'No es cierto que las redes vayan a destruir el español'

'No es cierto que las redes vayan a destruir el español'

El Secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española habló con EL TIEMPO.

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El secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Francisco Javier Pérez, estuvo en Bogotá y habló sobre el español en el mundo actual.

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Archivo Particular

28 de noviembre 2016 , 12:29 p.m.

Hay que admitir que frases como “K ace en la Kaza” son capaces de hacerles temblar los párpados a muchos y hasta causar dolor de cabeza a algunos por la forma como están construidas: con faltas graves de ortografía y gramaticales. Y aun así son características de la forma de escribir de no pocos usuarios de las redes sociales.

No es gratuito que expresiones de este tipo, cada vez más frecuentes en Facebook o Twitter, entre otras, asombren, molesten y generen una explicable preocupación por el riesgo que representan para la buena salud de la lengua española; hay quien piensa que con semejantes expresiones terminaremos por no entendernos entre nosotros.

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La institución que encabeza la defensa del buen uso de la lengua española ha sido históricamente la Real Academia de la Lengua Española (RAE); sin embargo, en 1951 esa hegemonía se acabó, cuando nació la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). Esta institución acoge a todas las academias del mundo, incluidas las de Argentina, Estados Unidos, España, Guinea Ecuatorial y, por supuesto, la colombiana.

Recientemente, el secretario general de la Asale, el venezolano Francisco Javier Pérez, visitó el país y en la sede de la Academia Colombiana de la Lengua leyó un texto del polímata venezolano Andrés Bello, que en el siglo XIX escribió sobre un concepto que ahora la Asale busca rescatar: el del panhispanismo.

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EL TIEMPO habló con él sobre la evolución del español y el impacto que en él tienen los usos que se le dan en redes sociales.

¿Las redes sociales son un riesgo para la lengua española?

El problema es cuando no se tiene conciencia sobre la diferencia del objetivo del lenguaje. Yo no veo alarmante nada de lo que pasa en cuanto a lenguaje en las redes sociales, porque de lo contrario me estaría pintando como un troglodita del siglo XIX. Por mi formación, soy de los que escriben todo y no abrevian nada, entonces, si te mando un mensaje por WhatsApp son cuatro líneas. Pero así como digo esto, entiendo que un adolescente abrevie todo, a veces hasta innecesariamente, porque ¿qué beneficio se encuentra en poner ‘casa’ con K? Ninguno. Vivimos un proceso cultural que nos está demandando la vinculación a una serie de nuevas herramientas, y ni la educación ni la lingüística pueden quedarse atrás de eso. ¿Qué hay que hacer? Lograr que el usuario sea capaz de discernir cuándo puede recurrir a esas maneras y cuándo no.

Pero entonces sí hay un riesgo en el hecho de que no se sea capaz de discernir…

El riesgo está en que la educación no refuerce la capacidad de discernir, porque un niño puede crecer creyendo que como se escribe en redes es como debe ser. Distinto ocurre con personas que hemos aprendido antes de la existencia de dispositivos como los celulares. Hay lingüistas que han teorizado sobre esto y hablan de la ‘ciberlingua’ para decir que esa lengua tiene unos parámetros específicos, distintos, y por eso ese tipo de licencias no se ven como errores sino como los modos de facilitar la comprensión del mensaje. La lengua no es ajena a lo que pasa en la vida, en la sociedad, siempre está relacionada con eso.

¿Qué factores influyen en una persona para que hable y escriba bien?

El lugar de nacimiento no es lo único que determina la forma de expresarse; también, que tenga una mejor o una peor educación, pero hay otro factor que nos interesa destacar y es que el buen hablar o el mal hablar dependen mucho de la persona. Hay una responsabilidad personal, no se puede descargar solamente en los educadores, en el Ministerio de Educación; hay una responsabilidad personal de escribir cada vez mejor y de producir cada vez mejor el mensaje. Las redes sociales han promovido que la gente escriba más que hace 50 años, pero es una contradicción que escribiendo más lo hagamos cada vez peor. Debería haber en los programas de educación del lenguaje contenidos sobre cómo escribir en redes sociales.

¿Se está enseñando bien en los colegios el español?

Hay que variar los patrones de la enseñanza de la gramática; no es que los maestros no sepan gramática, deben saberla, pero a la hora de ponerla en práctica en clase deben hacerlo de otra forma. De lo contrario, nunca nos quitaremos de encima eso que pesa sobre nuestras materias: que nos explican un montón de cosas y después no sabemos qué hacer con eso. ¿Qué hago con saber qué es un complemento directo? En cambio si se le explica al estudiante que la gramática es fundamental en la lengua, va entendiendo cómo debe hablar y escribir.

¿Qué es el panhispanismo?

Andrés Bello hablaba sobre este concepto al que le estamos dando forma. Básicamente dice que no existen en la lengua española centros de poder, como ocurría en el siglo XIX, cuando se creía que el español dependía de lo que la península ibérica indicaba. Y explica que el policentrismo sobre el que se sustenta el concepto panhispánico está indicando que en cada una de las regiones donde se habla la lengua española esta tiene sus propias fuerzas y peculiaridades, y esas no se pueden dejar a un lado para imponer usos exteriores. Entonces, la Asociación ha querido hacer del panhispanismo su concepto teórico fundamental. Ya hay que entender que esa multiplicidad es una de las grandes fortalezas del español, una lengua que hablamos 500 millones de personas.

¿La búsqueda del uso adecuado de la lengua no debe ser en la RAE sino en la academia de cada país?

Ese es el ideal, esa es la ruta que estamos transitando, al punto que ahora estamos empeñados en que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (Drae) se llame Diccionario de la Lengua Española (DLE), que hace la asociación de academias en pleno. No solamente de la española, que hasta el momento ha sido así. Sino que lo hacemos entre todas las academias. Entonces, lo panhispánico es un modo de proceder en la evaluación de la lingüística de nuestros países al día de hoy, en el que ninguno va a capitanear sino que va a haber una paridad, una democratización del conocimiento, al punto de que cada academia tiene su rol, su papel y debe dar la pauta. El diccionario de la RAE era casi la biblia de la lengua, y eso dejará de ser así. Tenemos una creación lingüística auténtica que es diferente a la de Madrid, a la de México, a la de Chile, a la de Venezuela; en cada uno hay un modo de concebir y entender la lengua. Para ello hemos dividido toda la geografía de la lengua española en zonas en las que hay mayores acuerdos. Los hispanohablantes tenemos la fortuna de hablar una lengua que está creciendo cada vez más; las proyecciones dicen que dentro de unas cuantas décadas el español va a ser la segunda lengua más hablada del mundo, nunca por encima del chino, del mandarín, porque es imposible, pero va a ser, en países como Estados Unidos, una lengua que todo el mundo hable; un ejemplo: para mediados de este siglo no será necesario saber ni una sola palabra de inglés.

Se dice que en Colombia se habla uno de los españoles más bonitos…

Es cierto que hay una tendencia extendida a decir que el español que se habla en Colombia y en Bogotá específicamente, es un buen español, es muy bonito. Yo diría lo siguiente: el español es bonito en la medida en que a cada hablante de la lengua le sirva para expresar lo que quiere y sea efectivo como manera de comunicación. Ahora, ¿que suena mejor que otro? Eso es diferente. Efectivamente, hay modos de hablar español que nos suenan mejor que otros. Lo que sí es cierto es que el español de Colombia, y en particular el de Bogotá, tiene un modo que, sin ser arcaico, conserva unas maneras nobles de la lengua, y es por ese lado lo que la gente quiere decir, pero lo traducen en ‘qué bonito lo hablan’. Lo otro que hay que destacar es que hay pronunciaciones de la lengua española que son más gratas que otras. Y eso es normal, que haya diferencias y que pensemos que unas son más bonitas o gratas que otras. No voy a decir cuáles, pero sí creo, y ahora hablo como venezolano y caribeño, las hablas del Caribe, de esta zona de América, suelen ser más tiernas o más suaves; no es el español a ‘machetazos’, es más suave, quizá por nuestros defectos, por nuestras aspiraciones.

VIDA / EDUCACIÓN

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