Dejemos la pataleta / De tu lado con Alex

Dejemos la pataleta / De tu lado con Alex

Debemos cambiar el chip que tenemos engranado desde la primera edad.

triste

Debemos cambiar el chip que tenemos engranado desde la primera edad. La negatividad, tristeza y agresividad solo generan más rabia e impotencia.

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123.rf

22 de mayo 2018 , 10:53 p.m.

Creo que todos los que somos padres hemos leído, o nos han recomendado, que cuando un niño pequeño hace un berrinche porque no consigue lo que quiere, la mejor manera de afrontarlo es no ponerle atención. Incluso si se bota al piso, grita y patalea, nos advierten que ignorarlo es la única manera de que aprenda que con ese comportamiento no obtendrá lo que quiere.

Pero, como con demasiadas cosas en la vida, uno puede conocer y hasta entender perfectamente la lógica de la teoría, pero en la práctica es otro paseo. ¿Cuántos no hemos sucumbido a los alaridos o las pataletas de nuestros hijos? Es demasiado difícil no ponerle atención a un niño o a un adolescente que llora, que insiste y que se queja lo suficiente… y ellos lo saben muy bien.

Muchos padres somos firmes al principio y actuamos con toda la convicción del caso, pero es tal el desespero o la pena que sentimos al oír los alaridos o presenciar el berrinche que terminamos cediendo con tal de volver a algo de tranquilidad.

Entregamos el dulce al que habíamos dicho no, compramos el juguete que habíamos jurado no apto para su edad o damos el permiso que jamás contemplamos dar.
Haber cedido a este tipo de chantaje emocional nos deja una lección muy dañina para nuestra vida de adultos. Desde pequeños estamos aleccionados sobre la mejor manera de conseguir lo que queremos: haciendo pataleta o insistiendo con alaridos hasta lograr nuestro cometido.

Como adultos seguimos pensando que si nos quejamos lo suficiente de nuestra vida, del país o de las injusticias, ya sea mental o verbalmente, en algún momento conseguiremos que nos den lo que, a nuestro modo de ver, nos merecemos. Creemos que tal vez Dios, el universo o la vida solo nos pondrán atención si hacemos muchos berrinches o si demostramos suficiente insatisfacción.

En vez de actuar decididamente para cambiar o mejorar lo que nos aqueja, solo vociferamos con insistencia nuestro descontento a los amigos, familiares e, incluso, a desconocidos en redes sociales, esperando de alguna manera que nos den cierto contentillo para apaciguar ese malestar.

Debemos cambiar el chip que tenemos engranado desde la primera edad. La negatividad y la agresividad solo generan más rabia y más sensación de impotencia.

No somos niños indefensos para pensar que la vida o algún tercero nos va a consentir más porque hagamos más pataleta.
Si de verdad queremos que la vida nos sorprenda, levantémonos del suelo, sequemos nuestras propias lágrimas y dejemos el show.

Alexandra Pumarejo​@DeTuLadoConAlex

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