La dura batalla de los papás contra el reinado de las pantallas

La dura batalla de los papás contra el reinado de las pantallas

Ni fútbol, ni guitarra ni acrobacia; después del colegio, los niños solo quieren jugar videojuegos.

Niños usando tecnología

Se debe poder limitar que usen las pantallas sin que el niño sí o sí esté obligado a hacer una actividad extraescolar que no desea.

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123RF

28 de abril 2018 , 10:00 p.m.

Fútbol, taekwondo, dibujo, teatro, baile, guitarra, batería, acrobacia, natación. La lista es extensa y abarca casi todas las áreas de interés de la mayoría de los niños que transitan la etapa escolar. A pedido de su mamá, Nico les echa un vistazo a las actividades. Después de un rato, llega la consulta: “¿Y? ¿Qué te parecen?”. Tableta en mano, recostado sobre el sillón después de un duro día de colegio, Nico da su veredicto: “No me convence ninguna. Estoy cansado, Prefiero quedarme acá en casa”.

La tecnología compite más que nunca con las actividades fuera del hogar. El PlayStation, la tableta y Netflix conforman una especie de atractivo ‘triángulo de las Bermudas’ en el que los niños se pierden y no pueden (ni quieren) salir. Ante este panorama, aparece la desesperación de los padres, que no saben cómo rescatarlos de esa trampa en la que sus hijos se metieron.

Entonces las actividades extraescolares de todo tipo, formato y color surgen como el primer intento para sacarlos de ahí. “Al menos una tienes que elegir. La que más te guste. No puedes estar con la tableta todo el día”, insiste la madre, cansada de que su hijo invierta el (poco) tiempo libre en las pantallas. Pero ¿hay que hacer sí o sí una actividad extraescolar? Si un niño no quiere o no manifiesta interés por ninguna opción, ¿hay que obligarlo? ¿Cómo persuadirlo de que haga algo más que jugar con el celular?

Para la psicóloga experta en crianza Lorena Ruda, si el motivo por el cual se busca hacer una actividad fuera de casa es para limitar la tecnología, se parte de un lugar equivocado. “Después de todo un día en el colegio, los niños están muy cansados. No está mal que usen las pantallas, el tema es cuando ese uso es indiscriminado –señala–. Se debe poder limitar esto sin que el niño sí o sí esté obligado a hacer una actividad extraescolar que no desea. Lo primero que hay que preguntarse es de quién surge esa necesidad de que haga algo. ¿Es necesario para quién? No es imprescindible que hagan una actividad fuera de casa, pero si como padre decido que debe hacer algo, que al menos que le guste, que esté relacionado con sus intereses para no frustrarlo”.

Después de todo un día en el colegio, los niños están muy cansados. No está mal que usen las pantallas, el tema es cuando ese uso es indiscriminado

En cambio, Marisa Russomando, psicóloga especialista en familia, autora del libro ‘Diván king size para padres’, sostiene que hacer al menos una actividad extraescolar, en la mayoría de los pequeños, es positivo. “Para mí está bueno que hagan algo extra, porque muchas veces los estimula y los ayuda a descubrir cosas para las que tienen facilidad o cierto talento –dice–. En la vida en la ciudad es casi una necesidad una actividad fuera de casa. En especial, para que no se pierda lo grupal”.

Aunque la palabra “obligar” suena un poco fuerte en estos casos en que no deja de ser algo opcional, Russomando plantea que no hay que temerle: “Si el niño no quiere, hay que tratar de motivarlo, hacer que se interese, explicarle por qué es importante que haga algo distinto. En última instancia, si se resiste, no me parece mal plantarse y decirle que debe hacerlo ya sea para que no esté todo el tiempo con la tecnología o porque se considera que esa actividad implica un medio de seguridad, como puede ser hacer natación. Pero en ese caso es importante que sea solo una, elegir la actividad que les parezca imprescindible que haga”.

Si el niño no quiere, hay que tratar de motivarlo, hacer que se interese, explicarle por qué es importante que haga algo distinto

María Freire, mamá de Renata, de 10 años, y Santiago, de 8, cuenta que desde que empezó a llevar a sus hijos a actividades después del colegio la relación de ellos con la tecnología cambió de manera radical. “Estaba preocupada especialmente por Santi, que se la pasaba jugando con la pantalla. Llegaba a casa y lo primero que hacía era ponerse a jugar. Le decía de ir al parque, que lo tengo a una cuadra, y no quería. Hasta que nos anotamos en un club para ir los fines de semana. Al principio no se enganchaba con nada. Pero de estar ahí y ver a los demás empezó a contagiarse del resto. Hoy entrena tres veces por semana con un equipo de minivoley, juega partidos los sábados. Es increíble cómo cambió todo. Está feliz: hace poco fue el cumpleaños y le regalaron un montón de juegos para PlayStation que casi ni los tocó”, cuenta María.

Sin ánimos de demonizar la tecnología, Russomando afirma que hay que tratar de balancear el tiempo libre de los hijos: “La tecnología no es una pérdida de tiempo, es un entretenimiento actual, no hay que negarlo ni demonizarlo. Pero no está bueno que sea la única actividad. Hay que poner tiempos y también ofrecerles otras opciones más allá de hacer algo fuera de casa. Si les planteamos otra actividad o les ofrecemos ir a una plaza o invitar a un amigo a jugar, seguramente lo van a elegir. Muchos padres eligen complicarse yendo y viniendo de las clases de uno y otro niño antes que tenerlo en casa sin saber qué hacer”.

Por su parte, la licenciada en Educación, terapeuta familiar y directora del sitio Interpadres Adriana Ceballos reconoce que “jugar a la pelota dejó de ser un programa” y plantea que como padres el desafío es darles alternativas a la tecnología, sea dentro o fuera de casa. “Hay niños que tienen mucha energía y necesitan tiempo y espacio fuera de casa para desplegarla, y otros que no, que quieren estar en casa y entonces también ahí es posible que reciban clases de canto, de algún instrumento musical. Lo ideal es que cada chico haga una actividad interesante, que la elija, que le guste a él y no al padre. Muchos adultos les imponen actividades que creen que son buenas para el hijo y no es así. Las actividades sirven para conocer y potenciar. Que el niño reconozca que tiene un talento para tal o cual cosa. Lo importante es dejarlo probar y permitir que deje y pruebe otra cosa si eso no lo convence”.

En ese sentido, Russomando habla de permitir hacer un “zapping de actividades” hasta que el niño encuentre la que más le gusta o la que mejor vaya con él. Así, poco a poco, los niños se desenchufarán.

LAURA REINA
LA NACION (Argentina) - GDA

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