Del turbulento 2016 al frío 2017 / Max Henríquez

Del turbulento 2016 al frío 2017 / Max Henríquez

Pasamos del Niño a la Niña, tal como de la guerra a la paz, y, en ambos casos, para bien del país.

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El terremoto de la ciudad de Amatrice, en el centro de Italia, dejó cerca de 300 muertos. Uno de los hechos del año.

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Reuters

12 de enero 2017 , 10:25 p.m.

Tal como la política, el clima fue muy movido en el 2016. Comenzó con aguas cálidas en decadencia en el Pacífico tropical ecuatorial a unas frías a finales de año. Pasamos del Niño a la Niña, tal como de la guerra a la paz, y, en ambos casos, para bien del país.

El del 2015/2016 fue uno de los fenómenos más intensos que se han presentado en ese océano en toda su historia, y sus repercusiones fueron severas en multitud de países de varios continentes, incluida Colombia, donde la sequía fue el factor común de mayor efecto económico y social. Se puede afirmar que comenzamos secos y terminamos mojados.

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A nivel mundial se destacaron los terremotos en Asia y Oceanía de 7,8 grados en la isla sur de Nueva Zelanda, el cual originó una alerta de tsunami y mucha destrucción material. Y el de la provincia de Aceh (Indonesia), que dejó cientos de muertos y casi 60.000 desplazados en la misma región donde ocurrió en el 2004 el potente temblor y posterior tsunami en el que murieron 230.000 personas.

En Europa, los terremotos de agosto y octubre en el centro de Italia fueron de alto impacto, al destruir varias poblaciones vulnerables por sus históricas construcciones, muy frágiles ante los movimientos sísmicos, y por la combinación con una falla superficial que produjo el sismo de 6,2º, casi 300 muertos y alta devastación, especialmente en la localidad de Amatrice. Entre tanto, en España, la costa mediterránea fue barrida por una borrasca, la más intensa del año, que afectó desde Andalucía hasta Cataluña en diciembre, como hacía muchos años no se veía.

La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de España confirmó que cayeron lluvias de más de 200 litros por metro cuadrado en las provincias de Alicante y Valencia en solo 24 horas, lo que provocó amplias inundaciones, puentes destruidos y miles de familias afectadas.

En América, el año 2016 tuvo dos grandes eventos, uno geológico y el otro oceánico-atmosférico. El terremoto de abril en Ecuador, con una magnitud de 7,8 grados y epicentro entre Pedernales y Cojimíes, provincia de Manabí, ha sido el más destructivo presentado en la costa pacífica desde el gran terremoto de 1979, el cual produjo el tsunami devastador en la costa colombo-ecuatoriana. Y, sin duda, el evento del año para nosotros fue el paso del huracán Matthew sobre La Guajira como categoría 5, el primero en la historia conocida de estos sistemas ciclónicos desde 1850 que se posa sobre territorio nacional. Esto hizo que cayeran 222 mm el primero de octubre en la estación meteorológica del Ideam en Cartagena, 142 mm en Santa Marta y 95,7 en Valledupar. La madrugada de ese primer día de octubre de 2016 pasará a la historia meteorológica del país por Matthew con 260 km/h montado sobre La Guajira.

El paso del fenómeno del Niño a la Niña y Matthew fueron lo más destacado, sin duda, en materia de desastres de origen natural de 2016. Durante el primer semestre del año fue notoria la sequía y se registraron déficits de agua en departamentos como Bolívar, Magdalena, los Santanderes, Risaralda, Boyacá, el Tolima, Nariño, la zona cafetera y el Huila. El caso más extremo fue en Cúcuta y Norte de Santander, donde solo se registró el 47 % de las lluvias esperadas, junto con los departamentos de Bolívar y el Magdalena. En cambio, en el segundo semestre comenzó a llover en forma al cambiar de signo las anomalías térmicas del océano Pacífico y se formó un evento de la Niña, que solo vino a ser declarado como tal en los últimos meses del año. Boyacá y Casanare, y gran parte de la región caribe estuvieron pasados en la cantidad de lluvia acumulada, y en departamentos como La Guajira llovió como nunca durante varios meses.

La Niña no ha terminado aún, y la perspectiva es que primero se debilite un poco en el primer trimestre del 2017, pero luego se reactive hacia mediados de año y en el segundo semestre, lo que traería, creo yo, buenas noticias para la economía nacional, especialmente la agrícola, que se beneficia enormemente en años con lluvia. Este enfriamiento del océano, si se refleja en la política, nos dará mucha tranquilidad en el 2017.

MAX HENRÍQUEZ DAZA
Metereólogo

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