Periodistas en muletas / En defensa del idioma
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Periodistas en muletas / En defensa del idioma

En las secciones de deportes se lee: 'El equipo fue más en el terreno de juego': ¿¡Más qué!?

COLLAGE EQUIPOS COLOMBIANOS

Un periodista que propaga su desinterés por el idioma es equivalente a un futbolista que quiere figurar en las más reconocidas ligas del mundo, pero por ningún motivo quiere tocar un balón.

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EL TIEMPO

26 de abril 2018 , 12:46 a.m.

Los periodistas conforman quizás el referente más próximo y continuo de los usos de la lengua. La gente, por imitación y porque da por sentado que el manejo idiomático en los medios es cuidadoso, va tomando con toda confianza esos recursos de expresión sin notar las imprecisiones de todo tipo: redundancias, muletillas, solecismos (cambio de orden), ambigüedades, dequeísmos, coprolalia, vulgarismos (muy en auge), impropiedades, etc.

Respecto a los contenidos, el escepticismo de los lectores y de la audiencia ha crecido, pero aún se mantiene la creencia de que los usos del idioma en los medios sí son los correctos. Esa imitación ingenua va llevando a un contagio, más que nada con muletillas, que deteriora el idioma; algo distinto es el cambio natural de la lengua en el trascurso de una cultura. Así, la función de los periodistas, aparte de la más conocida, que es informar, también es educar (¿o deseducar?), querámoslo o no.

Por supuesto, el lenguaje periodístico debe corresponder a un estilo llano, entendible por la mayoría de gente; de eso se trata la intención de comunicar de manera efectiva a la sociedad. Ese es, además, uno de los preceptos del llamado 'buen periodismo'. Sin embargo, cada día es mayor la copia de terminología propia de los campos de la jurisprudencia, del mercadeo, del espectáculo (distinto al periodismo), del deporte, cuyas jergas deben traducirse en el lenguaje regular que se calcula maneja la gente.

Esa imitación ingenua va llevando a un contagio, más que nada con muletillas

La aparición de modismos* en los titulares y comentarios de prensa, sobrepuestos a las palabras estereotipadas, funcionan como una plantilla informativa: siempre la misma palabrería, como si los hechos noticiosos fueran inmutables. Es muy fácil hallar a diario el verbo “apostar”, como si todo fuera un casino; ahora les da por el “imperdible”, como si fuera una imposición. Y, sobre eso, recordemos que el periodista está para exponer información, no para promocionarla o venderla, que son tareas propias del publicista o del mercader.

A muchos colegas les encanta permanecer apiñados en una celda y custodiados por el trilladísimo adjetivo 'importante', el verbo 'realizar' y el único sustantivo que algunos conocen: “tema”. ¡Qué indigencia léxica! En un noticiero de televisión, con motivo de la Feria del Libro, un reportero contaba como un conferencista también “había escribido” un libro, y otro más recordaba el natalicio de García Márquez, ¡en Macondo! El 15 de enero, en este mismo diario, el maestro Andrés Hurtado García recordaba cómo el “dondeísmo” sigue invadiendo los comentarios sesudos de infinidad de opinadores en radio y televisión.

Antenoche, un comentarista de fútbol en una cadena nacional de radio insistía en que “Castellani le ha aportado mucho a su club”. Ese verbo, aportar, es transitivo, y con el significado de “contribuir”, “añadir” o “dar”, exige que se use un complemento directo: ¿Qué aportó Castellani? Es como decir “Castellani trajo ayer”: ¡Qué trajo!

En las secciones de deportes se lee y escucha: “El equipo fue más en el terreno de juego”: ¿¡Más qué!? ¿Más lento?, ¿más torpe?, ¿más veloz?... También aparece: “Este onceno debe generar más…”. Otra vez: ¿más qué?, aparte de que “generar” también es un verbo transitivo. Son trozos de oraciones, nada más.

Un comunicador que propaga su desinterés por el idioma es equivalente a un futbolista que quiere figurar en las más reconocidas ligas del mundo, pero por ningún motivo quiere tocar un balón

La alerta a este respecto debe alcanzar a los directores de medios que acogen en sus filas a personas sin conocimiento ninguno del idioma. Es más: se escucha entre los noveles comunicadores que a ellos poco les interesa dominar su lengua. El dominio de la lengua y del balón (ya lo hemos dicho) marca el nivel de calidad de un periodista y de un futbolista, respectivamente. Un periodista o comunicador que propaga su desinterés por el idioma es equivalente a un futbolista que quiere figurar en las más reconocidas ligas del mundo, pero por ningún motivo quiere tocar un balón.

Y saber que las muletillas (o las muletas) se usan cuando se padece algún tipo de discapacidad.

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA V.
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

*Los Modismos Son modos de hablar propios de una lengua que suelen apartarse en algo de las reglas generales de la gramática. Lana: Dinero (Me quede sin lana) Gacho: Feo, horrible, de poco gusto (Ese wey esta bien gacho) Bronca: Problema (tengo muchas broncas) Chance: Oportunidad, Tal vez, podría ser (Chance y si pasas el examen) Naco: Ignorante, pobre, mal educado. Un chingo: Mucho, bastante. Choro: Hablar mucho y muchas veces sin sentido o verdad (El es bien chorero) Carnal: Amigo. Gringo: Persona de Estados Unidos. Madrazo: Golpe, caída (que buen madrazo se metió) Hueva: Pereza, flojera (Este día esta de hueva) Pedo: Borracho/ Problema (Salió bien pedo de la fiesta) (¿Cual es tu pedo?) Bote: Cárcel Caer gordo: Que una persona no es de mi agrado (El me cae gordo) Canton: Casa por lo regular humilde. Clavar: Hurtar, robar algo (Me clave estos discos de la tienda)

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