Las ganas le huyen a una mala cara / Sexo con Esther
Por: ESTHER BALAC |
Si hay algo que mate ganas y arruine el deseo es la constante quejadera y lloriqueos de la pareja.
La gente debería entender, de una vez por todas, que la seducción y la atracción riñen de manera radical con el lamento y la culpa. La cama y el aquello requieren, además, del socorrido armamento físico y hormonal, de una actitud mínima de parte y parte, para que en la cama nos sintamos compensados y ganosos, además de querer llevar al otro por el mismo camino.
Hay que entender: por atractiva que sea una persona o por sexy que se considere, esto se borra de tajo si se envuelve en reproches, en exigencias y en cantaleta.
Nadie tiene obligaciones naturales en materia sexual con nadie. En la cama median la voluntad y las ganas mutuas, nada más.
Considerar que bajo las sábanas se tiene ascendencia y autoridad sobre la pareja, por el solo hecho de serlo, es la vía más expedita para sacar en estampida los polvos de cualquier relación. El autoritarismo y el machismo en los señores y, en nuestro caso, la sensiblería, la duda y la lágrima son ingredientes básicos en la pócima antilujuria.
Cuando estos aparecen, nada fluye de manera genuina de la cintura para abajo y son un desfiladero hacia la insatisfacción y la infelicidad.
Su sola insinuación es una verdadera señale de alarma que requiere intervención fuera del catre.
Muchas parejas culpan erróneamante a la rutina como la principal causa de la jubilación prematura del equipamiento sexual, cuando muchas veces los polvos le han huido a la jartera que implica una mala actitud de la contraparte que se pone en evidencia con una simple mala actitud.
Sí, señores y señoras, claro, las ganas se van y la erecciones se diluyen frente a una mala cara. Ahí es mejor la televisión, mientras se busca un reemplazo. Cuidado. Hasta luego.
ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO


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