Un viaje a los misterios de la luna

Un viaje a los misterios de la luna

Un nuevo estudio replantea el origen del astro, aportando más preguntas que respuestas.

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El diámetro de la Luna es una cuarta parte del de la Tierra. Se calcula que este astro orbita a 384.400 km de distancia del planeta.

Foto:

Darryl Webb / Reuters

23 de enero 2017 , 05:54 p.m.

Si fuera necesario hacer un símil familiar para explicar la relación que tiene la luna con la Tierra, se podría decir que el satélite natural es el hermano menor de nuestro planeta. No solo por su cercanía y tamaño –una cuarta parte del diámetro de la Tierra-, sino por su ‘ADN’ geológico, muy similar al de la Tierra, y por su comportamiento caprichoso, con gran influencia en diferentes fenómenos naturales que ocurren en la Tierra, como las mareas.

Todo esto se sabe ahora gracias a la fascinación que la luna ha despertado históricamente entre los humanos, fascinación que en los últimos cien años ha llevado a que sea uno de los objetos celestes en los que más se ha invertido dinero para su investigación. Prueba de ello son las misiones Apolo, con las que la Nasa puso a varios hombres sobre la superficie de la luna, tras una inversión de más de casi 30 mil millones de dólares, durante casi toda la década de los sesenta y parte de los setena.

Sin embargo, y pese a todos estos esfuerzos, la luna sigue guardando toda clase de misterios que los científicos intentan desvelar continuamente. De hecho, hace pocos días cobró relevancia internacional un estudio que busca aportar nuevas luces sobre uno de los principales interrogantes que aún persisten sobre la luna: cómo se formó.

Según lo explica el geólogo planetario David Tovar, hasta ahora, dentro de todas las teorías sobre la formación del satélite, tres gozaban de una mayor aceptación dentro de la comunidad astronómica: la de la captura, según la cual, la Tierra, durante las primeras etapas de formación del sistema solar, hace 3, 9 millones de años, atrapó con su campo gravitacional a un cuerpo de menor tamaño que, finalmente, quedó orbitando a su alrededor; la del desprendimiento, que asegura que la luna aparece cuando la Tierra era una esfera de magma de la que, por su rápida rotación, una porción del material se despegó.

La tercera hipótesis, y alrededor de la cual hay un mayor consenso, es la del impacto: de acuerdo con esta, un objeto del tamaño de Marte chocó contra una jovencísima Tierra, haciendo que los fragmentos resultantes se elevaran en el espacio y luego se unieron mediante un proceso llamado acreción.

Ahora, la nueva teoría, elaborada por expertos del Instituto Weizmann de Ciencia, de Israel, y del Imperial College de Londres, y publicada en Nature Geoscience, plantea que, en cambio de un solo impacto, hubo varios, que, por el mismo mecanismo de la acreción, habrían propiciado la formación del satélite.

“La principal diferencia que marca esta hipótesis no está en su postulado, porque simplemente tiene como planteamiento novedoso el número de colisiones. No obstante, en lo que sí resulta innovadora es en la técnica utilizada para llegar a la conclusión, que fueron las simulaciones por computador de alta precisión”, Explica Tovar, para quien todas estas nuevas teorías lo que hacen es generar más preguntas que respuestas.

El lado oscuro

Pero aquí no paran los interrogantes sobre el hermano menor terrestre. Para el astrofísico Juan Diego Soler, aunque las misiones Apolo ayudaron a resolver en buena parte la pregunta de la composición del satélite, gracias a las muestras de material que trajeron los astronautas, aún queda mucho por averiguar, sobre todo, en cuanto a la parte menos explorada del astro: su lado oscuro.

Para Soler, quien trabaja en el Instituto Max Planck de Alemania, esta zona de la luna es tan misteriosa como fascinante: “Como la luna no rota en relación con la Tierra, siempre vemos la misma cara; el otro lado se encuentra expuesto, porque no está bloqueado por la Tierra, y hay una cantidad de meteoritos que nos pueden ayudar a conocer más sobre el sistema Solar”.

Asimismo, Soler afirma que el lado oscuro también se encuentra libre de distintas radiaciones de origen terrestre, como las ondas de radio y la contaminación lumínica. Estas características hacen de este lugar un punto perfecto para instalar un radiotelescopio, en primer lugar, porque no tendría interferencias de este tipo de señales y, en segundo, porque permitiría observar una zona del universo poco explorada hasta ahora.

Pero, desafortunadamente, estos son planes con pocas perspectivas, pues ni siquiera todos estos alicientes han sido suficientes para prolongar la exploración lunar, que prácticamente detenida desde que terminó el programa Apolo. De acuerdo con Soler, el principal motivo es la falta de recursos económicos para financiar las mansiones. En este momento, los países más preocupados por la exploración lunar son China y Holanda, que tiene pensado utilizar impresoras 3D para construir una base en el satélite.

VIDA/ CIENCIA

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