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'Sí, es mal polvo, pero ¡qué partidazo!' / Sexo con Esther

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Consejos y recomendaciones por Esther Balac.

No me parece raro que la Superintendencia de Notariado haya confirmado esta semana que los divorcios en este país no han hecho más que crecer. Solo el año pasado, 15.326 parejas decidieron partir cobijas oficialmente, de mutuo acuerdo y con tan poca intención de dar marcha atrás que la mayoría se apareció en las notarías con el documento prácticamente hecho y firmado. ¡Quién lo diría!

Insisto, no me sorprende por la simple razón de que la tendencia es mundial. Lo que sí me llama la atención son las razones, sobre todo una señalada por una prestigiosa psicóloga y terapeuta de pareja. Según la especialista, entre las causas principales de divorcio están los "problemas de incompatibilidad sexual". Aclaro que la razón me parece válida, porque no hay nada peor que no entenderse en la cama. Eso se lo aseguro...

Lo que me parece increíble es que los implicados solo se den cuenta de que tienen poco en común bajo las sábanas después de la consabida bendición sacerdotal o el visto bueno del notario. Una de dos: o al matrimonio llegan sin un polvo mutuo a cuestas o están tan ciegamente enamorados que no le dan importancia a aquello de "entenderse" de la cintura para abajo.

Me inclino por la segunda posibilidad, sobre todo porque le cabe ciencia al asunto. Me explico: al decir de prestigiosos investigadores, como los de la Universidad Nacional Autónoma de México, el enamoramiento es un "estado demencial temporal" de corta duración (no pasa de cuatro años), bajo el cual las parejas minimizan los potenciales problemas, pasan por encima de las señales de alerta y son incapaces de ver los defectos del otro. Es más, los disculpan: "Sí, es mal polvo... Pero es lindo, me quiere, es detallista ¡y qué partidazo!".

Sí, mis amigos, al comienzo uno perdona todo, hasta la barriga cervecera, pero cuando el cerebro recupera la cordura, la realidad golpea tan duro que para muchos el divorcio es la salida.

Solo diré que aquí sí cabe aquello de que soldado advertido no muere en guerra: antes de montarse a la loca en un matrimonio que puede acabar en naufragio, hay que conocerse bien, en la cama y fuera de ella. Y esa sí que puede ser una tarea muy agradable. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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