Piden cruzada nacional para proteger biodiversidad en el posconflicto

Piden cruzada nacional para proteger biodiversidad en el posconflicto

Académicos de la Universidad del Rosario publicaron petición en la prestigiosa revista Science.

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Los académicos piden que profesionales de los diferentes campos diseñan prácticas sostenibles como la agrosilvicultura y el ecoturismo.

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Javier Nieto Álvarez / CEET

12 de diciembre 2016 , 03:15 p.m.

Un grupo de académicos de la Universidad del Rosario está haciendo un llamado a empresarios, Gobierno y a investigadores de diferentes áreas, para que abran espacios de discusión a las políticas medio ambientales que debe tener el país en el posconflicto.

Los académicos de las facultades de Ciencias Naturales y Matemáticas y de Economía aseguran que en el camino se vislumbran riesgos para los cuales hay que estar preparados, pero también importantes oportunidades, que si se aprovechan de manera correcta ayudarán a mejorar la situación ambiental y económica del país, e incluso del mundo.

“Las empresas nacionales e internacionales que evitaron estar en Colombia durante el conflicto probablemente cambiarán de opinión y querrán explotar los recursos naturales en un marco plenamente legal, lo que significará que nuevas áreas naturales y sus recursos estarán en riesgo”, señalan los académicos en una carta publicada hace poco en la prestigiosa revista Science.  (Lea también: Áreas biodiversas enfrentarían nuevas amenazas )

Esta hará parte de una misiva más extensa que los investigadores planean enviar a reputadas publicaciones académicas del mundo, en la que piden discutir los nuevos riesgos potenciales y las oportunidades.

Además de la posibilidad de que empresas entren a territorios que antes estuvieron vedados por la guerra, también ven como un riesgo que la minería y los cultivos ilícitos de coca puedan continuar siendo controlados por bandas criminales, si el Gobierno no tiene inmediata presencia institucional en las áreas que fueron dominadas por grupos armados, y si las alternativas que se dan a los habitantes de esos lugares y a los desmovilizados no son lo suficientemente atractivas en términos económicos para desviarlos de actividades ilícitas rentables.Bienes y servicios ambientales deben cuantificarse

En cuanto a las oportunidades, los académicos señalan el imperativo de que Colombia aproveche el hecho de ser el segundo país más biodiverso del mundo (después de Brasil) y el hogar de la mayoría de los principales biomas del planeta, desde los desiertos de La Guajira, en el extremo norte, hasta los bosques húmedos de la Amazonía, en el sur, y del pacífico chocoano, en occidente.

“La biodiversidad de Colombia es única y es la envidia de quienes estudian el mundo natural. Con su tremenda riqueza de biodiversidad y capital natural, Colombia tiene más que perder que la mayoría si no es adecuadamente conservada y administrada”, aseguran.

En ese sentido, hacen una invitación a profesionales de diferentes campos del saber y de ámbitos de la vida nacional para que se unan con el fin de diseñar y garantizar prácticas sostenibles de manejo de tierras, como la agrosilvicultura y el ecoturismo, y para que Colombia sea líder en programas de servicios ambientales.

“Debemos considerar los bienes naturales, los recursos biológicos, no solo por su valor de mercado, sino también por el valor indirecto que tienen sus servicios en términos ecosistémicos. Por ejemplo, si consideramos un árbol solo por su valor en términos de madera, no estamos valorando los beneficios que presta en captación de agua; en compensación de huella de carbono que compensa los efectos severos del cambio climático; en desarrollo de suelo y en proveer un hábitat a la fauna. Es un error de la economía mundial no considerar y cuantificar sistemáticamente todos estos bienes y servicios que la naturaleza provee a la sociedad humana”, señala Nicola Clerici, profesor asociado del Programa de Biología de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas y uno de los firmantes de la carta.

Para dar un ejemplo de la contribución que la biodiversidad colombiana puede dar a la economía mundial, los académicos muestran los beneficios que obtendría la industria del chocolate. “Colombia es un centro de diversidad para el género Theobroma, al que pertenece el chocolate. Es probable que Colombia tenga una diversidad genética significativa que podría contribuir a mejorar la industria, aportando variedades con resistencia a las enfermedades, mayor productividad, resiliencia a los cambios climáticos y nuevos perfiles de sabor. La utilización continuada de este recurso natural puede ser apoyada por la preservación de los bosques en los que se encuentran”, aseguran.

Finalmente, muestran al páramo andino como ejemplo de unos de los ecosistemas más valiosos que requieren una gestión sostenible, ya que actualmente está amenazado por el cambio climático, la expansión agrícola y la minería.

“Gran parte del agua que abastece a las principales ciudades de Colombia es proporcionada por estos ecosistemas frágiles, y este recurso fundamental puede estar más amenazado si no se establece una gestión adecuada y estricta después del conflicto”, sentencian.

Lo académicos insisten en que la experiencia internacional indica que en algunos casos la degradación ambiental se puede incrementar en el posconflicto, como ocurrió en Nicaragua, Rwanda o el Congo, y que los marcos legales a veces no son suficientes, como ocurre hoy en Brasil, donde la deforestación es una de las más altas del mundo. Razón por la cual dicen que es urgente una cruzada nacional para desarrollar estrategias sostenibles que garanticen que los beneficios del capital natural protegido se distribuirán de manera equitativa.

“El pueblo colombiano tiene la oportunidad de implementar no solo eficaces paradigmas de desarrollo sostenible, sino también de sociedad más pacífica y dinámica (…) Colombia tiene enormes reservas de recursos naturales, pero creemos que para que tenga un futuro sostenible a largo plazo, el verdadero color de su riqueza no es oro, sino verde”, señalan además de Clerici; James Richardson, de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas del Rosario y de la Sección de Diversidad Tropical del Jardín Botánico de Edimburgo (Escocia); Juan Fernando Vargas, de la Facultad de Economía del Rosario y del Departamento de Investigación de la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, y Francisco Escobedo, Juan M.R. Posada, Mauricio Linares y Adriana Sanchez, del Programa de Biología de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas.

ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
Especial para El Tiempo

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