Colombia participará en proyecto para predecir las tormentas solares

Colombia participará en proyecto para predecir las tormentas solares

La colaboración internacional Solar Activity MOF buscará preverlas con varias horas de anticipación.

Tormentas solares

Las tormentas solares son cascadas de energía y materia que escupe nuestra estrella y que pueden afectar las redes tecnológicas.

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Nasa

30 de junio 2018 , 10:00 p.m.

Entre el 1.° y el 2 de septiembre de 1859 ocurrió en la Tierra uno de los eventos naturales más desconcertantes jamás registrados. Durante 48 horas, cientos de personas en varios países describieron fenómenos atmosféricos inusuales: luces incandescentes en el cielo que llevaron a que el servicio telegráfico colapsara en Europa y Norteamérica.

Según archivos históricos de la época, incluso en Colombia se observaron destellos como los de las auroras boreales, un espectáculo climático normalmente reservado para los países en latitudes altas (o bajas, en el caso de las auroras australes).

Lo que sucedió en esos días fue la tormenta solar más fuerte de la historia. Se la conoció como evento de Carrington, en honor al astrónomo inglés Richard Carrington, quien se encontraba observando el Sol con sus telescopios y describió unas extrañas manchas negras y brillos intensos en la superficie de la estrella.
El nombre técnico de ese fenómeno es fulguraciones. Corresponden a intensas liberaciones de energía en la atmósfera solar y hacen parte del denominado clima espacial: las condiciones de temperatura, viento (solar) y propiedades físicas en el espacio, determinadas principalmente por lo que ocurre en nuestra estrella.
Casi siglo y medio más tarde, en 1989, Quebec (Canadá) sufrió las consecuencias de otro episodio de estos. Seis millones de personas quedaron sin luz.

Durante los años posteriores al evento Carrington y al apagón de Quebec, los científicos se han dedicado a tratar de entender qué transformaciones se dan en el Sol antes, durante y después de las tormentas solares. Pese a sus esfuerzos, aún no es posible predecir cuándo ocurrirá la siguiente, que podría tener un impacto considerablemente mayor al de las ya documentadas, debido a la mayor cobertura que tienen hoy los sistemas de telecomunicaciones, principales damnificados por las cascadas de partículas que escupe el Sol.

Pero esto puede estar a punto de cambiar gracias a una colaboración científica internacional que buscará anticiparse varias horas a la siguiente tormenta solar. Y Colombia tendrá su lugar en esta red, la primera de su tipo en la que el país tiene asiento y que está siendo liderada por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, y la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido.

El astrofísico Santiago Vargas, profesor del Observatorio Astronómico Nacional, será el líder científico del nodo colombiano del proyecto, que se denomina Solar Activity MOF (SAMM). Vargas explica que el objetivo principal del proyecto será estudiar la relación entre el campo magnético del Sol y las fulguraciones a partir de una red de telescopios ubicados en Europa, Asia y América (estos últimos en Colombia y, posiblemente, Estados Unidos).

“Desde hace unos cien años se puede medir el campo magnético del Sol, pero solo con investigaciones recientes se supo que este sufre ciertos cambios en las horas previas a las fulguraciones –explica Vargas–. El Sol tiene un campo magnético que funciona como un enorme imán, con polos norte y sur. Pero a escalas más pequeñas, el astro está plagado de campos magnéticos, intensos en las regiones activas, zonas donde surgen las llamadas manchas solares. Normalmente, las regiones activas se componen de polaridades magnéticas positivas y negativas, que son bastante dinámicas, evolucionando en periodos de horas. Los científicos identificaron una relación entre la distancia media de separación de las polaridades opuestas y la generación de una fulguración”.

Según el astrofísico, SAMM medirá el momento en que esto ocurra y, a partir de un algoritmo computacional, determinará, y con varias horas de anticipación, cuándo ocurrirá la siguiente fulguración. “Considerando que la energía (fotones) tarda ocho minutos en llegar a la Tierra; y las partículas de materia (protones y electrones), alrededor de 24 horas, este tiempo es muy importante, porque es suficiente para tomar las medidas necesarias, como apagar o desviar los satélites, desactivar los transformadores de energía y alertar a las aerolíneas, pues los sistemas de los aviones también se pueden ver afectados”, señala.

La energía del Sol tarda ocho minutos en llegar hasta la Tierra; y las partículas de materia, 24 horas. En ese tiempo se pueden  apagar satélites o desactivar transformadores de energía

De acuerdo con el experto, para lograr esta meta no será necesario contar con equipos extremadamente sofisticados. Bastará con un telescopio relativamente sencillo, parecido a un poderoso binocular. Además, se requerirá de instrumentación para la adquisición de los datos, la cual aún se encuentra en fase de desarrollo, bajo el liderazgo del Observatorio de Roma, una de las sedes del Istituto Nazionale di Astrofisica de Italia. Todo el sistema estará controlado robóticamente.
El nodo colombiano tiene el apoyo del italiano Doménico Bonaccini, experto en óptica adaptativa, quien desde el Observatorio Europeo Austral ha trabajado en algunos de los mejores telescopios del mundo. Eso sí, el instrumento debe cumplir con una condición: poder observar al Sol diariamente durante, por lo menos, tres horas por la mañana y tres por la tarde.

Raúl Joya, director del Observatorio Astronómico de la Universidad Sergio Arboleda, quien se desempeñará como gerente de proyecto de SAMM, afirma que, si bien el plan aún se encuentra en fase de anteproyecto, la meta es poder instalar el telescopio y empezar a recolectar los primeros datos entre el 2019 y el 2020.

En estos momentos, los investigadores se encuentran en la etapa de prospección astronómica, es decir, están buscando el mejor lugar para instalar el telescopio. De acuerdo con Vargas, estos equipos no necesitarán estar en un lugar con condiciones de observación óptimas, como un cielo despejado, gracias los sistemas de óptica adaptativa con los que contarán. Entre las opciones contempladas hasta el momento están Villa de Leyva, la Tatacoa y la sede en La Paz (César) de la Universidad Nacional.

“Con esta prospección sabremos cuál es el punto más idóneo para colocar el telescopio. Una vez definidos estos aspectos conoceremos otros detalles, como los costos de operación y los derechos para la utilización de los datos”, explica el científico.

Para Vargas, este proyecto, además del impacto internacional que tendrá, impulsará áreas como la 'big data' y la instrumentación. También espera que incentive a más estudiantes a cursar maestrías y doctorados en áreas como astronomía, astrofísica solar e incluso ingeniería. De hecho, afirma que “los primeros estudiantes colombianos de posgrado involucrados en este proyecto ya están comenzando sus trabajos de investigación”.

“Al principio, lideraremos el proyecto desde la Universidad Nacional y la Sergio Arboleda, pero esperamos que con el paso del tiempo se nos unan más y más científicos de otras instituciones”, apunta Vargas.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
nicbus@eltiempo.com
En Twitter: @nicolasb23

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