Deforestación amenaza al parque natural más grande del país

Deforestación amenaza al parque natural más grande del país

La tala de bosque avanza a pocos kilómetros del área de Serranía de Chiribiquete en la Amazonia.

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El parque nacional natural Serranía de Chiribiquete es reconocido por los tepuyes, formaciones rocosas que emergen de la meseta amazónica.

Foto:

Francisco Forero Bonell

19 de septiembre 2016 , 06:56 a.m.

A solo 10 kilómetros, por el sector del río Caguán en la Amazonia colombiana, la deforestación avanza con una frecuencia preocupante hacia zonas del parque nacional Serranía de Chiribiquete, el parque más grande que tiene Colombia y conocido como el ‘mundo perdido’ del sur del país.

Este frente de deforestación, que se abre paso en la medida que se va borrando del mapa la tupida vegetación amazónica, es solo uno de los tres focos que vienen creciendo en las áreas aledañas al parque y que podrían convertirse en la puerta de entrada de este mal a una zona considerada como la mejor conservada del territorio nacional y que por su tamaño es una de las seis áreas protegidas de mayor extensión de Suramérica.

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De acuerdo con el reciente informe del Sistema de Monitoreo de Bosques del Ideam, además de las presiones que se están presentando desde el municipio de Cartagena del Chairá a través del río Caguán –por la ampliación de los terrenos agrícolas y para cultivos ilícitos–, hay áreas con fuerte deforestación por el sector norte, desde las sabanas del Yarí, y por el oriente, del lado del municipio de Miraflores en Guaviare.

(Deslice la barra para ver el avance de la deforestación en los límites del parque Chiribiquete, hacia el norte)

Hace 25 años se tenía a la zona de sabanas del Yarí completamente aislada, solo había acceso por el río Guayabero, pero ahora tenemos varias zonas deforestadas y hay lugares donde es más fácil llegar en carro”, explica Edersson Cabrera, coordinador del Sistema de Monitoreo de Bosques del Ideam.

Para Cabrera, si estos focos siguen ganando terreno, “la conservación del parque no está asegurada” y se podrían perder bosques milenarios, que incluso en otras zonas cercanas ya han sido arrasados en menos de 25 años.

La tala de árboles para el tráfico ilegal de madera, la introducción de pastos para el ganado y la creación de zonas para el cultivo de coca son los principales motores de la deforestación en esta zona.

(Además: La tala ilegal de árboles que azota al Guaviare)

Fernando Trujillo, director de la Fundación Omacha e investigador de los ecosistemas del sur del país, relata que en los últimos sobrevuelos que se han hecho en la zona se encuentran fincas de gran extensión en puntos completamente remotos e incomunicados, cuya finalidad puede ser el cultivo ilícito.

Para el investigador, a medida que esto se vaya dando, cabe la posibilidad de que empiecen a encontrarse asentamientos en áreas cercanas al parque natural, lo que supondría posteriormente más conflictos para su conservación.

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Nos preocupa muchísimo cómo se ha venido dando la deforestación. Hasta hace muy poco, el parque estaba alejadísimo de toda intervención humana. Nuestra prioridad es mantener la integridad de Chiribiquete, que es nuestra joya nacional, y que buscamos ingrese a la lista de sitios Patrimonio de la Humanidad”, señala Julia Miranda, directora de Parques Nacionales Naturales.

De hecho, actualmente esta entidad trabaja para entregarle a la Unesco un informe en el que se detallan las razones tanto científicas como culturales para que Chiribiquete sea incluido en el listado.

“Para que ingrese, la integridad del parque tiene que estar garantizada. Estamos diseñando una estrategia de control y vigilancia en sitios estratégicos y con la Fuerza Aérea buscamos una alianza para ubicar radares y control a distancia del parque”, explicó Miranda.


Alta biodiversidad
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deforestacion amenaza la serrania de chiribiquete

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Chiribiquete es reconocido por sus famosos tepuyes, zonas rocosas del periodo precámbrico, que emergen en medio de la meseta amazónica y que tienen sobre su superficie un conjunto de pictografías único, que data de comunidades muy antiguas que poblaron el continente.

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Sin embargo, su valor va más allá de las formaciones rocosas. Este parque, con más de 2’700.000 hectáreas, es uno de los últimos enclaves que conectan a las regiones del Orinoco, la Amazonia y los Andes. Además, se tiene el indicio de la presencia de comunidades indígenas no contactadas que viven en los sectores norte, occidente y oriente.

Por estas razones, de no frenarse la deforestación en áreas aledañas, tal riqueza se vería en peligro.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Redactora de EL TIEMPO

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