Amazonia perdió área del tamaño de Bogotá en dos años

Amazonia perdió área del tamaño de Bogotá en dos años

Cerca de 208.400 hectáreas de ecosistemas naturales se transformaron en potreros.

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Entre el 2012 y el 2014, un total de 208.400 hectáreas de zonas vírgenes de árboles se transformaron en ecosistemas intervenidos por el hombre.

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Archivo / EL TIEMPO - EFE

24 de octubre 2016 , 02:50 a.m.

En la tupida selva amazónica, un área algo más grande que el tamaño de Bogotá dejó de ser un ecosistema natural para convertirse en potreros para la agricultura, la ganadería o los cultivos ilícitos.

Entre el 2012 y el 2014, un total de 208.400 hectáreas de zonas vírgenes de árboles se transformaron en ecosistemas intervenidos por el hombre.

Estos datos fueron revelados por la nueva edición del monitoreo de mapas de ecosistemas de esta región, que fue elaborado por un equipo de investigadores del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi y Parques Nacionales Naturales.

El avance de la ganadería, los cultivos ilícitos y la extracción ilegal de maderas finas como cedro son los motores de esa transformación que a su paso va generando una preocupante degradación ambiental.

El área más afectada es el noroccidente de la Amazonia en zonas como el sur del Meta, áreas aledañas al río Caguán, el sur de Caquetá y la frontera entre Nariño y Putumayo.

“Hay que cerrar la frontera agropecuaria de la Amazonia. Es un reto enorme. La ganadería, los cultivos ilícitos, la extracción ilícita de cedro son algunos de los motores de amenaza”, explicó Luz Marina Mantilla, directora del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, quien recordó que ya 96 especies de flora tienen algún grado de amenaza.

Uriel Murcia, investigador del Instituto Sinchi y coordinador del estudio, en el que también participaron funcionarios de Parques Nacionales, señaló que la transformación entre un bosque natural y un potrero se está dando entre 5 y 10 años, un ritmo acelerado si se tiene en cuenta el origen milenario de este bioma.

De acuerdo con las cifras del informe, además de las áreas naturales que cambiaron su uso, cerca de 236.500 hectáreas que en el 2012 estaban en condición de ‘seminaturales’, es decir, cuyos bosques estaban fragmentados o afectados en algún porcentaje por los incendios forestales, para la observación, con imágenes satelitales del 2014, ya estaban completamente transformadas.

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perdida de vegetacion en la amazonia colombiana

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“No hay nada que evite que bosques secundarios terminen en la completa praderización de un área. Cambios evidentes en sectores claves se observan en los sobrevuelos”, enfatizó Murcia, quien subrayó que el cambio más rápido se está dando en los ecosistemas acuáticos, porque las poblaciones se están asentando en los drenajes de los ríos.

Las áreas donde esto más se ha dado corresponden a espacios sustraídos de las zonas protegidas por la Ley 2.° de 1959 en departamentos como Caquetá. También esta situación se ha evidenciado en distritos de conservación de agua y suelo en donde se ha degradado casi el 60 por ciento.

Los Parques Nacionales Naturales y los santuarios de resguardos de indígenas son los lugares donde más se conservan los ecosistemas, ello ha alcanzado para los territorios indígenas hasta un 100 por ciento de preservación.

Sigue intacto un 88 %

A pesar de este acelerado cambio en el bosque amazónico, considerado como el ecosistema más importante para el clima global (por la regulación hidrológica que ejerce), la buena noticia según los investigadores del Instituto Sinchi es que aún se mantiene intacto el 88 por ciento del bioma y solo el 12 por ciento se ha transformado.

En total en la Amazonia colombiana, que equivale al 46 por ciento del país, identificaron 381 ecosistemas acuáticos y 661 terrestres.

Luz Marina Mantilla, directora del Sinchi, explicó que con Visión Amazonia, la estrategia nacional para evitar la pérdida del bosque natural en esta región, se espera que con los recursos de cooperación internacional de Alemania, Noruega y Reino Unido se pueda reforzar la presencia institucional, pero a la vez impulsar que las comunidades tengan proyectos productivos que eviten que se siga perdiendo el corazón de la Amazonia.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Redactora de EL TIEMPO

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