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No todos los días está uno para el sexo / Sexo con Esther

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¿Quién dijo que el cuerpo y el alma tienen que estar dispuestos siempre para el sexo? Pues déjenme decirles que no, y no me refiero solamente a los casos de agote físico o de enfermedad. Nada de eso. Tampoco a bajas del deseo.

Simplemente hay días en que no se está para faenas bajo las sábanas. Eso no significa, mis amigos, que los nexos con la pareja se estén debilitando o que las ganas estén desapareciendo.

La sensualidad, el erotismo y el gusto por el otro también se manifiestan de modos más sutiles, por fuera del departamento inferior del cuerpo. ¿Sabían, por ejemplo, que los lóbulos de las orejas, la parte alta del cuello, los labios y las manos son ricamente inervadas, y que por serlo son sensibles a más no poder. ¿Que no? Ensayen...

Y no me nieguen que alguna vez se han alborotado con un mordisco tenue o una mano bien puesta donde toca. Parece obvio, pero no lo es, a juzgar por el drama que montan algunos y algunas cuando su pareja se duerme sin haber cumplido con el sagrado deber del polvo.

Confieso que a mí me pasó. Acostumbrada como estaba a la faena casi diaria, el día en que él se dio vuelta, se entregó a los ronquidos y me dejó lista y mirando al techo, fui presa del pánico. Muchas cosas me pasaron por la cabeza: estoy perdiendo encanto, ya no le gusto, se está fijando en otra, lo aburro, lo canso...

Al otro día (mejor, a la mañana siguiente) se despejaron todas esas dudas, porque él me compensó con creces y una frase: "Créeme, no fue falta de voluntad".

Tras hablarlo entendí que las pausas son importantes, que los abrazos tienen mucho valor y que el solo acto de acompañarse de manera genuina también tiene su carga de erotismo.

Que no se entienda, de ningún modo, que así se pueden remplazar los polvos. No señores, es otra forma de complementarlos e incluso de darles calidad. Cuando la encamada se da, no por costumbre sino obedeciendo a las ganas, el deseo se aumenta, el placer se desborda y las relaciones se afianzan. Se los digo por experiencia. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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