ESO, el ojo europeo en los cielos del sur

ESO, el ojo europeo en los cielos del sur

La coordinadora de divulgación del Observatorio Europeo Austral habla sobre este programa.

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Laur Ventura, coordinadora de divulgación del Observatorio Europeo Austral (ESO).

Foto:

Juan Diego Buitrago

04 de noviembre 2016 , 11:14 a.m.

Solo fue gracias al espectógrafo Buscador de Planetas por Velocidad Radial de Alta Precisión (Harps, por sus siglas en inglés) que la comunidad científica internacional tuvo total certeza de la existencia de Próxima b, el planeta similar a la Tierra que orbita a Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol, descubierto hace poco. La confirmación puso a los astrónomos a especular sobre la posibilidad de que haya vida en ese planeta, que se encuentra en la denominada zona de habitabilidad de su sistema solar.

Fue tal la precisión del hallazgo de Harps que la probabilidad de un falso positivo en la observación se situó en 1 en diez millones. Dicho instrumento hace parte del repertorio del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), un complejo de observatorios producto de la colaboración internacional entre 14 países del viejo continente, Brasil y Chile, que es el anfitrión y en cuyo territorio se encuentran todos los telescopios.

En total, ESO cuenta con más de 50 instrumentos para la observación espacial desde la Tierra, repartidos en tres observatorios: Paranal (Antofagasta), La Silla (La Higuera) y Alma (desierto de Atacama). Algunos de los telescopios más representativos de ESO son el New Technology Telescope (NTT), el Telescopio de 3,6 metros, Alma y el Very Large Telescope (VLT), cada uno con objetivos distintos (ver gráfico).

Esta semana estuvo en Colombia Laura Ventura, coordinadora de divulgación de ESO, quien visitó la capital para dictar dos charlas sobre ‘En qué mundo vivimos’ y ‘En qué universo vivimos’, las cuales, dice, son un ejercicio de humildad, de pensar en cuán insignificantes somos en nuestro hábitat.

¿Cómo funciona ESO?

Nuestra misión es construir y operar grandes instalaciones astronómicas para la observación desde la Tierra; los Estados miembros no tienen tiempo garantizado de observación, pero sí participación en la toma de decisiones y acceso preferencial a los contratos para la industria, diseño, construcción y operación de grandes observatorios, y los telescopios están abiertos a astrónomos de cualquier lugar del mundo. Chile, por su parte, provee la materia prima, que son los cielos de excelente calidad, los suelos para construir los telescopios y garantiza la inmunidad diplomática a la organización.¿Por qué Europa decide construir un observatorio en Suramérica?

ESO nació en 1952 como un acuerdo entre Alemania, Bélgica, Francia, Holanda y Suecia, gracias a que, pese a ser todos países con gran tradición astronómica, en la Europa de la posguerra ninguno de ellos podía emprender un proyecto de este tipo solo, y queríamos observar los cielos del sur. También fue una manera de hacerles algo de contrapeso a los estadounidenses, que ya tenían telescopios de 5 metros en Monte Palomar (California).¿Qué tienen de especial los cielos del hemisferio sur?

La porción de cielo que uno ve depende críticamente de la latitud del lugar en el que se está. En el hemisferio sur se ven el centro galáctico y dos objetos muy importantes para el estudio de distintos tipos de estrellas: las dos Nubes de Magallanes, galaxias muy cercanas a la nuestra. Al llegar al desierto de Atacama, los europeos se dan cuenta de que las mediciones arrojan datos muy claros y de que este ofrece condiciones muy superiores a las del desierto Karoo sudafricano, que era la otra opción.¿Cuáles han sido los principales aportes de ESO?

Hacemos ciencia en todos los campos de la astrofísica actual, desde cuerpos del sistema solar hasta los más lejanos que se hayan detectado en el universo, como galaxias primordiales y explosiones de rayos gama, que son las más violentas que se conozcan después de la formación del universo, y que tienen la radiación más energética del espectro electromagnético. Además de los exoplanetas (como Próxima b), también estudiamos el agujero negro supermasivo (4 millones de veces más masivo que nuestro Sol) en el centro de nuestra galaxia, cuya existencia demostramos. Acabamos de instalar un instrumento llamado Gravity, con el que estudiaremos el borde de ese agujero negro, en el denominado en física como horizonte de los eventos.Una de sus apuestas futuras más importantes es el Telescopio Extremadamente Grande. ¿En qué va?

Ya está listo el terreno. La construcción debe empezar a principios del 2017 y va a ser un telescopio óptico con un espejo primario de 39 metros de diámetro y será el más grande del mundo. Su espejo estará compuesto por 798 partes hexagonales que trabajarán como si fueran un solo espejo. Con él, esperamos ser capaces de captar la luz de planetas similares a la Tierra.

NICOLÁS BUSTAMANTE H.
Redactor de EL TIEMPO

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