'Colombia en deuda con los humedales': investigadores

'Colombia en deuda con los humedales': investigadores

En el día mundial del ecosistema, científicos le escriben a Santos para abogar por su protección.

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Humedal es cualquier ecosistema que por sus condiciones geográficas permite la acumulación y flujo del agua

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Héctor Fabio Zamora EL TIEMPO

01 de febrero 2017 , 10:22 p.m.

El último estudio de humedales, que elaboró el Instituto Humboldt, sorprendió al revelar que el territorio colombiano es un 26 por ciento humedal, esto implica cerca de 30 millones de hectáreas. No obstante, de esas cerca del 24 por ciento ya ha sido transformado por la mano del hombre.

Por esta crítica situación algunos de los humedales, es que los investigadores Juan Carlos Gutiérrez y Alegría Fonseca de la Fundación Alma, enviaron este jueves- Día Mundial de los Humedales- una carta al presidente Juan Manuel Santos para abogar por su protección.

(Lea también: Estos son los lugares donde más se debe proteger a los humedales)

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Desde la constitución de la República de Colombia, los graves conflictos de la sociedad colombiana han dejado una gran deuda con pueblos y gentes, y en general con la naturaleza. Así, la geografía exuberante de valles, llanuras, mares y montañas ha sido vista más como un escenario del conflicto, teatro de operaciones, zona roja, fortín electoral, o “polígono” de explotación de recursos, que como territorios plenos de biodiversidad y culturas, reservas de agua y lugares de fértiles suelos en la actualidad degradados.

Cada 2 de febrero se conmemora a nivel mundial el Día Internacional de los Humedales, y en esta coyuntura instamos, señor presidente, a decidir con sensatez su definitiva protección. ¿Qué hay que conmemorar si en Colombia el 24,2% (7,332,656 ha) de los humedales evidencian conflictos derivados de acciones de alto impacto cuya tendencia es creciente? (según datos de la publicación “Colombia Anfibia” del Instituto de Investigación de los Recursos Biológicos Alexander von Humboldt).

Sin excepción pobladores urbanos y de los campos colombianos dependemos directamente de los complejos de humedales. Vale recordar que humedal es cualquier ecosistema que por sus condiciones geográficas permite la acumulación y flujo del agua, de forma temporal o permanente, constituyendo suelos y organismos adaptados a dichas condiciones.

Los humedales además son socioecosistemas, esto quiere decir que nos abastecen de agua, alimentos y materias primas; son esenciales en la regulación climática e hídrica, fertilizan suelos, controlan procesos erosivos; son hábitat de distintos pueblos y culturas, escenario preferencial para el desarrollo de conocimiento científico, aulas abiertas de educación ambiental, espacios de alto valor cultural y de disfrute estético, paisajístico, espiritual, turístico y recreativo.

El día internacional de los humedales debe ser ocasión para pasar del dicho al hecho, de la ley a la práctica, y proyectar decisiones que se correspondan con los grandes retos de adaptación y búsqueda de resiliencia en medio de un planeta afectado climática y socialmente por modelos de desarrollos basados en la aspiración de “crecimiento” económico derivado del extractivismo de bienes y recursos no renovables y un sistema crítico de producción-consumo desregulado y desmedido.

Región a región debe construirse una estrategia y agenda específica, no es la misma gestión la que requieren humedales y ríos fundamentales para hacer frente a la extrema sequía y mortandad humana en la Guajira, que la que hay que emprender en otras regiones del país. Las políticas nacionales ambientales deben concretarse en planes de inversión que se correspondan con la necesidad de protección del agua.

Cualquier obra de infraestructura, expansión urbana, desarrollo industrial, mineroenergético, agroindustrial, emprendimiento turístico, debe gestionarse sobre la base del reconocimiento de las cerca de 30.781.149 hectáreas de humedales -26% del territorio continental colombiano- de acuerdo con el Instituto Humboldt.

Esta cuarta parte del territorio colombiano es núcleo esencial de la conectividad de información genética, materia y energía; su ecosistema es conector de la humedad del aire, receptor y administrador de aguas y sedimentos de cuencas sobre planicies, fuente de recarga e intercambio con acuíferos, lugares de reproducción de la megadiversidad y epicentro de culturas ancestrales y actuales.

Los humedales colombianos son mucho más de los que hoy se encuentran registrados y reconocidos oficialmente. A pesar de que Colombia firmó desde 1998 la Convención Ramsar, de los cerca de 30 millones de hectáreas de humedales identificados, solo han sido declarados seis bajo esta categoría (2,4% del total de humedales), cifra pírrica si se compara con los 305 humedales Ramsar declarados en Latinoamérica, lo cual es un indicador vergonzoso que explica en parte la deficiente gestión que el país ha tenido de estos ecosistemas.

El Instituto Humboldt adelantó un riguroso estudio que publicó en el 2015, Colombia Anfibia, que presenta una documentación y registro de los humedales de Colombia, un mapa de su localización, distribución y características en el territorio, y el propio Ministerio de Ambiente no lo ha adoptado. Insistimos, señor presidente, a que este esfuerzo sea reconocido por el Gobierno Nacional y sea insumo para la toma de decisiones en instancias de los entes territoriales y sectores productivos.

Hay entonces una deuda con los humedales. Ciénagas, esteros, lagunas, morichales fueron cuna de los primeros cazadores y recolectores hace más de 15.000 años, y lo es también de las actuales ciudades y regiones colombianas.

En sus orillas se han levantado sociedades complejas que han tenido el agua como territorio -los acuatorios-, sociedades hidráulicas como la Zenu, pueblos izados en palafitos sobre la ciénaga Grande de Santa Marta, asentamientos anfibios de la depresión momposina, poblaciones y pesquerías de la sabana inundable de los ríos Magdalena, Cauca, Atrato, Bogotá, Orinoco, Putumayo, Sinú, Cesar y tantos otros.

Una deuda que requiere medidas y acciones decididas más que documentos y seminarios. El agua dulce que brota de montañas y fluye por llanuras y sabanas al Caribe, Pacífico, Orinoquía y Amazonía no puede seguir siendo manejada como una cosa desechable o privatizable, somos humus, humedales, humanidad; asuntos que exigen actuar en consecuencia. La paz es también con los ecosistemas y sus gentes.

VIDA DE HOY*
*Reproducción de la carta de los investigadores Juan Carlos Gutiérrez y Alegría Fonseca

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