¿Qué pasó con la promesa de estar entre los países más innovadores?

¿Qué pasó con la promesa de estar entre los países más innovadores?

En el 2015, presupuesto para ciencia fue de $337.000 millones. En el 2018 será de $222.000 millones.

Presupuesto para ciencia

El presupuesto de ciencia y tecnología para el próximo año se vería reducido en 41,5 por ciento.

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Reuters

28 de agosto 2017 , 02:25 p.m.

En octubre del 2015, cerca de doscientos líderes empresariales, académicos y científicos fuimos invitados al Palacio de Nariño a conocer el nuevo Conpes de Política de Desarrollo Productivo. Ese día, el presidente Juan Manuel Santos, acompañado de varios consejeros presidenciales y ministros de su gabinete, anunció el plan para convertir a Colombia en el tercer país más innovador de América Latina. Además, presentó la meta de inversión del 1 % del PIB en Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (ACTI).

Para el público que asistió fue muy grato escuchar una política de Estado en la que se reconociera la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación como motores de desarrollo económico y social del país. Algunos incrédulos alcanzamos a preguntar de dónde saldrían los recursos del presupuesto que permitirían hacer de la Política de Desarrollo Productivo una realidad. Sin embargo, las noticias de las últimas semanas sobre el recorte sustancial al presupuesto destinado a la ciencia e innovación, cercano a un 42 % para el próximo año, evidencian plenamente que nuestras sospechas ese día eran ciertas.

La correlación entre competitividad e innovación es reconocida por gobiernos, empresarios y académicos del mundo. El Índice de Innovación Global promovido por Cornell y WIPO define una batería de indicadores para medir qué tan innovador es un país. Entre los indicadores más relevantes se destacan el número de doctorados, el registro de patentes por millón de habitantes y el nivel de interacción entre la universidad y la empresa. La inversión en ciencia es un pilar fundamental en esta ecuación.

Actualmente, el país destina el 0,22 % del PIB en investigación y desarrollo, una contribución tan baja que hay 85 países por encima de Colombia con una inversión más alta, entre estos, Etiopía, Togo y Zambia. En el 2015, el presupuesto asignado para la ciencia fue de $337.000 millones y en el 2018 será de $222.000 millones, una pésima noticia para la comunidad científica, académica, para las empresas que aspiran a competir en un mundo más globalizado y para la sociedad en general que se perderá de innovaciones que resuelvan los grandes retos sociales de nuestro país.

Las políticas del gobierno del presidente Santos han tenido grandes aciertos. La creación de Innpulsa y la promoción y financiación del emprendimiento han generado un impacto importante en la consolidación de emprendedor. Hoy, gracias a las políticas e instrumentos, Colombia ha ascendido en los escalafones internacionales de emprendimiento del puesto 79 en el 2015 al 44 en el 2016. Igualmente, el Ministerio de las TIC ha desarrollado un sinnúmero de programas de impacto que han ampliado significativamente la cobertura de redes, el acceso a internet y el desarrollo de software y aplicativos en el país.

Por su parte, Colciencias, a pesar de ser la más desfinanciada del sector, ha logrado resultados muy interesantes. En el 2016 financió 1.800 maestrías y doctorados, y asignó el cupo de beneficios tributarios para empresas en un 100 %, el cual asciende a 500.000 millones de pesos. En el último año, gracias a su apoyo, el grupo de 60 organizaciones socias de Connect Bogotá Región han impulsado un Pacto por la Innovación que busca que para el 2019 se invierta el 1,8 % del PIB de la región en ACTI. Además, logró aumentar un 30 % el número patentes radicadas en la capital y apoyó la creación de Oficinas Regionales de Transferencia de Tecnología (OTRIs), fundamentales para promover la transferencia y adopción tecnológica en la industria.

Parece difícil creer que el gobierno del presidente Santos haya asegurado con tanto entusiasmo que Colombia sería uno de los tres países más innovadores en América Latina y que, dos años después, asigne un presupuesto a Colciencias que representa la tercera parte del asignado en el inicio de su gobierno. Es claro que esta decisión va en contravía de las buenas prácticas esbozadas por las economías más competitivas del mundo y en particular de aquellas que conforman el grupo de la OCDE, que tanto queremos emular.

Como dijo Moisés Wassermann, exrector de la Universidad Nacional en su cuenta de Twitter: “Si a eso se suma lo que pasó con regalías y con ambiente, la única conclusión es que asumimos el subdesarrollo como vocación”.

Estoy segura de que, con tantos logros, este Gobierno no querrá pasar a la historia como el que trazó ese derrotero. Y si esa es la decisión, de formar parte del club de los subdesarrollados, que por lo menos seamos sinceros y fijemos una nueva meta de ser uno de los tres países más innovadores de los países ubicados en la línea ecuatorial o su equivalente.

DIANA GAVIRIA
Directora ejecutiva de Connect Bogotá Región, la alianza por la innovación de Bogotá y Cundinamarca.

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