La Polinesia francesa un lugar inolvidable
Por: FOTOS: LA NACIóN (ARGENTINA) |
Otro destino turístico de encanto y una postal imborrable de La Polinesia en el territorio francés. Todos los detalles en la revista Viajar.
Entre picos volcánicos, arenas blancas y aguas tibias, Tahití tiene derecho a venderse como paraíso.
A este paraíso, perdido en el Pacífico, se llega por Santiago (con conexión de LAN a Isla de Pascua y luego a Papeete), o a través de El Salvador (con conexión de Avianca hasta Los Ángeles, desde donde aerolíneas como Quantas y Air France vuelan a Papeete). En ambos casos, el viaje toma casi un día. La Polinesia tiene 118 islas, en las que sus habitantes reciben a los turistas con una sonrisa y collares de flores.
¡Maeva! (bienvenido, en tahitiano) es el saludo de los nativos, que preparan a los turistas para ver algunas de las mejores playas del mundo.
El buceo es una de las actividades preferidas por quienes visitan las islas de la Polinesia. Abajo, danzas típicas de los nativos.Casi como una reacción espontánea, apenas se pisa el aeropuerto de Papeete (capital de Tahití y la más grande del archipiélago), el estrés urbano se estaciona en cero y se sabe que en adelante la mejor estrategia será dejarse llevar por lo que la naturaleza y el confort dicten.
Infinidad de aromas, un abanico de colores pocas veces visto y sabores que nuestro paladar apenas conoce confirman todas las imágenes que la mente recrea cuando se piensa en un viaje a uno de los lugares más soñados y deseados del planeta.
Sin el glamur ni la tranquilidad de las demás islas que la rodean, Papeete es el punto obligado cuando se llega a la Polinesia y el centro neurálgico de su vida económica y social.
Luego de volar durante casi todo un día (con escala en la chilena Isla de Pascua o en Los Ángeles), lo más aconsejable es estar aquí un par de días, al menos para quienes deseen un acercamiento inicial con la cultura y la vida de los polinesios. Primer dato alentador: no importa si estamos en invierno o verano, las temperaturas serán siempre estables (entre 24 y 27 grados centígrados). Lo que diferencia a una estación de otra es la variación de la humedad del ambiente. Es decir, se recomiendan ropa liviana en la maleta y abundante protector solar.
A conocer la isla
La primera propuesta para explorar se aleja del mar: una visita al corazón de la isla a bordo de un campero todoterreno, que toma velocidad y se pierde por las rutas que rodean al valle Papenoo, a 17 kilómetros de la ciudad.Al volante está Arnold Luccioni, nacido en otra isla, Córcega , y que, como tantos franceses, desembarcó en la Polinesia con la idea de una mejor vida.
La travesía incluye una visita a un marae (templo religioso del siglo XII), hoy en desuso, pero en el que muchos aún dejan, como ofrendas, alimentos y flores.
El recorrido continúa por caminos zigzagueantes, cascadas que se asoman entre paredes rocosas y vegetación de todo tipo y color.
Para el almuerzo, nada como los frutos típicos: mangos, piñas, cocos y una especie de pomelo, que, a la vista, se asemeja a un limón gigante, pero que en la boca se siente carnoso y muy, muy dulce.
En la Polinesia, las distancias entre una isla y otra se resuelven en tramos aéreos de no más de una hora. De Tahití a Raiatea, Air Tahiti se demora unos 40 minutos, en un vuelo con una tarifa de 23.000 francos polinesios (270 dólares, 485.000 pesos).
Apenas aterriza el avión y a pocos metros de la pista, una pequeña lancha espera la llegada de los huéspedes del hotel Le Tahaa Island Resort & Spa, en la isla de Tahaa. Al llegar, asoma una nueva postal de ensueño: el sol que cae sobre el muelle, los saludos de bienvenida y la escolta hasta los bungalós enclavados en la laguna.
Cuando se abre la puerta se descubre una amplísima habitación de madera con una inmensa cama y la atracción principal: una mesa de vidrio, que deja ver el agua cristalina y los peces bajo nuestros pies. Afuera, una terraza que permite bajar a darse un chapuzón y contemplar el cielo más estrellado que jamás se haya visto. Momento ideal para destapar una heladísima Hinano, cerveza típica del lugar, que tiene una vahine (o diosa popular) dibujada en su etiqueta.
El día en Tahaa transcurre en la playa (en general son pequeñas; no fantasee con extensísimas porciones de arena), en alguna excursión lacustre o en el spa. En el del Le Tahaa Island Resort se puede tomar un masaje de media hora por 120 dólares (215.000 pesos) y uno de dos horas y media para dos personas, por 800 dólares (1'436.000 pesos).
Para quienes quieren salir del clásico programa de resort y probar algún plan alternativo, una opción es hospedarse en un yate de lujo para recorrer las islas.La embarcación Senso, de la flota de Tahiti Yacht Charter, ofrece tres noches con tres posibles itinerarios por 1.600 dólares (2'872.000 pesos). La tarifa incluye el servicio a bordo de tres tripulantes y el uso de todas las instalaciones de este bungaló de vela (cuatro cabinas dobles con baños privados, un amplio espacio interior que oficia de comedor y tres salas externas).
En este recorrido, el almuerzo se sirve en la cubierta del Senseo, con vino blanco helado descansando en la frapera y un carpaccio de atún rojo con ensaladas como manjar principal.
Planes para enamorados
Bora Bora es uno de los destinos más visitados por quienes van de luna de miel y por parejas de todo el mundo. Se calcula que el 70 por ciento de hospedaje en los hoteles es de recién casados.
El Hotel Intercontinental cuenta con capilla, en la que se puede celebrar una ceremonia al estilo polinesio. En Le Meridien las parejas cruzan en una balsa desde la capilla del hotel hasta la playa, donde músicos y bailarines los cortejan hasta un pequeño crucero que los lleva a ver la puesta del sol.
En el St Regis , como en la mayoría de los cinco estrellas, se puede tomar el desayuno en el búngalo que acercan en piraguas. Allí hay una piscina romántica solo para adultos.
En Bora Bora, una excursión en 4x4 por el interior de la isla, con almuerzo, cuesta 80 dólares (144.000 pesos) por persona. En Tahaa , paquete por tres noches en el catamarán Senseo, con comidas, 1.600 dólares (2'872.000 pesos) por persona.
La vista desde arriba
Desde el aire se ven Los distintos tonos de azul
Cuando se sobrevuela Bora Bora se comprueba lo que ya nos habían adelantado apenas llegamos a Tahití: que el agua que rodea a la isla tiene al menos 15 tonalidades de azul. La variedad de colores se intensifica como en una paleta de pintor a medida que la laguna (cubierta de arrecifes) se acerca al mar abierto. Y se entiende por qué este fue el lugar que enamoró al pintor Paul Gauguin en los últimos años de su vida.
Es uno de los sitios más visitados por turistas de todo el mundo y el destino obligado de los recién casados que llegan a la Polinesia.



Miembro de
Miembro de