Alexander Humboldt: el eslabón perdido de la ciencia moderna

Alexander Humboldt: el eslabón perdido de la ciencia moderna

Hemos olvidado a este científico. La autora Andrea Wulf le hace un homenaje con su nuevo libro. 

Andrea Wulf

Andrea Wulf tardó tres años haciendo la investigación para su libro sobre la vida de Humboldt.

Foto:

El Mercurio

02 de julio 2017 , 11:22 p.m.

SUM: Gracias a él entendimos que la naturaleza es un organismo; entusiasmó a Darwin y a Bolívar. Pero lo hemos olvidado. La autora Andrea Wulf le hace justicia con ‘La invención de la naturaleza’.

El 23 de junio de 1802, a 5.917 metros de altura, casi en la cima del volcán Chimborazo, en Ecuador, el naturalista Alexander von Humboldt (1769-1859) terminó de comprender que el mundo es un gran organismo vivo, una red en la que todo está relacionado. Aquí, en Suramérica, el científico alemán “engendró una nueva visión de la naturaleza que todavía hoy influye en nuestra forma de comprender el mundo natural”, escribe la autora Andrea Wulf en su libro 'La invención de la naturaleza'. 

El nuevo mundo de Alexander von Humboldt (Taurus). Una biografía que muestra la grandeza intelectual de un hombre que –si seguimos a Wulf– merece estar en el olimpo de la ciencia moderna, junto a nombres como Newton y Darwin.

El ascenso al Chimborazo, que entonces se tenía por la cima más alta del mundo, fue el momento culminante de un viaje que había comenzado en 1799, en La Coruña (España). Pero que tuvo su verdadero inicio con la llegada a la actual Venezuela, donde a Humboldt se le abrió un mundo nuevo. Desde ahí empezó un recorrido que lo llevó a Cuba, y luego de vuelta a Suramérica, hasta Lima; para terminar en México y Estados Unidos, y llegar, en 1804, de vuelta a Europa. Los paisajes sudamericanos –desde la selva a la cordillera– cambiaron a Humboldt.

¿Quién era antes del viaje a Suramérica y quién fue después?

Humboldt era el hijo de una rica familia aristocrática prusiana. Tuvo una infancia infeliz, porque su madre era emocionalmente fría. Él trataba de escapar de la sala de clases apenas fuera posible, pues prefería vagar por el bosque en la finca familiar.
Cuando volvió de Suramérica era un célebre explorador, pero también volvió con un nuevo concepto de la naturaleza que daría forma a su pensamiento por el resto de su vida: vio a la naturaleza como una red de vida en la que todo estaba conectado.

Cambio climático

Si la naturaleza es un tejido, al tirar de un hilo se puede afectar todo el paño. Contra el antropocentrismo reinante, Humboldt entendió que la naturaleza no estaba a disposición del hombre, que no era un mundo salvaje al que había que civilizar, sino que éramos parte de ella y que sus equilibrios eran frágiles. “Después de ver las devastadoras consecuencias medioambientales de las plantaciones coloniales en el lago Valencia de Venezuela en 1800, Humboldt fue el primer científico que habló del nocivo cambio climático provocado por el ser humano”, se lee en el libro.

¿Cómo era visto el mundo antes de Humboldt?

René Descartes entendía la naturaleza como un sistema mecánico –dentro del cual, incluso, describió a los animales como autómatas–, mientras que Isaac Newton consideraba el universo más bien como un mecanismo divino, con Dios como el mecánico que sigue interviniendo. La idea de la naturaleza como un organismo vivo era algo completamente diferente.

***

En el libro, Wulf, a la vez que avanza en la vida de Humboldt, se detiene en sus relaciones con grandes personalidades. Le dedica, por ejemplo, un capítulo a su amistad con Goethe, a quien conoció en 1794. Aunque el poeta era 20 años mayor, quedó impresionado por la vitalidad y los conocimientos del joven científico. Hablaban de zoología y volcanes, de botánica, química y galvanismo; hacían experimentos en conjunto. Humboldt era un hombre de datos, mediciones, comparaciones, de investigaciones empíricas. Una perspectiva que nunca abandonó, pero a la que le sumó –en parte gracias a su amistad con Goethe– la imaginación, la poesía, incluso. “Las descripciones de la naturaleza pueden ser científicamente correctas, sin privarse del aliento vivificante de la imaginación”, escribió en su obra cumbre, Cosmos, según recuerda Wulf.

Con esos ojos –ilustrados y románticos a la vez–, Humboldt contempló América. Y una vez de vuelta en Europa, ya famoso, lo narró con arte en los 34 volúmenes de su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.

Uno de sus lectores fue Simón Bolívar, quien conoció al científico en Europa. Y ya como Libertador, dijo que con su pluma Humboldt había despertado a Suramérica y mostrado que los suramericanos tenían motivos para sentirse orgullosos de su continente.

También lo leyó Charles Darwin, quien idolatró y conoció a Humboldt y cuya teoría sobre el origen de las especies es el mejor fruto de la ciencia comparativa, imaginativa, universal y no especializada del alemán. Otras figuras que se dejaron entusiasmar por él fueron Thomas Jefferson, Henry David Thoreau, Walt Whitman y John Muir.

¿Qué impacto tuvieron en él las revoluciones estadounidense, francesa e hispanoamericanas?

Humboldt fue un gran admirador de la Revolución estadounidense de 1776 y se crio con los principios del pensamiento ilustrado. Era partidario de la Revolución francesa y, luego de su viaje por América Latina, se convirtió en un crítico del dominio colonial español. La sola idea de una colonia, argumentó, era un concepto inmoral, y un gobierno colonial era un “gobierno de desconfianza”. Fue partidario de Bolívar y lo elogió por abolir la esclavitud, pero fue crítico de sus poderes dictatoriales en los años posteriores; aunque, en general, Humboldt fue un gran partidario de las revoluciones en América Latina”.

Usted sugiere que ‘Fausto’ está basado en parte en Humboldt.

Goethe escribió Fausto en medio de un frenesí de actividades, y si lees el diario de Goethe, notas que a menudo eso coincidió con alguna visita de Humboldt; es casi como si su personalidad inspirara a Goethe. Fausto, como Humboldt, estaba guiado por un impulso insaciable de conocimiento, por una “agitación febril”, como declara en la primera escena de la obra. Tanto Fausto como Humboldt creían que la actividad y la investigación febril traían entendimiento, y ambos encontraban fuerza en el mundo natural y creían en la unidad de la naturaleza. Cuando Fausto declara su ambición en la primera escena: “–Que yo pueda descubrir la fuerza más íntima / Que enlaza al mundo, y guía su curso”, podría ser Humboldt hablando.

Fuera de lugar

Alexander von Humboldt murió a los 89 años, el 6 de mayo de 1859. Era uno de los hombres más famosos del mundo. Los diarios de Europa y Estados Unidos siguieron casi día a día sus últimos momentos de vida. El 14 de septiembre de 1869, cuando se cumplió el centenario de su nacimiento, hubo celebraciones en América, África, Europa y Oceanía: en Alejandría (Egipto) se lanzaron fuegos artificiales; Nueva York se llenó de banderas y carteles con el rostro del naturalista alemán, y 25.000 personas se juntaron en el Central Park a oír discursos en su honor; en Boston, Emerson lo declaró “una de esas maravillas del mundo”.

En Berlín, su ciudad natal, se reunieron 80.000 personas. En Buenos Aires y Ciudad de México, la gente también se juntó a escuchar discursos en su honor. Incluso en Moscú hubo fiesta –su última expedición fue a Rusia– y lo llamaron “el Shakespeare de las ciencias”. Sin embargo, hoy, Humboldt y su pensamiento están casi olvidados fuera del mundo académico, incluso entre ecologistas y escritores que se basan en sus ideas sin saberlo.

¿Por qué ocurrió eso?

Hay varias razones. La primera es que no hay un descubrimiento individual vinculado a su nombre –no trajo una teoría de la evolución, como Darwin, ni la explicación de las leyes naturales, como Newton–. Trajo una cosmovisión holística, y sus ideas han llegado a ser tan autoevidentes que el hombre detrás de ellas desapareció. En segundo lugar, fue el último de los grandes polímatas y cuando murió, en 1859, las ciencias habían llegado a ser tan especializadas que los científicos menospreciaron, como generalistas, a pensadores como Humboldt. En tercer lugar, un científico que insistió en usar los sentimientos y la imaginación para entender la naturaleza no era aceptable para la aproximación científica más racional del siglo XX. Y por último, con la Primera Guerra Mundial, el sentimiento antialemán llegó a ser tan fuerte en el mundo angloparlante que no era el momento para celebrar a un científico alemán.

JUAN RODRÍGUEZ M.
EL MERCURIO (CHILE) / GDA

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA