La batalla para controlar la inteligencia emocional de los niños

La batalla para controlar la inteligencia emocional de los niños

Estudiosos proponen a padres y tutores trabajar en opciones distintas para solucionar los problemas.

Inteligencia emocional

Según expertos, los padres y los maestros deben darles el ejemplo a los niños de cómo autorregularse para que ellos lo interioricen.

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123RF

18 de junio 2017 , 12:47 a.m.

Hace unas semanas, el país se sorprendió con un video en el que se ve a un funcionario de la campaña cívica Poder del Cono, en Bogotá, enfrascado en una riña de puños y patadas con un motociclista que se rehusó a mover su moto mal parqueada.

Escenas como esa son el pan de cada día y muchos piensan que la forma más efectiva de resolver los problemas es con agresividad. Un asunto cultural de siempre, que ahora, gracias a las redes sociales, sale a la luz pública. La intolerancia pareciera ser la norma.

Por eso, académicos y estudiosos le han puesto la lupa a esta problemática y proponen a los formadores, padres y tutores recurrir prontamente a la educación de la inteligencia emocional, como una opción distinta y acertada para solucionar las dificultades.

De acuerdo con Rafael Bisquerra, coordinador del grupo de investigación en orientación psicopedagógica de la Universidad de Barcelona y autor del texto ‘Educación emocional y competencias básicas para la vida’, muchos de los problemas que afectan a la sociedad actual (consumo de drogas, violencia, prejuicios étnicos, etc.) tienen un fondo emocional.

“Se requieren cambios en la respuesta emocional que damos a los acontecimientos para prevenir ciertos comportamientos de riesgo –asegura el experto–. Una respuesta a esta problemática debe ser la educación emocional”.

Los investigadores Scales y Leffert, del Instituto de Investigación de Minneapolis, caminan por la misma línea.

En uno de sus estudios, aseguran que hay evidencia de que es menos probable que los jóvenes con mayor bienestar personal (se sienten competentes y apoyados) se impliquen en comportamientos de riesgo y, al mismo tiempo, es más seguro que procuren mantener buena salud, buen rendimiento académico, cuidar de sí mismos y de los demás, y superar adversidades.

Ana Rita Russo, directora y fundadora del programa Desarrollo Psicoafectivo y Educación Emocional Pisotón, de la Universidad del Norte, explica que es necesario que los niños aprendan a expresar sus emociones, se conozcan a sí mismos y desarrollen herramientas y habilidades sociales para la resolución de los conflictos.

Y es que el problema no es menor. En el caso colombiano, las riñas, el homicidio y el suicidio figuran entre las principales causas de muerte (luego de las dos primeras que son las enfermedades del corazón y los accidentes cerebrovasculares).

Puede sonar muy obvio, pero esto significa que no se les está dando una correcta solución a los conflictos. Y esta conducta está siendo repetida de generación en generación, especialmente porque no se da el ejemplo.

Es muy común que quien insulta a otro lleve consigo de la mano a su hijo; entonces, el niño ve cómo su padre agrede al vecino y repite esta conducta.

Y lo que es peor, en palabras de Russo: “El niño abandonado se termina convirtiendo en un abandonador, o el niño maltratado se termina convirtiendo en maltratador, o el abusado, en abusador”.

Expresar emociones

Por eso es clave guiar a padres, niños y maestros para que desde la primera infancia se facilite la expresión de emociones, el conocimiento de sí mismo y el manejo adecuado de conflictos a través de técnicas lúdico-educativas como el cuento, el psicodrama, el juego y el relato vivencial, asegura Russo.

Para esta psicóloga, desarrollar estas capacidades sirve para enfrentar situaciones como el matoneo y sobreponerse a los problemas.

En la teoría del programa que Russo estructuró se reconoce el desarrollo de las emociones como un proceso que evoluciona y siempre está abierto, además, que se construye a partir de los cambios biológicos del ser humano y las experiencias vividas.

De acuerdo con Russo, los momentos evolutivos se dan en un constante transcurrir de experiencias en las que las muestras de amor por parte de los padres, alimentación y sentimientos de protección generan la posibilidad de ir construyendo una visión positiva en el niño de lo que constituye su ambiente.

Esta construcción psíquica del entorno ayudará a soportar las decepciones que evolutivamente se sufren en la adaptación a la realidad.

Mientras que, por el contrario, cuando las experiencias son negativas, se reactivan las experiencias dolorosas con sentimientos de insatisfacción y abandono que llevan a repeticiones de actuaciones compulsivas con tendencias negativas.

Diferencias con los padres

Los padres, maestros y docentes deben conocer que dentro del proceso de desarrollo emocional es normal que aparezcan las mal llamadas emociones negativas, como la rabia, los celos, los miedos, las ansiedades, y cuando empiezan a surgir lo importante es aprender a regularlas. Básicamente, desarrollar lo que ahora se denomina inteligencia emocional, según explican los expertos.

Aunque ese término había sido usado por otros psicólogos, fue Daniel Goleman quien, en su libro ‘Inteligencia emocional’, le dio fama. Según su definición, “es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

La psicóloga Ana Rita Russo explica que hay un problema en las generaciones actuales y es que fueron criadas bajo la represión. Es decir, los padres actuales fueron criados, en su gran mayoría, bajo la ley del miedo hacia sus padres porque les podían pegar o agredir. Pero ahora, los padres son permisivos.

“Padres, muéstrenles a sus hijos qué está bien y qué no. No hay que recurrir al golpe, sino a la palabra. Pero está bien negarles algunas cosas”, aconseja la experta y pone como ejemplo la pataleta.

El padre o la madre se desesperan cuando su hijo se tira al suelo a llorar. El padre está cansado, acaba de llegar del trabajo, le da una palmada y le dice que está castigado por tres meses.

El niño se detiene por miedo, pero no interioriza qué hizo mal, así que la próxima vez es probable que vuelva a hacer el escándalo.

¿Qué debe hacer el padre? Primero, entender que actuó mal al pegarle al niño, pero, según dice la experta, los seres humanos no son perfectos y por más regulados que sean, a veces se salen de sus casillas.

Eso, claro, no justifica la violencia. Pero ya que sabe que actuó mal, se debe acercar al niño y decirle que no estuvo bien lo que hizo, pero que el contenido del castigo se mantiene, es decir, yo me equivoqué al pegarte y gritarte, pero tú actuaste mal. Y continuar: los dos meses y 29 días de castigo fueron una exageración, pero hoy sí lo vas a estar.

Según Russo, los padres y los maestros deben darles el ejemplo a los niños de la autorregulación para que ellos lo interioricen. Y una forma de hacerlo es solucionar con ellos a través del diálogo los problemas que se presenten.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redactor de EL TIEMPO@simongrm

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