La vida salvaje que muere por el consumo de potencias mundiales

La vida salvaje que muere por el consumo de potencias mundiales

Por ejemplo, el café que toman en EE. UU. presiona el hábitat del mono araña en Centro América.

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El aceite de oliva de España y Portugal exportado a EE. UU. afecta al lince ibérico.

Foto:

Archivo Particular

06 de enero 2017 , 11:25 p.m.

¿Qué impacto tiene consumir en Estados Unidos un café centroamericano o aceite de oliva español para la fauna de los países de origen? Por primera vez, un mapa global detalla cómo las exportaciones amenazan las especies.

Esta cartografía es resultado de una investigación de los científicos Daniel Moran y Keiichiro Kanemoto, de la Universidad de Shinshu (Japón), en la que lograron establecer cómo los productos exportados hacia Estados Unidos, China, Japón y la Unión Europea tienen un impacto sobre la biodiversidad que se halla a miles de kilómetros.

Según el estudio –publicado esta semana en la revista Nature Ecology & Evolution–, para obtener café o tofu, por ejemplo, se arrasaron bosques en Mato Grosso (Brasil) o Sumatra (Indonesia), agravando la situación de las especies ya en peligro de extinción. Los productos manufacturados, desde los iPhones hasta los muebles de Ikea, también contribuyen al declive de la vida salvaje.

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El valor de esta investigación es que – aunque ya se había estimado que el comercio internacional ponía en peligro el 30 por ciento de las especies amenazadas– por primera vez se relacionaron las regiones con los ‘puntos calientes’ de biodiversidad (lugares con alta densidad de especies por kilómetros cuadrado) con una base de datos sobre la cadena de suministros, producción y comercialización de los productos.

El nuevo informe, que se centró en casi 7.000 especies marinas y terrestres amenazadas, señala a los países que ponen más en peligro la biodiversidad debido a los productos que importan.

Entre los hallazgos más contundentes, los investigadores identificaron cómo el consumo en Estados Unidos amenaza a especies en la costa este y oeste del sur de México, en América Central, el sur de Europa, el Sahara en África, el sureste de Asia o Canadá.

Para el caso de Japón, la presión de este país se concentra especialmente en el sudoeste de Asia. Los focos naturales que afecta están en regiones como la isla Nueva Bretaña, donde se extrae palma de aceite y coco. También hay afectación en las tierras de Nueva Guinea, Malasia, Vietnam y el Estado de Brunéi.

Con los bienes que demanda, la Unión Europea afecta a importantes rincones megadiversos en Marruecos, Libia, Camerún, Etiopía, Madagascar, Zimbabue y Malawi.

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Hallazgos inesperados

Una de las revelaciones es que la producción de aceite de oliva en España y Portugal que se exporta a Estados Unidos tiene un efecto directo sobre el lince ibérico –en peligro de extinción–, debido a la construcción de presas para controlar la irrigación.

Otro dato: alrededor del 2 por ciento de la amenaza que pesa sobre la rana arlequín en Brasil puede ser atribuida directamente a la explotación forestal relacionada con la producción de bienes destinados a Estados Unidos. En el sur de Brasil, la deforestación para los pastos destinados al vacuno pone en peligro al mono araña, una especie también amenazada en América Central por la producción de café.

Keiichiro Kanemoto, autor del estudio, asegura que ha identificado “lugares amenazados sobre todo por un pequeño número de países”.

El mapa “debería facilitar que se iniciara una colaboración directa entre productores y consumidores”, añadió.

Actualmente, el 90 por ciento de los más de 6.000 millones de dólares movilizados cada año para la conservación de las especies es invertido en las naciones ricas, donde precisamente se recauda ese dinero.

Para los expertos, es urgente hallar nuevas soluciones ante la pérdida de biodiversidad, especialmente porque los cálculos de este estudio no cubren el impacto del comercio ilegal en la vida salvaje, como, por ejemplo, la caza de elefantes para obtener marfil o la captura de pájaros y reptiles exóticos para venderlos como mascotas.

Muchos animales y plantas están protegidos por la Convención de la ONU sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas y Fauna y Flora Salvaje (Cites), pero el tráfico ilegal, valorado en 150.000 millones de dólares por año, sigue viento en popa.

Las últimas alertas de la ciencia sobre la biodiversidad

Se pierde la vida en los océanos

Como nunca antes en la historia de la Tierra, la vida en los océanos está viviendo una extinción sin precedentes, según una investigación de la Universidad de Stanford, publicada por la revista ‘Science’ en octubre del 2016. Debido a la sobrepesca y al cambio climático, se predice la extinción del 24 al 40 por ciento de los vertebrados y moluscos marinos. Los animales más grandes serían los más vulnerables por ser los más perseguidos por los pesqueros ilegales.

El planeta se queda sin los vertebrados

En cerca de 40 años se disminuyó el 58 por ciento de la abundancia de los animales vertebrados en el mundo, según advirtió –a finales del 2016–, el informe Planeta Vivo, que elabora el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés).

El reporte calculó que las poblaciones han disminuido 38 por ciento desde 1970, a un ritmo anual de 1,1 por ciento, en promedio. Al igual que ocurre en los océanos, la sobreexplotación es la causa de las amenazas al 60 por ciento de las poblaciones decrecientes de mamíferos.

Jirafas y aves, en el filo de la extinción

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ingresó a su Lista Roja de animales en peligro de extinción a 700 especies de pájaros. También hizo un llamado de atención por el declive de la población de las jirafas.

Las poblaciones de este carismático animal –y el más alto de los mamíferos– se han perdido en un 30 por ciento en los últimos 40 años debido, especialmente, a la pérdida de su hábitat y a los conflictos bélicos en África.

Frailejón ‘Presidente’, la nueva especie que le dedicaron a Santos

En un páramo que durante muchas décadas estuvo vedado para la ciencia debido al conflicto armado, investigadores hallaron una nueva especie de frailejón que honrará con su nombre los esfuerzos de paz del presidente Juan Manuel Santos.

La nueva especie, Espeletia praesidentis, fue hallada en el páramo Presidente –que casualmente ostenta ese nombre– a 28 kilómetros del sur de Chitagá, de Norte de Santander. Ocurrió en una expedición, en el 2009, en la que los autores se encontraron con guerrilleros. El hallazgo, que se publicó en el Journal PhytoKeys, es de la autoría de los investigadores colombianos Mauricio Diazgranados, quien trabaja en el Royal Botanic Gardens Kew, y de Luis Roberto Sánchez, del departamento de Biología y Química de la Universidad de Pamplona.

“La etimología de la nueva especie hace referencia tanto a aquel páramo, marcado por la guerra, como al presidente Santos, por sus reiterados esfuerzos en la búsqueda de la paz. La dedicatoria es también un llamado a continuar fortaleciendo las acciones de conservación de la biodiversidad del país, cuyo futuro podría estar en riesgo durante el posconflicto”, aseguró Diazgranados.

De acuerdo con los investigadores, se encontró una gran población de esta especie, pero el área de páramo estudiado no cuenta con una medida de protección y se evidencian señales de pastoreo. Además, muy cerca de este sitio se extiende plantaciones de papas que están sobre tierras que antes eran de páramo.

De hecho, por estas condiciones, los investigadores consideran que esta nueva especie “probablemente está en la categoría de peligro crítico” de extinción.

Los frailejones son la especie más representativa de los ecosistemas de páramo y son claves para la captura del agua que eventualmente abastece de este recurso a las principales ciudades del país.

“Son fuente de vida y, por lo tanto, su conservación debe ser innegociable. Además, tienen un altísimo grado de endemismo, es decir, cada páramo tiene especies únicas. Por esto, las políticas de conservación no solo deben apuntar a proteger el ecosistema en términos generales, sino la singularidad de cada una de estas ‘islas del cielo’, como son llamados los páramos en la literatura académica”, sigue Diazgranados.

Lo que se conoce

Según este experto, nunca antes se habían hecho tantos esfuerzos públicos –como las investigaciones del Instituto Humboldt– para conocer y cuidar los páramos. “Sin embargo, la presencia del Estado es muy baja o nula en muchas de estas áreas, a la vez que actividades agropecuarias y mineras aceleran la destrucción de estos ambientes”, añade. Además –agrega– “el cambio climático presupone un riesgo inevitable que amerita todos los esfuerzos para monitorear las especies de páramo y mitigar los impactos sobre su conservación”.

Según la publicación científica, hay 72 especies de frailejones del género Espeletia (incluida la nueva especie), que se distribuyen desde los páramos de Lara, en Venezuela, hasta los páramos Llanganates, en Ecuador.

En Colombia hay actualmente 88 especies de frailejones; en Venezuela, 68; y en Ecuador tan solo uno.

Actualmente, 20 ecosistemas de páramos han sido delimitados por el Ministerio de Ambiente, pero el reto es llevar la aplicación de esos nuevos límites a un uso sostenible en los territorios.

EL TIEMPO
Con información de AFP

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