Los drones son los nuevos 'ojos' de los científicos de la agricultura

Los drones son los nuevos 'ojos' de los científicos de la agricultura

Este dron de ocho hélices capta imágenes de alta calidad de los cultivos del Valle del Cauca.

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Los drones tienen ocho hélices con cámaras multiespectral y RGB, que captan la reflectancia de los cultivos de arroz y permiten determinar cómo se está comportando la planta.

Foto:

Cortesía-Neil Palmer (Ciat)

14 de diciembre 2016 , 03:29 p.m.

Las fotografías que alcanzan a tomar cuando llegan hasta los 20 metros de altura no tienen como destino hacer parte de una película sobre el campo colombiano. Lejos de emplearse para tal fin, en Palmira, Valle del Cauca, los drones se están convirtiendo en los mejores aliados de los investigadores del Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat).

Sobre un campo de cultivos de arroz, donde hay 326 parcelas con 27 diferentes líneas de este alimento, una especie de araña de plástico se levanta hacia el cielo. Se trata del octocóptero, un dron de ocho hélices en las cuales se ubican dos cámaras: una multiespectral, que logra captar seis diferentes longitudes de onda (incluso las que no son visibles para el hombre), y otra cámara RGB, que lee los colores rojo, verde y azul.

“La función de los drones es cargar estas cámaras especializadas, que capturan la reflectancia del cultivo. Es como si pudieran medir el reflejo de un espejo”, asegura Milton Valencia, asistente de investigación del proyecto, que emplea estos drones para identificar cuáles variedades de arroz se comportan mejor ante la sequía y aprovechan de manera eficiente el nitrógeno que se aplica para hacer rendir el cultivo.

La aplicación de esta nueva tecnología supone una revolución en la manera en que por años se venía trabajando para identificar las mejoras de los genotipos del arroz. Antes se requería que el personal recorriera varias hectáreas, tomara cada planta, la cortara y la llevara a analizar al laboratorio.

También, muchas de las observaciones dependían del ojo del investigador, lo que hacía de la evaluación un asunto muy subjetivo.

Cristhian Delgado, investigador visitante en el Ciat e ingeniero electrónico, explica: “El análisis de las imágenes ayuda a validar el poder científico de las investigaciones. Se necesita adquirir buen material para poder obtener resultados metodológicamente válidos. Es así como la tecnología ayuda a la ciencia”.

Además de las cámaras, en su vuelo por los cultivos de arroz, el dron lleva los sensores que permiten leer las cualidades de la siembra. Esa lectura depende de la luz que las plantas desprenden después de haberla tomado del sol.

Ese porcentaje de reflectancia es el que captan los sensores, y posteriormente aporta unos valores matemáticos que, luego de ser aplicados a ecuaciones matemáticas preestablecidas, arrojan un número único conocido como índice de vegetación.

Esta cifra se puede correlacionar con los valores de criterios como el aprovechamiento del agua o la cantidad de nitrógeno que requiere la planta de arroz para sus procesos. Y es así como se puede saber qué línea de arroz puede resultar más efectiva para los agricultores.

“Si se quiere medir el nivel de agua, se utilizan cámaras térmicas que pueden medir el calor de la planta. Si se quiere evaluar el verdor de la planta, se puede emplear una cámara convencional. Para otro tipo de parámetros se necesita la cámara infrarroja”, detalla Delgado.

Mientras el dron hace su vuelo, en tierra, desde el puesto de control, se evalúa la trayectoria, que previamente –como un plan de vuelo– es diseñada por los investigadores.

Estos drones están funcionando a modo de ‘lupas’ controlables, porque, debido la altura a la vuelan, logran tener una resolución de un centímetro por pixel, lo que funciona muy bien para plantaciones de menor tamaño, donde varía el tipo de variedad plantada de una parcela a otra.

Las imágenes que por ahora se han recolectado en Valle del Cauca están siendo analizadas en Japón, debido a que este proyecto de biotecnología se hizo a través del Alianza de Investigación en Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Sostenible (Satreps, por sus siglas en inglés), con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (Jica) y de la Agencia de Ciencia y Tecnología de Japón (JST).

En la iniciativa también ha participado el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR), la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz), el Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego (Flar), la Universidad del Valle y la Universidad de Tokyo.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Redactora de EL TIEMPO

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