Candidatos se miden en debates / Opinión
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Candidatos se miden en debates / Opinión

Los debates en televisión han tenido a lo candidatos muy ocupados.

18 de mayo 2018 , 06:54 p.m.

Con más de 80 mil tuits sobre el tema y casi 750 mil reproducciones en redes sociales, podemos decir que el debate en Bogotá fue un éxito en términos de audiencia. Sin embargo, Sergio Fajardo no asistió; tampoco se habían presentado Iván Duque al de Buenaventura o Gustavo Petro al de Medellín. Estos candidatos renunciaron a este espacio privilegiado en televisión para dar la preferencia a otros escenarios. ¿Será entonces que el tradicional debate está perdiendo terreno? Si es correcto, ¿frente a qué otro escenario?

Si los debates presidenciales televisivos siguen teniendo algo de fuerza, es porque los televidentes siguen considerándolos todavía como un espacio para tocar asuntos de fondo y para que los candidatos puedan presentar elementos programáticos de gobierno. Sin embargo, nada de eso es realmente cierto.

La rapidez con la que tienen que contestar los candidatos y la multiplicación de estos eventos (fueron 3 debates presidenciales en una semana) han saturado a la opinión pública y han cansado a los candidatos, que renunciaron a estar presentes en todos.

Es el momento de recordar algunas ideas que están soportadas en la investigación científica acerca de la importancia de los debates presidenciales en las últimas décadas.

1. No son decisivos para ganar votos: quien mira un debate, pero ya tiene un candidato favorito, tiende a prestar mayor atención a “su” candidato con el fin de afianzar su preferencia electoral. Así, la influencia del debate presidencial sobre el elector decidido, es mínima. Solo sirven para los indecisos y la pertinencia del ejercicio crece a medida que se acerca la segunda vuelta.

2. No hay tiempo para desarrollar ideas: los candidatos cuentan con un tiempo muy corto para contestar a las preguntas de los periodistas. Muchas veces, se ven en la obligación de responder en 30 segundos y exponer una respuesta muy corta a un problema muy complejo (el tema de la paz, la corrupción, la seguridad en el país, los carteles, etc…), lo que obliga a cada uno a caer en una respuesta simplista y/o populista sobre un asunto de fondo que compromete el futuro de la nación a largo plazo.

3. Percepción=realidad. ¿Quién ganó el debate de ayer? Suelen preguntar los periodistas a los expertos en marketing político. “Petro” responderán algunos, por su habilidad de hablar en términos claros y ejemplificar siempre sus ideas, lo que favorece la recordación. “Vargas Lleras”, dirán otros, por su carisma, su tono de voz, su juego de comunicación no verbal. En cambio, “Duque” parecía muy ‘libreteado’, poco espontaneo; De la Calle fue agresivo, etc... En televisión, donde se habla en términos de imagen y de emoción, no hay que olvidar que la información pasa por los ojos y las percepciones son claves. Se puede olvidar fácilmente un argumento racional desarrollado por un candidato, pero no las sensaciones que genera al electorado que lo escucha. Si un candidato parece nervioso, el televidente lo juzgará como inseguro y probablemente no votará por él; si lo siente prepotente, tampoco. Por el contrario, si el aspirante le transmite seguridad, confianza o empatía, el elector le dará su voto sin dificultad.

4. Habilidades mediáticas vs. habilidades para gobernar. La investigación científica y nuestra experiencia nos han enseñado que el mejor comunicador no es necesariamente el mejor gobernante e, inversamente, el buen gobernante no siempre sabe comunicar bien sus ideas o conectar con la gente. Por eso, pueden llegar al poder quienes saben manejar las reglas del mundo del entretenimiento: el ejemplo norteamericano ilustra bastante bien este fenómeno. Pero, siendo esencialmente un ejercicio de comunicación, quien gane el debate no necesariamente será un buen gobernante.

5. La gente está en la plaza. Es una particularidad sorprendente este año. Paradójicamente, podríamos pensar que los electores, cada vez más conectados a internet y activos en redes sociales, serían también los que solicitarían una campaña esencialmente on line. Todo lo contrario. En 2018, vuelve la plaza pública. La gente está en la calle y se deja contagiar por los discursos de los líderes de carne y hueso. Es más, la calle se ha vuelto una estrategia ganadora para ciertos candidatos como Gustavo Petro que hace de su talento oratorio un argumento electoral, como lo hacían en otros tiempos Gaitán, Galán, Perón o, más recientemente, Mélenchon.​

En conclusión, el debate electoral no tiene los días contados, todavía, en un país como Colombia, donde la televisión sigue siendo la reina de los medios de comunicación y el espacio privilegiado donde se informa la gente acerca de la campaña. Seguramente, tendrá mayor relevancia cuando se acerque la segunda vuelta; mientras tanto, los candidatos seguirán llenando las plazas públicas en todo el país.


EUGÉNIE RICHARD
Docente Facultad Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad Externado de Colombia

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