'Ser la amante cuesta lágrimas de sangre' / Testimonio
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM |
Una economista de 45 años relata su historia para EL TIEMPO.
Tenía 20 años. Él, 35. Nos conocimos en una empresa donde él trabajaba y yo hacía las prácticas universitarias. Ahí empezó el gusto, el coqueteo. Las miradas. Pero todo comenzó, realmente, una noche en la que salimos de rumba.
Nunca me ocultó que estuviera casado. Eso sí, me advirtió que su relación matrimonial había desmejorado y que tenía ganas de volverse a enamorar. Nunca me prometió nada. "Esperemos a ver qué pasa", era su única promesa.
Pero nunca pasó nada. Después comprendería que un hombre casado difícilmente abandona su hogar por irse con la amante. Eso no pasa. Una mujer casada sí lo hace, es capaz de dejarlo todo, porque las mujeres nos involucramos más emocionalmente.
El amor, y la ilusión de que él dejara su hogar para quedarse conmigo, era lo que me impulsaba. Pensaba que podía sobrevivir de amor. Era muy joven y, hay que decirlo, la dependencia sexual fue muy fuerte, lo que llaman el 'encoñe'.
Sin ser ingenua, no tenía mucha experiencia. Ni en la cama ni en otros aspectos. Era una princesa que creía en su cuento de hadas.
Era un hombre terriblemente celoso y posesivo. Yo, como la amante, no podía cuestionar nada. Pero él sí. Era tal su poder sobre mí que no podía salir con mis compañeros de la universidad, ni siquiera a estudiar. Por él sacrifiqué mi juventud, mis amigos, mi familia y hasta mi futuro profesional.
Solo anhelaba que me amara. Él me decía que me amaba, pero que no podía construir su felicidad por encima de la infelicidad de los demás, o sea, de su esposa y de sus hijos. Compartíamos mucho tiempo, mucho, menos las fechas especiales.
Ha pasado mucha agua debajo del puente y ya puedo hablar de esto tranquilamente. Y por eso puedo decir que yo no era una moza cualquiera. Esto de las amantes es cuestión de estratos: están las que buscan que les compren un apartamento o que les ayuden a mejorar su condición social. Por eso dejan señales o hacen lo que pueden para que la esposa se entere.
En mi caso, nunca me metí con esa señora, aunque ella sí supo que yo existía. Pero no hizo nada, como muchas en su lugar, tal vez por miedo a perder la comodidad económica o por resguardar a sus hijos en un hogar.
A las mujeres nos han enseñado a aguantar todo lo que a los hombres se les ocurre. Insisto: yo solo quería que me amara y evitaba pensar que él tenía una familia. Además, yo era ya profesional y no necesitaba que me diera nada.
Los primeros años, de 11 en total, fueron de ceguera absoluta: lo amo y no puedo vivir sin él. Luego, se convirtió en una relación adictiva y de manipulación. Cuando comprendí que no iba a pasar nada, que siempre sería la amante, intenté dejarlo, pero no pude. Siempre me manipulaba con el sentimiento, y me pedía paciencia. ¿Más paciencia?
Empecé a reaccionar cuando nació mi hijo. Ya no pasaría nada. Y a mí ya se me estaban pasando los años. Estuve en tratamiento con el psicólogo durante muchos años, tratando de reconstruirme emocionalmente, porque estaba totalmente destruida. Tal vez esto no me hubiera pasado si me hubiera querido un poquito más.
Después me enteraría de que no era la única. Él tenía otras relaciones paralelas. Pero yo era la favorita del harem y eso me daba cierto consuelo. Era la amante oficial.
Finalmente pude dejarlo cuando lo tuve al frente y descubrí que no sentía nada por él. Nada. Ni amor ni odio.
Fue muy difícil confesarle la verdad a mi hijo, hoy de 16 años. Tenía 12 años cuando le hablé de este tema."Entonces, eres la amante de mi papá?", me preguntó. Él siempre le reclamaba tiempo a su padre, al que solo veía ocasionalmente.
Le dije que sí, que era su amante. Preferí que me juzgara entonces, y que tratara de superarlo. Hoy ya lo acepta y me entiende, pues ha comprendido que en la vida hay una gran diversidad de familias, y que a él le tocó así.
Hoy comprendo que esto no es de buenos ni malos, ni de perros ni de perras, que hay un trasfondo social muy complejo detrás de todo esto de la infidelidad. Es así, y así tenía que suceder.
Hoy tenemos una relación cercana, por nuestro hijo, pero ya no siento nada. Lo veo y digo: ¿Cómo pude sacrificar mi vida por este hombre? Tampoco lo culpo. Los hombres como él tienen muchos vacíos emocionales. Yo le digo que no se meta con 'chinas' tan jóvenes porque les puede dañar la vida, como lo hizo conmigo.
Hoy tengo una relación muy tranquila, con un hombre separado. Nos conocemos nuestras historias. Soy una mujer enamorada y fiel, pero no creo en eso de la fidelidad ni en la institución del matrimonio. Eso lo impuso la la Iglesia y la sociedad. ¿Quién se inventó eso de que solo se puede tener afinidad hacia una persona?
Hay muchas parejas que se sostienen por la amistad, por la compañía, por una sociedad que saque adelante a unos hijos o a un patrimonio.
A mi pareja solo le pido que, si me va poner los cuernos, lo haga muy bien para que no me dé cuenta y no vaya a sentir dolor.


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