Charla con Serguéi Krikaliov, el último héroe espacial soviético

Charla con Serguéi Krikaliov, el último héroe espacial soviético

Cuando su país, la Unión Soviética, dejó de existir, él estaba en el espacio. Entrevista.

Serguéi Krikaliov, cosmonauta soviético

Krikaliov inauguró la Estación Espacial Internacional y fue el primer soviético en volar en un trasbordador espacial de Estados Unidos.

Foto:

Cortesía NASA

22 de octubre 2017 , 04:10 a.m.

Cuando Serguéi Krikaliov regresó a la Tierra, tras 311 días en el espacio, su país ya no existía. Aunque aquella fría y árida geografía le era totalmente conocida, pues la había sobrevolado innumerables veces tanto como piloto militar y como cosmonauta soviético, ahora Krikaliov aterrizaba en una nación totalmente nueva, una que se había conformado tan solo unos meses atrás.

El 18 de mayo de 1991, Krikaliov despegó del cosmódromo de Baikonur en una nave Soyuz rumbo a la que sería su segunda estancia en la estación espacial soviética MIR. Junto con él iban el cosmonauta Anatoli Artsebarsky y Helen Sharman, la primera británica en visitar el espacio. Mientras que Sharman regresó a la Tierra tan solo 7 días después –razón por la cual aún hoy se discute si se la debe considerar como turista espacial y no como astronauta– y Artsebarsky estuvo en la MIR 144 días más, Krikaliov tuvo que permanecer allá cinco meses más de lo previsto. La decisión la tomó él mismo, debido a que los dos siguientes vuelos de la Soyuz fueron reducidos a uno solo por recortes presupuestales en Roscosmos, la agencia espacial soviética.

Finalmente, el 25 de marzo de 1992, Krikaliov regresó al planeta. El módulo en que se transportaba aterrizó a 85 kilómetros al noreste de Arkalyk, a unos 1.000 km de Baikonur, el emblemático centro de lanzamientos espaciales. La Unión Soviética había sido disuelta tres meses antes y él aterrizó en la ahora República de Kazajistán. Desde ese momento, a Krikaliov se le conoce como ‘el último ciudadano soviético’.

Serguéi Konstantinovich Krikaliov nació en Leningrado (hoy San Petersburgo, Rusia) en 1958, año en que la Unión Soviética empezaba a afianzarse como potencia de la exploración espacial con la puesta en órbita del primer ser humano, Yuri Gagarin.

Después de graduarse de ingeniero mecánico en el Instituto Mecánico de Leningrado, en 1981, Krikaliov se unió a la NPO Energia, la organización soviética responsable de los vuelos espaciales tripulados. Allí probó el equipo de vuelo espacial, desarrolló métodos de operaciones espaciales y participó en operaciones de control terrestre. Cuando la estación espacial Salyut 7 falló en 1985, formó parte del equipo de rescate, desarrollando procedimientos para atracar en la estación y repararla.

Nuestras aspiraciones serán dirigidas inicialmente hacia la Luna y, después, más allá, hacia Marte

Su primera misión en el espacio tuvo lugar el 26 de noviembre de 1988 y la última tocó suelo terrestre el 11 de octubre del 2005. Fueron más de 15 años en los que Krikaliov formó parte de seis misiones en el cosmos, dos de ellas a bordo de transbordadores estadounidenses. De hecho, Krikaliov fue el primer soviético en viajar en la insignia del programa espacial estadounidense; además ostenta el honor de haber sido parte de la tripulación que inauguró la Estación Espacial Internacional, en el 2000.

En total, Krikaliov pasó 803 días en el espacio. Hasta el 2015 era la persona que más tiempo había vivido fuera del planeta, pero ese año lo superó su compatriota Guennadi Padalka y, ahora, es el tercero, detrás del también ruso Yuri Malenchenko.

A lo largo de su vida, Krikaliov ha sido condecorado como héroe de la Unión Soviética, héroe de la Federación de Rusia y también ha recibido galardones como la Orden de Lenin, la Medalla de Vuelos Espaciales de la Nasa y el título francés de oficial de la Legión de Honor, entre otros.

Con motivo de la conmemoración de las seis décadas del inicio de la exploración espacial, que se cumplen este año, EL TIEMPO habló con Krikaliov, quien a sus 59 años hoy se dedica al entrenamiento de cosmonautas en Roscosmos.

¿Qué significa para usted ser cosmonauta? ¿Considera su trabajo un honor especial?

Es una labor difícil pero interesante. Hay muchos requerimientos para obtener el derecho de ejercer este trabajo. Exigencias respecto a la calificación técnica, la salud física y psíquica, etc. Creo que he tenido algo de suerte, pero el hecho es que siempre anhelé ejercer este oficio y mis intereses me llevaron hacia él.

¿Qué es lo que más le gusta de ser cosmonauta y cuál es la parte más difícil de este trabajo?

La diversidad y el propio vuelo. Este trabajo requiere de buenos conocimientos técnicos y preparación para llevar a cabo diferentes experimentos científicos. Durante un día, en el espacio te toca realizar decenas de trabajos diferentes. Lo más difícil es la responsabilidad, soportar esa carga y hacer bien el trabajo.

Cosmonauta Yuri Gagarin

Cosmonauta Yuri Gagarin.

Foto:

Agencia Espacial Rusa

Peggy

La astronauta de la NASA Peggy Whitson.

Foto:

EFE/EPA/SERGEI ILNITSKY

Terry Virts, astronauta

Terry Virts es uno de los cuatro que han piloteado un transbordador, volado en los Soyuz rusos, comandado la estación internacional y hecho caminatas espaciales.

Foto:

Terry Virts / Nasa

¿Cómo se imagina el futuro de la exploración espacial para Rusia y para el resto del mundo?

Creo que el futuro de la cosmonáutica en general, tanto la rusa como la mundial, se centrará en el uso de los medios automatizados. Se continuarán las investigaciones y la exploración. Nuestras aspiraciones serán dirigidas inicialmente hacia la Luna y, después, más allá, hacia Marte. Probablemente, la exploración del espacio en el futuro será una combinación razonable de aparatos automatizados con los piloteados.

La astronáutica ya alcanzó un nivel en el que para acceder al ‘club espacial’ un país ya no necesita hacerlo todo desde el principio

¿Piensa que en el futuro podemos enfrentar otra carrera espacial como la de los años 60 y 70?

Creo que no se puede hablar de que hemos enfrentado tal carrera, pues sería una definición incorrecta. Probablemente sea más correcto hablar de una especie de competición, o también, de una asimilación conjunta. Fuimos los primeros en lograr ciertas cosas, como lanzar el primer satélite (Sputnik-1) y al primer ser humano. La primera mujer en el espacio emprendió su vuelo en una nave soviética y también logramos la primera salida al espacio abierto. Los estadounidenses fueron los primeros en alunizar. Fue una competición técnica que fomentó un desarrollo bastante rápido de la tecnología espacial. Pero la experiencia nos dice que siempre será mejor cooperar que competir, que privarnos de las grandes posibilidades que brinda la ayuda mutua.

¿Entonces, ahora no hay ninguna competencia?

Sí la hay. La competencia es un proceso natural de cualquier actividad humana. Siempre hubo y siempre habrá.

Recientemente, Roscosmos y Nasa anunciaron que trabajarán juntos en una base lunar. ¿Cuál será el papel de Roscosmos en esta labor?

Hemos venido trabajando juntos durante varios años. La Estación Espacial Internacional es un ejemplo de esa cooperación entre grupos internacionales de científicos e ingenieros. En cuanto a este trabajo en particular, nos acercamos a la fase en que terminan las investigaciones exploratorias, perfilando el contorno de la futura estructura que vamos a construir juntos y que se encontrará en la órbita lunar alta. Cada país propone lo que más le interesa en este proyecto. Así, cada nación ofrece diferentes módulos, y Rusia hace lo propio. En el futuro, el objetivo es tener el segundo tramo del sistema transportador en la esfera circunlunar, que será posible con los cohetes extrapesados y con el nuevo vehículo espacial tripulado.

¿Cuáles son, desde su punto de vista, los principales obstáculos que enfrenta Roscosmos en lo que concierne a la exploración del espacio?

Debemos aprender a hacer maquinarias más seguras. Y está claro que todo esto sucede bajo ciertas condiciones y restricciones de financiamiento. Pero estos problemas son comunes para todos los países. Por cierto, en lo que se refiere a la nueva infraestructura circunlunar, hasta ahora ninguna de las agencias ha asignado una cantidad concreta de dinero para financiar este proyecto. Hoy estamos tan solo calculando los recursos necesarios para hacerlo.

¿Cuál es su consejo para un país como Colombia, que sigue sin tener su propio programa espacial? ¿Cuáles deberían ser las prioridades?

Creo que cada país debe determinar por sí mismo esas prioridades. Lo interesante es que la astronáutica mundial ya alcanzó un nivel en el que para acceder al ‘club espacial’ un país ya no necesita hacerlo todo desde el principio, tener sus propios cosmódromos o crear infraestructuras caras.

Hay países desarrollados que llevan mucho tiempo trabajando en el espacio cósmico y aún no llegan a enviar a un ser humano al cosmos, como sí lo hacen China, Estados Unidos y nosotros. Francia, por ejemplo, lanza naves espaciales y sus propios satélites desde diferentes cosmódromos y sus astronautas viajan al espacio; sin embargo, todavía no son capaces de crear su propia infraestructura para hacer los lanzamientos de humanos.

Hay países que lanzan satélites de comunicación, y otros los utilizan y procesan la información obtenida con esos satélites o participan en el mejoramiento del campo global de navegación (el GPS y el sistema ruso Glonass). Son solo algunas de las opciones para participar. No es necesario hacerlo todo por sí mismo. Y ya existe un sistema de división de trabajo internacional en esta materia.

Pero, en términos generales, participar es caro, ¿no?

Si uno quiere solo procesar fotografías, es relativamente barato: se puede comprar una fotografía, procesarla, obtener la información necesaria y utilizarla en el futuro a su antojo. O se puede hacer investigación encargando un experimento en la Estación Espacial Internacional. Es un sistema flexible. Antes había que invertir grandes recursos para poder lanzar algo al espacio cósmico, pero ahora estas posibilidades están abiertas y disponibles, y esto les permite a muchos países, como Colombia, con diferentes capacidades financieras, participar.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Redacción EL TIEMPO @nicolasb23

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