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No es fácil demostrar que cáncer puede inocularse

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Inducir cáncer no es tan fácil

Chávez, en Hospital Militar de Caracas en 2011, cuando recibió una tercera ronda de quimioterapia.

Evidencia indica que es más fácil desarrollar naturalmente enfermedad que inducirla.

La duda sobre el origen del cáncer fue sembrada por el propio presidente Hugo Chávez en el 2011, cuando planteó públicamente sospechas acerca de la capacidad de sus enemigos para producirles cáncer a las personas.

No se trató de un comentario suelto, sino que estaba ligado al hecho de que por entonces el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva; el expresidente paraguayo Fernando Lugo; el presidente de Uruguay, José Alberto Mujica, e incluso en un momento dado la presidenta Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (a quien le fue descartado luego), lidiaban con la enfermedad.

Por eso no es extraño que el vicepresidente Nicolás Maduro haya dicho este martes que el cáncer que afectaba al mandatario venezolano era producto de un "ataque" de los enemigos que "inocularon" al Presidente con la enfermedad.

Tan convencido está de su hipótesis, que anunció la conformación de una comisión científica para determinar si a Chávez le causaron el cáncer devastador que acabó con su vida en 20 meses.
Con base en esa premisa, el mundo se pregunta ahora si es posible causarle deliberadamente el cáncer a una persona.

Voces autorizadas como Carlos Castro, oncólogo y director científico de la Liga Colombiana contra el Cáncer, califican de "desafortunadas" las declaraciones de Maduro, pues no hay evidencia científica que demuestre que a una persona pueda implantársele la enfermedad.

Lo primero que cabe decir es que si se inyectaran células cancerígenas vivas, lo más seguro es que el sistema inmunológico de la persona las identifique como extrañas, y que, en condiciones normales, las ataque y destruya rápidamente.

Alguien preguntaría, en ese caso, si estas se sembrarían en el organismo de una persona con las defensas bajas. Frente a esa posibilidad, Haroldo Estrada, oncólogo de la Universidad de Cartagena, explica que aunque estos experimentos se hacen con ratones inmunosuprimidos, se necesitan las condiciones propias de una investigación controlada en laboratorio, "lo cual, con la tecnología de hoy, es prácticamente imposible en humanos", sostiene.

Prueba de eso son los resultados de los polémicos experimentos llevados a cabo por el doctor Chester M. Southam con presidiarios de una cárcel de Ohio, en Estados Unidos, en 1963. Veintidós presos recibieron inyecciones de suspensiones celulares 'cancerosas', con el objetivo de ver cómo reaccionaba su sistema inmunológico. Aunque el experimento fue tildado de "moralmente equivocado" porque no se informó a los participantes de la naturaleza del mismo, ninguno de ellos desarrolló cáncer en su momento.

Claro está que, descartada esta como potencial generadora de cáncer, quedarían otras posibilidades, al menos en la teoría. Por ejemplo: inyectar virus como el del Epstein-Barr, asociado con algunos linfomas; VPH, relacionado con el cáncer uterino, o el de la hepatitis B, causante del cáncer de hígado.

No obstante eso no basta para generar un proceso maligno que no sólo es muy largo en estos casos, sino que requiere la confluencia de ciertas condiciones individuales. En otras palabras: ningún agente de estos causaría un cáncer tan veloz como el de Chávez.

Lo mismo podría decirse de las radiaciones ultravioleta, de la contaminación de alimentos con 'Helicobacter pylori' (para causar cáncer gástrico) o las aflatoxinas (que también pueden causar cáncer hepático a largo plazo), pero la conclusión es la misma.

Si se tiene en cuenta eso, es más probable que el mandatario haya desarrollado un tumor de manera espontánea, como ocurre con todo el mundo y motivado por factores ambientales, genéticos o hereditarios.

Dentro de la gama de posibilidades no se descarta, por supuesto, la posible existencia de tecnologías ocultas para inducir la enfermedad, pero eso es difícil de demostrar, al menos por ahora, como ocurre con el caso del exlíder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat.

Su cadáver fue exhumado en noviembre pasado para establecer si fue, como señalan sus seguidores, envenenado con Polonio en el 2004, un elemento radiactivo encontrado en objetos personales del palestino, como su cepillo de dientes, su ropa y el keffiyeh (el pañuelo negro y blanco que lo distinguió).

A él hay que sumar un caso más cercano, motivado por el propio presidente Chávez: el hallazgo de arsénico en los restos exhumados de Simón Bolívar en el 2010. Eso reforzó la idea en el mandatario de que 'El Libertador' pudo haber sido envenenado, sin tener en cuenta que esta sustancia también era usada para manejar la tuberculosis.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO

 

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