Claves sobre tecnología satelital y el futuro de la ciencia en el país

Claves sobre tecnología satelital y el futuro de la ciencia en el país

A la pregunta de si Colombia necesita un satélite, la respuesta del autor es: necesita al menos dos.

Satélites

Debemos tener satélite para incentivar la innovación tecnológica y crear así nuestra propia industria.

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AFP

22 de noviembre 2017 , 07:29 p.m.

1) La carrera espacial comenzó con la Guerra Fría, que enfrentó a las dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, y con el lanzamiento del Sputnik 1. Desde 1957, los hombres han vivido a bordo de naves espaciales, han caminado sobre la Luna, y han puesto en el espacio satélites de comunicaciones, misiones científicas que han explorado planetas de nuestro sistema solar, y el telescopio espacial Hubble, que ha descubierto nuevos planetas en la Vía Láctea, agujeros negros y ha permitido explorar el universo con una resolución que duplica la de los telescopios terrestres. Incluso, el Hubble fue concebido para ser mejorado y reparado por astronautas a bordo de los transbordadores espaciales norteamericanos.

Gracias a las misiones espaciales hemos conocido la edad del universo, desarrollado nuevos fármacos, y de las tecnologías desarrolladas para esas misiones se han derivado la tomografía computarizada y las imágenes por resonancia magnética. Incluso para paliar un defecto que tenía el espejo del Hubble antes de su cambio desde el transbordador espacial, se desarrolló un algoritmo, el mismo que hoy se utiliza para detección temprana del cáncer de mama.

Todos estos logros no han tenido un desarrollo expedito; se ha fallado mucho, el conocimiento académico y teórico ha requerido del método del ensayo y el error; la creatividad y el empoderamiento del ser humano han logrado lo que parecía imposible.

2) El espacio es una fuente de progreso y de éxito tecnológico y comercial, y los sistemas espaciales juegan un papel importante en la vida de los humanos; recibimos señales de televisión en nuestros hogares, viendo acontecimientos que se desarrollan en cualquier lugar del mundo; los estudiantes en escuelas remotas pueden tener acceso a la educación a distancia y utilizar internet como fuente de investigación e información que enriquezca su adquisición de conocimiento.
Los datos de los satélites de observación son la base de las predicciones meteorológicas; monitoreamos huracanes, inundaciones, terremotos, bancos de peces, etc.

Las aplicaciones de navegación se utilizan cada vez más en nuestros automóviles, embarcaciones y aeronaves. Las imágenes de los satélites nos permiten monitorear el crecimiento de las ciudades, los mapas de luz, etc.

Los satélites de comunicación también son un soporte indispensable en situaciones de emergencia y desastres cuando la red de comunicaciones terrestre colapsa. Estas son algunas de las aplicaciones espaciales que afectan nuestras vidas, sin mencionar las de defensa y seguridad, que son de la mayor importancia.

3) Por eso, a la pregunta que se hacía el diario EL TIEMPO en un artículo reciente acerca de si Colombia necesita un satélite, nuestra contundente repuesta es: Colombia necesita al menos dos satélites, uno de comunicaciones y otro de observación.

Por supuesto que estos son proyectos a largo plazo, que hay que estructurar no solo con el objetivo de adquirir satélites, sino también de adquirir conocimiento a través de la trasferencia tecnológica, que nos habilite para crear un sector empresarial completamente nuevo que permita gradualmente participar activamente en la economía espacial.

Un modelo para tomar como ejemplo es el de Arsat, de Argentina, que, con un contrato conjunto con el fabricante de satélites europeo Thales Alenia Space y la empresa argentina de alta tecnología Invat, construyó el primer satélite en suelo argentino, el Arsat 1, satélite de comunicaciones ubicado en órbita geoestacionaria.
En el 2014, Argentina migró los servicios que el Estado usaba en satélites alquilados a su propio satélite. La transferencia de tecnología les permitió a los argentinos construir completamente el satélite Arsat 2, con ello Argentina se suma al grupo de países con capacidad de producción de satélites.

4) No solo debemos tener satélite porque lo requieren más de 20.000 escuelas que no tienen acceso a internet, y pretender conectarlas a todas con la red de fibra óptica es demasiado costoso y casi imposible: la mayoría de las escuelas no están en las cabeceras municipales, están dispersas en áreas de baja densidad de población donde el acceso por satélite es el medio más adecuado, sino que debemos incentivar la innovación tecnológica para crear nuestra propia industria, y las tecnologías del espacio tienen una cadena de valor muy grande que toca a muchos campos de la industria tanto en el upstream –electrónica de radiocomunicaciones, sistemas electrónicos de control, sistemas de control térmico, elementos radiantes– como en el downstream –análisis de imágenes, radionavegación, internet de las cosas (IoT), antenas de estaciones terrenas–.

5) El ecosistema de la industria espacial forma parte importante de la vida diaria de los ciudadanos en amplio rango de sectores como la agricultura, la pesca, la tecnificación de la agricultura, de la ganadería, de la pesca; deben ser un objetivo claro de nuestros planes de desarrollo, no podemos seguir desaprovechando las innegables ventajas de nuestra ubicación geográfica; la preservación del medioambiente, el seguimiento de la minería ilegal, de los cultivos ilícitos, los problemas de movilidad día a día llevan a nuestras ciudades al estancamiento; el transporte inteligente, el desarrollo de ciudades inteligentes son una necesidad palpable, las alertas tempranas para la gestión del riesgo de desastres, la seguridad del territorio, la sociedad de la información, IoT, la salud, la educación y muchos más.

6) A la pregunta ¿qué quieres ser cuando seas grande?, nuestros niños pequeños, en su mayoría, contestan ‘quiero ser astronauta, viajar a la Luna, a Marte’.

En niños de más de 10 años ya no encontrarás la misma respuesta; no hay en nuestro país ninguna política o estrategia, ni siquiera un plan para canalizar todas esas iniciativas infantiles, tan inherentes al ser humano: ¿Qué hay más allá de las estrellas? ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos?

7) Es hora de que Colombia sea un país que desarrolle conocimiento de las ciencias aplicadas, el conocimiento tecnológico que estimule la innovación industrial, base fundamental para el crecimiento económico y la competitividad. Recordando lo que dice nuestro científico Rodolfo Llinás: “Si no hay ciencia, el país queda en manos ajenas, no tiene futuro, y seremos esclavos intelectuales”.

JAIRO ANGULO*
Especial para EL TIEMPO
*Ingeniero electrónico y especialista en telecomunicaciones de la Universidad del Cauca, con 40 años de experiencia en el campo de las telecomunicaciones en Colombia. Es dueño de la empresa STI, Soluciones en Telecomunicaciones e Informática

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