Chocó tiene puestas sus esperanzas en la educación

Chocó tiene puestas sus esperanzas en la educación

El proyecto de renovación 'Aulas para la Paz' promete invertir en infraestructura educativa.

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Las aulas de la Institución Educativa Armando Luna Roa ya fueron demolidas y están preparando el terreno para la construcción del nuevo megacolegio.

Foto:

Archivo particular

06 de agosto 2016 , 10:25 p.m.

Entre los ríos Acandí, Arquiti y Pinololo, a orillas del mar Caribe y en plena región del Darién, la zona selvática que sirve de frontera entre Panamá y Colombia, se encuentra un pueblo de calles destapadas y casitas de colores, donde a pesar de la pobreza y el abandono, la gente se ve feliz.

Acandí, que significa ‘río de piedra’, es un municipio chocoano reconocido por sus hermosas playas y por ser un trampolín para los miles de inmigrantes extranjeros que buscan llegar a los Estados Unidos.

Pero a pesar de sus imponentes paisajes y su posicionamiento como uno de los destinos turísticos del país, los acandileros, mientras sobreviven entre la violencia, tienen que hacerle frente a la falta de agua potable, luz eléctrica y alcantarillado, y aprender a vivir de las pocas oportunidades laborales que hay, con carencias además en el servicio de salud y el sistema de educación.

El colegio Diego Luis Córdoba, por ejemplo, es la única institución que recibe a los estudiantes que terminan su básica primaria en las cuatro sedes que hay en el pueblo. Y además de tener poco espacio para tantos alumnos, las condiciones en las que se dictan las clases son precarias.

Corredores con piso de tierra que se llenan de enormes charcos cuando llueve, aulas sin ventilación y en mal estado, pasillos que se inundan cada vez que el clima se apiada del pueblo y cae agua y una biblioteca sin libros ni computadores para todos son los espacios en los que los jóvenes permanecen la mayor parte de su tiempo.

Las nuevas instalaciones

En una de esas salas grandes del colegio, llena de sillas de plástico ocupadas por padres de familia y estudiantes que desde las 9 de la mañana esperan, en un calor infernal que parece de más de 31 °C, están en primera fila Deiner y Arley, de 13 y 15 años, atentos a las palabras de la Alcaldesa y el rector, que vibran de emoción porque después de muchos años, como ellos dicen, alguien se acordó de que existen.

“Es la primera vez que recibimos una visita tan importante y estamos agradecidos por eso, pero sobre todo porque vamos a tener unas instalaciones dignas para atender a nuestros estudiantes”, decía el rector Inocencio Palacios.

Y no es para menos, pues justo acaban de dar inicio de manera simbólica al proyecto ‘Aulas para la Paz’ que les permitirá estrenar 12 salones de clase, biblioteca, laboratorio, cocina y comedor.

Arley sonríe entusiasmado por la noticia mientras cuenta que se imagina haciendo sus tareas en la nueva biblioteca y pasando más tiempo en el colegio para distraerse en su tiempo libre.

Como este par de adolescentes de grado octavo, provenientes de Antioquia, 418 estudiantes más se verán beneficiados con la renovación de la institución, en la que se invertirán más de cuatro mil millones de pesos y deberá estar lista para febrero del 2017.

Mientras Arley y Deiner siguen imaginándose sus días en el nuevo colegio, a 40 minutos de allí en helicóptero, 320 muchachos sueñan con tener salones de paredes fuertes que no amenacen cada tanto tiempo con caerse y lastimarlos: un comedor apto para que puedan almorzar quienes no logran hacerlo en sus casas y baños con agua y alcantarillado para que ya no tengan que ir hasta donde los vecinos para que los dejen entrar.

Frente a la desolada playa que sirve como pista de aterrizaje en Juradó, montones de niños esperan ansiosos la llegada de buenas noticias, y hasta los más grandes, que pronto se irán graduados como bachilleres, se alegran con la ilusión de que los niños y jóvenes del pueblo tendrán un colegio cómodo y adecuado.

La nueva sede del colegio San Roque de la Frontera tendrá nueve aulas, tres baterías sanitarias, un comedor, una biblioteca y un aula múltiple.

“Desde hace 20 años estamos dictando clase en estos salones de madera, la estructura está muy débil y los pisos se mueven”, cuenta Jhenklin Cuesta, docente de Matemáticas, mientras le dice a sus alumnos que bajen al primer piso para evitar un accidente.

‘Aulas para la Paz’ es otro de los proyectos del Ministerio de Educación cuyo objetivo principal es mejorar las condiciones en las que los niños y jóvenes chocoanos reciben su formación escolar.

“Cuando tenemos buenos docentes, buenos colegios y jornada única no hay desigualdad entre los niños, todos tenemos las mismas oportunidades y de eso se trata este proyecto”, aseguraba la ministra de Educación Gina Parody, en el primer piso del colegio, bajo la estructura vieja que desde hace 20 años, según el ‘profe’ Cuesta, no se le hace mantenimiento.

Sin embargo, el problema no es solo en infraestructura, sino que la parte humana también está escasa. Desde enero de este año, el colegio se quedó sin docentes de informática y sociales, y sin personal de aseo. Los alumnos además de no ver todas sus clases, tienen que hacerse cargo de asear los salones y dejar el colegio limpio.

“No hay ni un baño que los estudiantes puedan usar, no hay agua potable para que los niños tomen y no hay espacios deportivos”, reclama Deisy Carmona, vallecaucana radicada en Juradó desde hace seis años.

Y aunque la situación de los habitantes del barrio Julio Figueroa de Quibdó no es tan complicada, también estrenarán espacios, y las aulas desvencijadas en las que sufrieron accidentes algunos alumnos ya fueron demolidas.

Armando Luna Roa es el nombre de esta institución que atiende a más de 800 niños y jóvenes que desde hace un mes estudian hacinados en un colegio de la zona, porque no tienen dónde más ver clase.

“Los muchachos están peor de lo que estaban en los salones viejos, pero fue la única alternativa que tuvimos mientras construyen la nueva sede”, contó el profesor Héctor Ledesma.

Mientras llega el momento de estrenar colegios, los chocoanos agradecen, con bombos y platillos, el gesto de algunos de acordarse de ellos y de sus necesidades.

ANA MARÍA OCORÓ LOZADA
Especial para EL TIEMPO

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