Hablemos con sencillez / En defensa del idioma
ANÁLISIS UNIVERSIDAD DE LA SABANA
Logo de la Universidad de La Sabana

Hablemos con sencillez / En defensa del idioma

El lenguaje empresarial, por ejemplo, tiende a multiplicarse en ambientes familiares y académicos.

Empresas y negocios

El lenguaje empresarial, por ejemplo, tiende a multiplicarse en ambientes familiares y académicos.

Foto:

123rf

07 de junio 2018 , 05:30 p.m.

La conversación es quizá el más usual de los recursos para comunicarnos. Ese “quizá” alude a la vacilación que ahora causa el aumento de la adicción por los artefactos que, por lo general, se manipulan con los pulgares. En cuanto a la calidad de este reciente sistema, confiemos en que los juiciosos y expertos investigadores nos concedan mayores elementos de reflexión. Por ahora, pasemos a nuestro asunto.

Es curioso cómo muchas personas siguen buscando más impresionar que comunicar una idea con efectividad, inclusive trasladando ciertos estilos impostados a contextos en los que no se requieren. Hablan en el hogar y frente a la familia como si estuvieran en la oficina, y acuden a un lenguaje retocado, nada natural, hasta desconociendo el sentido y el significado de muchos términos.

En ese trato espontáneo de escuchar a los otros y de ser escuchado por ellos, cada persona busca conocer y exponer, dar y recibir; en ese intercambio de ideas, emociones, interrogantes, etc., se sustentan las relaciones sociales y humanas. Las circunstancias, sin embargo, modifican los contenidos de estas; los estados de ánimo, el tiempo, el clima, los destinatarios, entre otros factores, alteran los discursos, cortos o largos.

Dentro de los contextos más habituales en los lugares de trabajo y estudio, son frecuentes las intervenciones ante grupos numerosos: reuniones de juntas, comisiones, clases regulares, grupos de investigación, comités, conferencias, consejos, cursos de formación y capacitación, etc. Este tipo de comunicación ante un auditorio casi siempre lleva al expositor a modificar las formas habituales que aplicaría sólo ante una, dos o, máximo, tres personas. La mayoría de las veces, estas maneras albergan algún formalismo, más efectivo cuando se pretende transmitir un cúmulo de ideas que, se supone, debe ser entendido de forma más o menos unificada por un grupo determinado.

Confiemos en que los juiciosos y expertos investigadores nos concedan mayores elementos de reflexión

En esos asuntos, no obstante, el lenguaje empresarial tiende a multiplicarse, aun cuando se use para intercambiar impresiones en ambientes meramente familiares, laborales o académicos. La mayor parte de los estudios y referentes de la gerencia viene cargada de un estilo adecuado a la lengua de la cual procede, y por ello se inmiscuyen muchas impropiedades al español.

Casos hay muchos. “A nivel de” es una expresión de significado distinto a “cobertura”, “ámbito” o “alcance”; casi siempre se usa de manera equivocada y por lo regular no añade información. “Marketing” tiene su equivalente en castellano: “mercadeo” o “mercadotecnia”. “Agresivo” implica “ataque”; sólo significa “violento”, “irrespetuoso”, “provocador”. El dólar, el petróleo o el yen no se “comportan”, pues no son personas. “Tip” sobra, pues está “consejo”, “recomendación”, “sugerencia”, “pauta”. Innecesario es el “break” si se cuenta con “receso”, “pausa”, “intermedio”, “descanso”.

Aparte de estos, hay más desaciertos. Por ejemplo, la supresión o cambio de artículos, preposiciones y hasta sustantivos. “A futuro” es una incorrección; debe decirse “en el futuro”. Tampoco es correcto “asunto a tratar”, “cambios a realizar”, “propuestas a

pactar”, sino “asunto por tratar”, “cambios pendientes” o “propuestas por pactar”. Y “jugar” implica una actividad lúdica, de diversión; por tanto y por ser un asunto muy serio, es una desproporción decir que la política internacional “juega” un papel relevante. Es mejor “cumple una función” o “desempeña una papel”.

Sumadas a estas expresiones, otras tantas inducen a dudar acerca de la sensatez de nuestros interlocutores, pues algunos proclaman, sin ruborizarse, bastantes exabruptos: “No me quedan minutos” (¿estarán a punto de morir?), “márcame más tarde” (ojalá sea sólo con tinta indeleble), “me timbras a las cuatro” (¿necesitarán un sacudón cada hora?).

Con vuestro permiso.


JAIRO VALDERRAMA V.
DOCENTE UNIVERSIDAD DE LA SABANA

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.