La ridiculez de los extranjerismos
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La ridiculez de los extranjerismos

Narrador de Radio Fritanga pregunta: “¿Hay gasolina suficiente para afrontar los 'playoff'?”.

Educación en Estados Unidos

La deuda estudiantil media ronda los 30.650 dólares, un 17 % más alta que en 2013.

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123RF

31 de marzo 2017 , 07:04 a.m.

¿Habrá quien piense que un producto es más durable, de más reputación o más cómodo porque este se venda en un almacén donde diga “sale”, y no “oferta”, “ganga”, “descuento”, “promoción” o “rebaja”? ¿Habrá todavía ingenuos que caigan en la trampa de suponer que un “ice cream” es más delicioso que un tradicional “helado”? ¿Acaso el “cheesecake” contiene menos grasa y azúcar que la “torta”, el “pastel” o el “ponqué”, así sean de “queso”? ¿Una “pola” idiotiza menos o más que una “beer”?

Con frecuencia, la ignorancia se disfraza de apariencias y acaba por envolverse en la ridiculez. Entonces, resulta más notoria. ¿Qué opinión nos llevamos de quienes tararean cualquier cantidad de sílabas incoherentes al escuchar una canción en otra lengua y ni siquiera dominan la propia? Y como dice un apreciado profesor: “Y no ladran porque mi Dios es muy grande”.

Contra este asunto, el uso propagadísimo de anglicismos, viene trabajando la Real Academia Española, apoyada ahora en un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, el cual enfatiza en cómo la publicidad (para hispanoparlantes) está invadida por términos del inglés. Aclaro, de una vez, que el dominio, no de una, sino de varias lenguas, amplía inmensamente el acceso al conocimiento y al intercambio de ideas. Por supuesto que leer, escuchar, hablar y escribir en la mayor cantidad posible de lenguas aumenta la panorámica de la realidad; esas acciones permiten ahondar en perspectivas diversas, variadas y siempre enriquecedoras. Sin embargo, un asunto es ese camino al conocimiento, y otro, muy distinto, es la aplicación esnobista, chabacana y revuelta de los términos de una y otra lengua.

Ese esnobismo en los futbolistas es muy simpático, sobre todo cuando el políglota narrador deportivo de Radio Fritanga le pregunta: “¿Hay gasolina suficiente para afrontar los “playoff”?”. ¿Por qué deja a un lado “eliminatorias”, “torneo final”, o simplemente “finales”? Y sin contar la expresión del futbolista que, con la boca abierta, casi de manera segura ignora la equivalencia del anglicismo, y solo responde con originalidad: “Estamos para grandes cosas, todos los rivales son difíciles, nadie te regala nada [a él, claro], hay que seguir trabajando, hay que mantener la humildad…”. Quizás, eso explique la riqueza discursiva de las nuevas generaciones, porque también el “manager” ayuda en eso.

En los almuerzos, todos los días aparecen los “chips”, las manzanas con pies (“pie” de manzana. ¿Degeneración de las especies?), el “hot dog”, el “beef”, la “hamburguer” o el “steak”. Para la música variada, se usa “crossover”, y quien se encarga de reproducir esos sonidos es un “disk jockey”, así como el jinete pasó a ser “jockey”.
Siempre que alguien desea o anuncia un descanso, una pausa, un receso o un intermedio, acude a un “break”. La felicidad artificial de algunos se incrementa cuando se enteran de que cuentan con 50.000 “followers”, en vez de “seguidores”, y suponen con mucha ingenuidad que son sus amigos. Dentro de los atuendos, abundan el “top”, los “boxers”, el “body” y hasta el “sleeping”.

De parecida manera, una prueba actoral puede dar la oportunidad de trabajar en Hollywood y ganar un Premio Óscar si se llama “casting”; las estrategias comerciales son favorables si se acude al “marketing” y no al “mercadeo”, y si se distribuyen “stickers”, porque “calcomanía” o “adhesivo” suenan y se ven muy tercermundistas.

La realidad (ya lo hemos dicho) no se modifica porque se la designe de manera distinta con las palabras. Una revisión o un registro son eso, aunque les digan “check-in”. El “ketchup” es solo “salsa de tomate”. Y hay torpes que tradujeron “car wash” como “autolavado”, como si cada quien llegara para lavarse por sí mismo. Y tan fácil que es “lavadero de carros” o “… de automóviles”.

En los medios de comunicación que se centran más en las acciones lucrativas que informativas o educativas, pululan los “thrillers”, el “hobby”, el “doping” y el “performance”, y quedaron relegados las novelas (o películas) de misterio o suspenso, la afición (o el pasatiempo), el dopaje y el rendimiento.

Estos son solo indicios de cómo la apariencia sigue sustituyendo a la esencia.

JAIRO VALDERRAMA V
Profesor Facultad de Comunicación .
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

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