es que había un trancón”, “es que a mí se me olvidó”, “es que boté el papelito donde anoté la dirección…”, “es que se me hizo tarde…”, son algunos de los ridículos motivos que emanan de la lentitud mental. Por supuesto, también hay excusas válidas.

Para redondear la visión de este fenómeno, muy propagado en ciertos ambientes, del latín se dice excusatio non petita, accusatio manifesta (“disculpa no pedida, culpa manifiesta”), cuando alguien da explicaciones acerca de una falta que nadie ha notado, y que da a entender una culpabilidad de quien la expone. “Yo no rompí el florero”, puede decir un niño cuando nadie ha notado que el tal objeto quedó convertido en añicos.

Por todo eso, y más que nada porque se muestran esos contagios inconscientes y repetitivos del lenguaje, rara vez se entiende lo que uno cree que debiera sobreentenderse.

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA V.
Universidad de La Sabana

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