¿Cómo debe ser la Escuela del Siglo XXI?

¿Cómo debe ser la Escuela del Siglo XXI?

Alfredo Calvo, autor de un exitoso libro sobre las instituciones más innovadoras, aporta claves.

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El psicólogo e investigador español Alfredo Hernando Calvo estuvo en Bogotá durante la Cumbre Líderes por la Educación, celebrada entre el 14 y 15 de septiembre del 2016, en Bogotá.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

16 de septiembre 2016 , 05:06 p.m.

“Comencemos en movimiento. Es temprano y el sol todavía no se ha dignado a salir. Paseo por las afueras de Bogotá con cautela”, empieza el libro. Luego entra en escena María, una niña de 12 años, que tras un largo interrogatorio le pregunta al narrador “¿qué haces acá?”, a lo que responde, “vine a visitar tu escuela”, “pues claro -dijo sonriente la menor- mi escuela es la mejor”.

Así comienza el libro ‘Viaje a la escuela del siglo XXI’, de Alfredo Hernando Calvo, psicólogo e investigador español. El texto es producto de un viaje de un año por todo el mundo recorriendo las instituciones educativas más innovadoras y otro año más de aventura, pero en un escritorio redactando el producto final.

“Iniciar fue difícil. Tenía que dejar a mi familia por mucho tiempo”, cuenta Calvo. “Le dije a mi esposa un día, ‘me voy a recorrer el mundo para encontrar las escuelas más innovadoras con el dinero que he ahorrado”. Tiempo después encontró apoyo económico y su esposa se tranquilizó un poco, aunque su ausencia aún estaba presente.

El libro, que publicó hace seis meses en línea, tiene hasta el momento más de 200 mil descargas. El 14 de septiembre, el autor estuvo esta semana en Bogotá en la Cumbre Líderes por la Educación 2016, donde se reunió con importantes personalidades del mundo académico, nacional e internacional. En entrevista, Calvo cuenta su experiencia.

Su recorrido incluyó instituciones en Colombia, ¿cómo están los colegios que visitó en cuanto a innovación?

El enfoque es micro, eso significa que me centro en lo que una escuela hace, cómo lo hace muy bien y cómo eso se puede documentar de tal manera que otra escuela en cualquier otro lugar del mundo pueda replicarlo. En Colombia conocí escuelas como la Fundación Escuela Nueva o Alianza Educativa que están haciendo ejemplos de buenas prácticas y tienen mucha capacidad de ser replicadas en otros lugares del mundo. Estos dos casos han hecho cambios cualitativos al emprender mejoras que no obedecen tanto a si se necesita más o menos plata sino a que se necesita otra forma de trabajar en el aula.

¿Cuál de todas las escuelas que seleccionó le pareció la más impactante?

Seleccionar 50 del mundo ya es una buena selección. Y luego, aparte de eso lo importante no es cuáles son ni cuáles son las más significativas, lo importante es en qué se parecen. Es impresionante que en distintos puntos del mundo escuelas se parezcan entre sí sin ni siquiera conocerse y que tengan éxito. Estamos hablando de escuelas que tienen cero fracaso escolar. La idea es ver qué comparten y cómo podemos replicar esos elementos en otras escuelas para que tengan ese mismo éxito.

¿En qué se parecen?

Se parecen en tener una visión, una misión y un equipo de trabajo que buscan el mismo objetivo, en que tienen docentes que dejaron el modelo de transmisión y optaron por tener herramientas metodológicas más variadas para hacer actividades y tareas que son muy distintas, también en que hay mucho trabajo cooperativo de muchos profesores en el día a día, en que no todos los alumnos hacen lo mismo en el mismo momento, en la misma hora al mismo tiempo, en que todas tienen un edificio digital bien compuesto, que han sabido modificar el espacio en virtud de criterios para mejorar el proceso de aprendizaje. Para mi hay una definición que describe el momento que estamos viviendo y es que en el fondo son comunidades de aprendizaje personalizado.

¿Qué es una comunidad de aprendizaje personalizado?

Significa que una escuela se pone al servicio de las necesidades de cada uno de sus alumnos. A partir de ahí, la metodología, la evaluación, los espacios, el tiempo tienen que buscar que cada alumno llegue a tener éxito a lo largo de su ciclo vital. Ahora mismo lo que buscamos es escolarizar a todos y eso lo hemos venido logrado.

En Latinoamérica, en los últimos años, ya es evidente, la población infantil está escolarizada en un ratio muy elevado en comparación con los últimos 20 años de historia, entonces, una vez se ha logrado eso, la pregunta es ¿para qué sirve el sistema? El sistema tiene que lograr que cada alumno tenga éxito, no podemos seguir permitiendo que aumente la deserción, el 30 por ciento no termina. Hay que seguir mejorando el sistema que nos ha llevado a escolarizar a todos, no puede ser el mismo que nos lleve a darle a cada uno lo que necesita.

Así que debemos tener la capacidad de flexibilizar el sistema y para eso hay que empezar a mirar prácticas concretas de escuelas y dejar de mirar tanto las cifras generales porque estas no dan pautas concretas. Yo creo que hay que recuperar un poco el enfoque de buena práctica y la capacidad de replicar e ir desde lo pequeño a lo macro, así cambiarán las cifras globales.

Es un reto muy grande...

Es el gran reto que tenemos para los próximos años y que tienen los sistemas. Lo asumimos como normal, pero ningún sistema podría decir que está teniendo éxito cuando tiene una deserción del 35 por ciento de las personas, hay algo que necesitas cambiar.

¿La idea es que cada Gobierno empiece a implementar lo que hacen esas escuelas?

Yo creo que es necesario buscar qué es lo que están haciendo bien las escuelas en Colombia, encontrar los casos faro y a partir de ahí, con los docentes que han construido esos casos ejemplares, empezar a mover a otros colegios en situaciones de riesgo. Por ejemplo, estuve en Medellín con el nuevo centro de innovación para la formación docente, un espacio en el que se pueden hacer este tipo de intercambios, crear líneas específicas de la mejora de la transformación pero en el fondo, el enfoque, la unidad de cambio de un sistema educativo es cada institución, cada escuela, esa es la unidad de cambio.

Si tienes un grupo de 30 escuelas que lo están haciendo muy bien con una metodología de trabajo adecuada y puedes hacer que todos los docentes pasen por ese mismo modelo pues tendremos una ola de mejora. Pero lo que quiero decir es que ninguna legislación va a producir mejoras que no vayan acompañados por los auténticos de estos procesos que suelen ser los docentes. Entonces, podemos cambiar la legislación todas las veces que queramos pero al final los centros necesitan un acompañamiento de las auténticas autoridades educativas.

¿Usted ha visto países que estén replicando lo que pequeñas escuelas innovadoras están haciendo?

Una práctica común en los países que replican casos innovadores de éxito es que los están mostrando ante la sociedad. Hay que educar a la sociedad en su conjunto con estos nuevos modelos porque, por ejemplo, los padres se asustan. Muy bonito cambiar para mejorar, pero cuando empiezas a decirle al padre de familia que su hijo ya no tendrá 10 exámenes como el año pasado y va a tener cinco pero va a tener otra cosa que se está evaluando, el padre piensa que su hijo no va a aprender. Igual, es un sistema muy grande, es imposible cambiar a 12 millones de alumnos, o a 15 o 8 millones, pero sí podemos generar zonas concretas que vayan aumentando el nivel.

Hace mucho énfasis en los profesores ¿Cómo son los docentes de esas escuelas innovadoras?

Entran muchas variables. Lo más importante es que puedan vivir de sus puestos de trabajo, que no necesiten de dos colegios, pueda trabajar en una escuela. Lo ideal son las oportunidades de crecer para un profesor. Un centro que innova, que crece y mejora es un centro que tiene un equipo de profesores que crece y que disfruta del trabajo.

¿Cuáles son las diferencias entre un estudiante egresado de un colegio innovador a uno que es más tradicional?

Creo que no tiene que ver tanto con aprender más sino en tener más oportunidades de aprendizaje y una relación distinta con la vida y el conocimiento y muchas cosas. Creo que no se trata de cantidad sino de cualidad. Puedes aprender en un entorno más tradicional, pero creo que la relación con el conocimiento, con la vida, y luego con las oportunidades de aprendizaje que van a tener son mucho mejores en una Escuela del Siglo XXI.

¿Cuál es el rol de la tecnología en la escuela del siglo XXI?

Lo ideal es que la tecnología sirva para humanizar todavía más el aprendizaje. Que le quite al docente labores y le permita estar más tiempo con sus estudiantes. Eso es algo que con la tecnología se puede hacer mucho mejor.

SIMÓN GRANJA MATÍAS
Redactor de EL TIEMPO
Twitter: @Simongrma

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