El ingenio de la ciencia para bautizar nuevas especies de animales

El ingenio de la ciencia para bautizar nuevas especies de animales

Por desuso del latín y el griego, ahora se pueden usar nombres de famosos como Barack Obama.

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La rana 'Allobates niputidea'.

Foto:

Jorge A. Díaz.

18 de septiembre 2016 , 09:03 p.m.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recientemente expandió el Monumento Nacional Marino Papahanaumokuakea, que incluye parte del archipiélago de Hawái, hasta convertirlo en el área protegida más grande del mundo.

Este santuario de la conservación marina y terrestre tiene el área de casi dos veces el estado de Texas y alberga a cerca de 7.000 especies. Siendo este el sueño de cualquier biólogo, conservacionista o naturalista de la región, los agradecimientos por parte de esta comunidad se dieron casi de inmediato.

Se acaba de nombrar una nueva especie de pez marino en su honor: ‘Tosanoides obama’. El pez, del tamaño de un llavero, vive a unos 100 metros de profundidad en aguas del Japón.

Con este regalo invaluable, Obama se convierte en parte del legado inmortal que queda acuñado en el nombre de una especie.

Por siglos se usaron nombres con raíces griegas y latinas para nombrar especies y géneros, pero el paulatino desuso de estas lenguas clásicas llevó a un continuo reciclaje de nombres. Por ejemplo, ‘bipartitus’, que significa dividido en dos partes, tiene nombradas 222 especies diferentes, o ‘vulgaris’, referente a vulgar o común, tiene 5.153 especies diferentes; en ambos casos se trata solo de animales (también hay muchas plantas y microorganismos con estos epítetos).

(También: 'Aguapanela', la nueva tarántula del parque Arví de Medellín)

Las normas para la definición y validez de los nombres de las especies están regidas por códigos internacionales que se actualizan con cierta regularidad. Esto ha permitido que se incluyan lenguas modernas, y prácticamente cualquier palabra puede ser hoy en día utilizada como base para nombrar una especie.

Así, a finales del siglo XIX ya se perfilaban algunos nombres inusuales y hoy las tendencias para nombrar especies de la biodiversidad son muy amplias, e incluyen la cultura pop.

La saga de la Guerra de las Galaxias, por ejemplo, ha inspirando los nombres de varias nuevas especies como el gorgojo ‘Trigonopterus chewbacca’, la polilla ‘Wockia chewbacca’, la hormiga ‘Tetramorium jedi’ y hasta el nuevo género de piojo ‘Darthvaderum’.

Este sistema binomial (nombre compuesto por dos palabras: una que es el género de la especie, y la otra, su nombre particular) fue propuesto por el científico sueco Carlos Lineo en su Sistema Natural, en 1735, y está vigente hasta hoy en día.

Así, la serpiente venenosa conocida en Colombia como el verrugoso tiene actualmente el nombre científico ‘Lachesis muta’ (Lineo, 1766). ‘Lachesis’ viene de la mitología griega, que significa ‘la que echa a suertes’, haciendo referencia a este grupo de especies venenosas mortales, y ‘muta’, palabra en latín que denota ‘muda’, hace referencia a esta víbora silenciosa sin cascabel.

Muchos nombres de especies parecen hechos para intimidar: ‘Vampyroteuthis infernalis’, el calamar vampiro del infierno, o la bacteria ‘Yersinia pestis’, responsable de la peste bubónica.

Nombres criollos

En nombres creativos, Colombia no se queda atrás. El botánico Santiago Madriñán describió el año pasado una nueva especie dentro del género Puya, que denominó ‘Puya loca’, que, en palabras del autor, “rinde honor a la ‘puya loca’, canción popular del Caribe colombiano compuesta por Diofante Jiménez Robles”.

‘Allobates niputidea’ es una rana colombiana que mantuvo a sus autores (Grant y colaboradores) sin una idea sobre su identificación por varios años. ‘Pristimantis urani’, de Rivera y Daza, fue una rana recientemente descrita en honor al ciclista Rigoberto Urán, quien agradeció públicamente este gran honor en vida. Mientras que ‘Paragorgia james’, octocoral de profundidad dedicado al futbolista James Rodríguez, descrita por el biólogo colombiano Santiago Herrera, hasta el momento no ha llamado la atención del famoso jugador.

(Lea: Ranas, salamandras y sapos, los desprotegidos del mundo animal)

Hay otros casos llamativos como el de la ‘Atelopus farci’, otra ranita endémica de Colombia, encontrada en la granjas del padre Luna, que tiene hoy un valor especial en vísperas del plebiscito por la paz con este grupo insurgente al que se le dedicó esta especie.

(Además: La rana que se extinguió donde las Farc perdieron el control)

De acuerdo con cálculos del Servicio Global de Información de la Biodiversidad, en el planeta están apropiadamente nombradas y registradas 1’643.948 especies, número muy inferior a la realidad, pues la mejor aproximación total de especies del planeta, propuesta por el colombiano Camilo Mora, profesor en la Universidad de Hawái, es de 8,7 millones, lo que quiere decir que aún falta un 81 por ciento de las especies del planeta por descubrir y nombrar.

JUAN ARMANDO SÁNCHEZ*
Especial para EL TIEMPO
* Ph. D. y director del Laboratorio de Biología Molecular Marina (Biommar)

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