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Los graves problemas del sistema de salud colombiano

Por: CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO | 10:12 p.m. | 03 de Junio del 2011

Mirta Roses

Mirta Roses, directora de la Organización Panamericana de la Salud.

Foto: Claudia Rubio / CEET

Hay mala calidad en los servicios, dice la directora de la Organización Panamericana de la Salud.

Hace seis años, cuando visitó Colombia por última vez, Mirta Roses Periago, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS-OMS), reconocía que, tras venir de "muy abajo", el sistema colombiano de salud mostraba signos de repunte.

Pero, advertía que su consolidación dependía de que el país se ocupara de fortalecer la salud pública -que había pasado a un segundo plano en el desarrollo de la Ley 100-, seguido de las funciones reguladoras, del control de calidad, de la vigilancia epidemiológica y de la creación de un sistema de información.

En los ocho años que lleva a la cabeza de la oficina regional para América de la OMS, ha seguido la evolución del sistema de salud, y hoy muestra una abierta preocupación.

Hace seis años vino a Colombia. ¿Qué cambios nota en salud?

Que sus indicadores no muestran avances, algunos se han estancado y nos preocupan. Por ejemplo, algunas cosas que se salen del campo de la salud y tienen que ver con la política social del país, como la desnutrición crónica.

¿Cómo ve el sistema de salud que creó Colombia hace 18 años?

La Ley 100 tenía ideas de avanzada y algunas omisiones que, se pensó, se ajustarían con el tiempo. Sin embargo, en el desarrollo de la misma todo se centró en el modelo de financiamiento y se descuidó el sistema de salud.

¿Tiene Colombia un verdadero sistema de salud?

No. Un sistema de verdad articula todas sus partes, y hay una fragmentación en todos sus componentes, que conlleva a un desbalance de acciones que no permite la obtención de resultados efectivos.

¿Dónde está ese desbalance?

Todo sistema de salud tiene tres componentes: los servicios, las políticas de salud pública y la relación con todos los sectores. El de los servicios tiene, a su vez, tres ramas: gestión, financiación y atención. No obstante, en el desarrollo de la Ley 100 solo se ha estimulado la financiación; a los demás se les quitó progresión.

¿Por qué se llegó a esta situación?

Como imperó el pensamiento dominante de que el mercado se autorregula, no se reguló el sistema. La salud entró en esta dinámica y se permitió a sus actores, la mayoría privados, jugar con libertad. Aquí faltó Estado. La corrupción es consecuencia de eso. Colombia es, además, uno de los países más inequitativos, socialmente hablando. Esas disparidades no se regularon y el crecimiento desbordado de los subsidios afectó el sistema.

¿A qué llama falta de regulación?


La regulación debe estar a cargo del Estado y se fundamenta en tres pilares, que son débiles, en este caso: información, recurso humano y reglas claras.

¿Qué balance hace de esos tres pilares?


En Colombia no hay todavía un sistema de información que dé la posibilidad de conocer lo que pasa con los afiliados, cuáles son sus necesidades y cómo se están usando los recursos, y eso no permite ni planear ni poner a andar acciones. El recurso humano es limitado, no hay personal especializado, la mayoría es de contrato, la rotación es alta y muchos no tienen adecuados desempeños. En cuanto a reglas para los actores del sistema, han sido todo menos claras, y así no se puede regular. A Colombia, la propia OPS le reconocía liderazgo en políticas públicas y sanitarias... Hoy está estancada y hay deterioro en algunos aspectos; recuerdo que formaba a líderes en salud pública de otros países, pero las universidades se han centrado en la formación de gestores o de especialidades médicas, con poca capacitación para trabajo en equipo, de campo y acciones públicas.

¿En qué campos ve retrocesos?

Hay algunos programas efectivos, como el de vacunación, que se sostienen gracias a que no son continuos (es decir, su fuerte está en las jornadas y campañas), pero en los que requieren seguimiento y atención permanentes, como el control de la tuberculosis, el sida, el dengue y la malaria, hay estancamiento. Eso es lamentable.

Y, ¿qué pasa con la salud individual?


Hoy, la gente que tiene un seguro consulta más, pero el estancamiento en cifras como las de mortalidad materna -pese a que la mayoría de los partos son atendidos en instituciones- y sífilis congénita es signo de que hay serios problemas de calidad en la atención.

Pero, hoy 9 de cada 10 colombianos tienen cobertura.


Tener un seguro, que es la fortaleza del sistema, no garantiza la atención con calidad de los afiliados, y eso se ve en los resultados.

Y, según usted, ¿por qué no logramos ofrecer buenos servicios de salud?

Por la segmentación que existe en la atención. Hay una gran cadena de intermediarios, casi todos privados; además, al eliminar a los prestadores públicos, que son una herramienta valiosa para regular un sistema, se dejó a un lado la posibilidad de contrastar atención. Bogotá, por ejemplo, tiene red pública y sus indicadores son distintos.

¿O sea que la intermediación afecta el modelo?

Con un número tan elevado de intermediarios que, además, no están articulados, es difícil hacer regulación: los costos se aumentan y la calidad pasa a un segundo plano. Tampoco entendieron que el sector de la salud debe trabajar en redes que le permitan a un individuo entrar por distintos puntos y fluir por ellas, hasta que su problema se resuelva. Esto el sistema ni siquiera lo tomó en cuenta.

A su juicio, ¿qué está pasando entonces con los afiliados?


Que cada vez que necesitan un servicio tienen que buscar permanentemente el sistema, en lugar de que el sistema los busque a ellos, como debería ser. La salud debería funcionar como un cajero automático: una persona introduce su tarjeta y a cambio recibe un servicio, sin tener que preguntarse por todos los pasos, personas, autorizaciones y empresas que intervienen en el proceso.

¿Se puede salvar este sistema?

Hasta la raza humana tiene salvación. Los destapes de la corrupción y la discusión que se da en distintas instancias del sector muestran que hay más apertura. Se puede ser orgulloso, pero no arrogante: hay que mirar hacia afuera. Es hora de pensar en toda la población.

Recomienda salvar lo que sí sirve

¿Cómo se ve el sector colombiano de salud en el contexto regional latinoamericano?

Como un modelo al que le entran recursos muy importantes, pero produce resultados en salud que no se compadecen con ese monto, sobre todo en indicadores sensibles que se han ido deteriorando.

¿Qué opina de la vigilancia en Colombia?

Muy frágil. La Superintendencia Nacional de Salud es la más atípica del mundo: en lugar de dedicarse a regular, inspeccionar y controlar, hace intervenciones. No considero que haya que cambiarla, sino fortalecerla y adecuarla. Hay que dejar ese minimalismo con el que se actúa.

¿Diría que es este uno de los mejores sistemas de salud del mundo?


No lo creo.

¿Estaría de acuerdo, como algunos dicen, en que hay que deshacer todo y empezar otra vez?

Sería un gran error: los sistemas de salud son un producto histórico. Es mejor construir sobre lo bueno que se tiene. Se debe hacer una evaluación para dejar las piezas buenas, adecuar las que no encajan y fabricar las que están haciendo falta.

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