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No se asusten con las fantasías sexuales, aconseja Flavia Dos Santos

Por: MARÍA ISABEL RUEDA ESPECIAL PARA EL TIEMPO | 11:20 p.m. | 26 de Diciembre del 2010

Entrevista con Flavia Dos Santos

Flavia es sicóloga y estudió cuatro años sexología. Dice que en Colombia se valoriza el dolor.

Foto: Archivo particular

Cara a cara con María Isabel Rueda, la sicóloga dice que los periodistas sufren por falta de deseo.

Usted llegó a Colombia como esposa del Embajador de Brasil, hace cinco años, y hoy es una sexóloga muy respetada en el país. ¿Quién es Flavia Dos Santos?

Soy carioca, nacida en Río de Janeiro, hija de dos papás muy locos, separados. Mi papá se casó seis veces, es un optimista. Le encanta el matrimonio.

¿Dónde estudió sexología?

Me gradué de sicóloga en Brasil, y a Julio, mi esposo, diplomático de carrera, y quien me lleva casi 30 años, lo nombraron embajador ante la FAO. Yo quería ser terapeuta familiar, pero esa especialidad duraba seis años y no me alcanzaba el tiempo. Me sugirieron la escuela de sexología, y allí estudié durante cuatro años.

¿Cómo termina en Colombia enseñando sexología?

Tengo que ser franca: cuando veníamos en el avión a que Julio se posesionara, me dijo que no quería que yo, como esposa del embajador del Brasil, trabajara como sexóloga en Colombia, porque este es un país muy conservador. Solo comencé a hacerlo después de que se retiró de la embajada. Hoy tengo un programa de televisión, otro de radio patrocinado por las Naciones Unidas y escribo para algún periódico.

Está de moda en Colombia... ¿Qué estudia uno en sexología?

El primer año se trataba de quitar los miedos que las personas tienen con el sexo. El ejercicio, junto con la parte teórica, para llegar a sentirse confortable con la sexualidad ajena y la propia, consistía en hablar de cosas fuertes y uno mirar al otro sin alterar la mirada.

¿Es cierta esa versión freudiana de que casi todos los conflictos humanos tienen un origen sexual?

Nosotros vivimos en sociedades muy reprimidas sexualmente, así la gente lo niegue. La represión viene escondida a través de la educación, de la religión y de los mitos y tabúes. Tenemos una sociedad que compra felicidad en las farmacias, que se llena de Prozac y Lexotán porque no maneja los impulsos y los deseos sexuales. Las personas gastan mucha energía interna tratando de esconder y ahorrar sus impulsos para poder encajar en la sociedad.

En Colombia no estamos muy acostumbrados a ver sexólogas como usted dando cátedra. ¿No teme que la malinterpreten?

Aquí no existe una escuela de sexología. Existen educadores sexuales. La diferencia está en que los segundos no se preocupan por su propia educación sexual. Y por eso, cuando oyen mencionar la palabra pene, miran hacia el piso. O la palabra vagina, y cruzan los brazos. Emiten señales no verbales que indican que ellos tampoco están confortables con su propia sexualidad. Si yo tengo una vena homosexual o fantasías eróticas perversas, tengo que aprender a convivir con eso sin que ello me esclavice o sea un problema en mi vida. Pero las personas no pasan por la formación de educadores sexuales.

¿En Colombia los hombres son especialmente morbosos?

¡Huy, sí! Pero las mujeres también, de cierta forma. Morbosas en sus pensamientos y temerosas de la crítica.

En general, ¿cómo se comportan socialmente los colombianos con usted?

Con más miedo que con morbo. Existe el mito de que siquiatras y sicólogos tienen un poder mágico de mirar a las personas y averiguar todo. Los sexólogos también cargamos con ese mito. Las personas creen que yo soy capaz de adivinar con la mirada que un hombre tiene el pene de un determinado tamaño, o que una mujer tiene problemas con el orgasmo.

¿Qué tanto importa la sexualidad en la armonía de una pareja? Deme un porcentaje...

Cincuenta por ciento. Y el otro cincuenta tiene que ver con las afinidades. Una relación no puede basarse solo en el sexo. William Reich, famoso autor de la terapia reichiana, decía en los años 40 que las relaciones basadas solo en sexo duran cuatro años y medio. Porque de alguna forma ese encantamiento sexual se acaba, se va. Solo queda la afinidad.

Pero, ¿qué pasa con las parejas maduras, para las que la vida sexual se va apagando de manera natural?

Pues queda la complicidad, los intereses comunes, los proyectos de vida. El hecho de estar con la persona con la que se pueden compartir objetivos de vida similares.

¿Existen fórmulas para evitar que la relación sexual se marchite?

Una relación sexual requiere que de cuando en cuando la persona cambie la receta. Si comemos fríjoles todos los días nos aburrimos. Por eso, hasta los chefs están muy pendientes de tratar con ingredientes muy sencillos para que, aun si en un restaurante francés comemos lo mismo que hace 50 años, sepa distinto. Eso mismo hay que hacer en el sexo. ¿Ahí qué recomienda un sexólogo? Juguetes sexuales, películas porno, ¿por qué no? Recomienda que utilicen las fantasías sexuales, así no las pongan en práctica.

¿Usted cree que el viagra sí partió en dos la historia de la humanidad?

Sí. El viagra causó una revolución sexual muy positiva. Aumentó la expectativa de vida de las personas, porque en ella influye mucho saber que se puede disfrutar de una sexualidad hasta más tarde. Gracias a Dios existe el viagra.

Comparados con otros países, ¿en Colombia somos muy mojigatos?

Lo que veo es que hay mucha curiosidad, mucho interés, pero hay mucha culpa. En Colombia es muy influyente la Iglesia católica, y en esa cultura judaico-cristiana valorizamos el sufrimiento, no el placer. Te doy un ejemplo ridículo de Estados Unidos: cuando hacía terapia allá, una mujer estaba aterrada de que su hijo de 16 años ya no fuera virgen. Pasó un tiempo y esa misma pareja estaba feliz porque, a los 18 años, ese hijo se iba a la guerra de Irak. Estamos valorizando la violencia, pero no el placer.

¿Y cómo influye ese sentimiento de culpa en una sexualidad normal?

Por ejemplo, en la eyaculación precoz la base es la culpa. Los muchachos que se masturban de afán porque hay que acabar con ese momento de placer y de pecado. Condicionan el organismo a eyacular rápido y se vuelve un reflejo aprendido. La mujer anorgásmica es lo mismo. Está llegando al momento del placer, pero ese placer es pecaminoso, ese placer puede enloquecer, es sucio, una mujer bien no puede gritar. La queja número uno de los hombres colombianos es la eyaculación precoz, y la anorgasmia, la de la mujer colombiana.

¿Cuáles son los otros problemas sexuales más comunes que le consultan?

La falta de deseo es definitivamente el problema del siglo actual. Pero eso también depende de la profesión y oficio de cada cual. Por ejemplo, en Estados Unidos le puedo decir que quienes más sufren de falta de deseo sexual son quienes trabajan en los mercados financieros. Es impresionante.

Y en Colombia, ¿quiénes son los que más sufren de falta de deseo?

Los periodistas. Pero puede ser también porque están peor pagados que los financieros.

Si a los malos sueldos los periodistas tenemos que sumarles la falta de deseo sexual, pues apaguemos y vámonos...

He visto que la presión para los periodistas en Colombia es mayor que para los que trabajan en los mercados financieros. La falta de deseo se asocia con un exceso de presión. Pero, además, hoy en día tenemos muchas distracciones: televisión, iPad, iPod... La gente se distrae muy fácil y el sexo pierde prioridad.

¿El sexo oral se ha desmitificado?

No. Las mujeres aún sufren mucho porque piensan que el olor sexual es negativo y no entienden que es tremendamente excitante. Pero no es anormal no tener sexo oral. Es cuestión de gustos y preferencias. Y si uno aprende a comer ostras, a comer caviar, y le gusta, aprende a hacer sexo oral con facilidad. Los olores no son negativos, son placenteros.

¿La monogamia está mandada a recoger?

Es polémico, pero existe el poliamor, una forma de vida que acepta que se puede amar a varias personas a la vez. Existen los swingers, que están muy de moda en Colombia, aunque fue la moda en los 70 en Estados Unidos y en Europa. Es una variación sexual. El problema surge cuando uno quiere y el otro no. Pero si ambos disfrutan de tener un matrimonio abierto, eso no es un problema.

¿Pero eso es normal?

No existe el término anormalidad en el sexo. Si no existe el manual de normalidades sexuales, ¿cómo podemos hablar de anormalidades?

Explíqueme eso.

Puede ser muy normal para mi comportamiento sexual un determinado acto que para mi vecino puede ser una perversión, y viceversa. Las perversiones existen solamente donde se altera la relación de poder. Con niños, con animales o en el caso de una violación. En esos casos existe un desequilibrio de poder, y eso no está bien que suceda. Si uno tiene poder sobre el otro y el otro no tiene capacidad de decidir, aquí sí hay un problema. Pero si estamos hablando de dos personas con el mismo nivel de poder dentro de una relación y los dos están de acuerdo, ¿dónde está la anormalidad? Si los dos quieren vestirse, pegarse y hacer sexo colgados del techo de la casa, que lo hagan. No podemos apuntar el dedo y determinar la anormalidad de los demás. Las personas tienen derecho de ser felices y a buscar sus formas de placer y disfrutarlas.

¿Qué es lo más afrodisiaco que hay en la escala social? ¿El poder?

Dicen que el poder. Incluso, en EE. UU. salió un vibrador con el nombre de "obamator".

¡Qué barbaridad! De "santator" sí no podemos hablar aquí porque sería una falta de respeto...

(Risas) En materia de afrodisiacos, de excitadores del deseo sexual, todo depende de la cultura. Los pies de una mujer enloquecen a un hombre. Un brasileño se vuelve loco por una cola grande, lo mismo que los costeños. La cultura de los senos grandes viene de Estados Unidos y de Europa. Pero definitivamente el poder es un afrodisiaco universal tanto para un hombre como para una mujer. En general, las palabras afrodisíacas empiezan con p...

Deme ejemplos...

Presidente, padre, policía, profesor, puta, plata, son coincidencialmente palabras fuertes que influencian mucho a las personas, porque tienen poder.

¿Unos consejos sexuales para los colombianos en el 2011?

Que pierdan la pena de atreverse a experimentar cosas nuevas, que no se asusten ante las fantasías, relajarse y gozar.

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