'Más que una chismosa, soy muy compleja', dice la lengua
Por: CARLOS F. FERNáNDEZ |
La lengua mide en promedio unos diez centímetros.
Foto:'También ayudo a las personas a comunicarse con el mundo', asegura la lengua.
"Sí, señor: me conozco muy bien como para saber que los pensadores griegos, que consideraban al gusto como un sentido inferior y meramente físico, estaban equivocados. Soy mucho más compleja que eso", asegura la lengua.
Afirma que su labor no se limita a identificar los sabores. "Sin mí -aclara- no existiría la comunicación oral, que diferencia tan sustancialmente al hombre de las otras especies".
Háblenos de usted...
Primero, agradezco la posibilidad de que me dejen hablar. Es lo que mejor hago... Ahora, aquí donde me ve soy un conglomerado de diecisiete músculos y otras láminas fibrosas, que está forrado con un tapete o mucosa en la que se ubican las papilas y otras cositas conocidas como corpúsculos gustatorios.
Suena complicado. En concreto, ¿para qué sirve eso?
No es por dármelas, pero en conjunto soy el músculo más potente del cuerpo, en relación con el tamaño que tengo. Desempeño tareas muy importantes relacionadas con la masticación y la deglución, que garantizan que lo que come la gente se use bien; además, respondo por el lenguaje y por el sabor de las cosas.
¿Para qué tantos músculos y por qué tan potentes?
Me gusta esa pregunta... A ver: soy como un hidrostato de carne que regula y controla, de manera exacta, la mezcla de la saliva con los alimentos que están siendo triturados por los dientes. Para que me entienda, es como hacer una buena masa para el pan, porque si queda seca, la gente puede atorarse, y si queda demasiado húmeda, pues pierde todo gusto... Es una tarea que requiere miles de movimientos exactos. Es casi como si se hiciera con la mano.
¿Cómo es eso de los sabores?
Tengo como diez mil papilas gustativas, cada una de las cuales está conectada a muchas terminaciones nerviosas, que llevan información al cerebro; dependiendo de dónde se ubiquen, pueden detectar cuatro sabores básicos: el ácido, el salado, el amargo y el dulce. Lo invito a que pruebe y se dé cuenta: en mi punta se percibe el dulce; lo ácido o agrio, como el limón y el vinagre, en mis costados; mi parte de atrás es más sensible a lo amargo, como las cáscaras de las frutas, y el salado lo percibo en toda mi superficie.
¿Hace todo ese trabajo sola?
No. La saliva me ayuda a distribuir el sabor por toda mi superficie y el olfato me manda información para que, entre los dos, le enviemos un abanico de opciones de sabores al cerebro, para que él escoja...
Deme un ejemplo
Vea, aunque yo percibo cuatro sabores básicos, en realidad hay una variedad infinita de ellos. Por ejemplo, el ácido de la naranja es distinto al del limón, del mismo modo que el amargo de una cáscara de pomelo es distinto al de una de banano. Cuando una persona se come una fruta, en equipo con la saliva y el olfato hacemos una mezcla exacta y le mandamos esa información al cerebro, para que él determine a qué sabe exactamente.
Todo indica que es muy amiga del cerebro...
Sí, en realidad soy uno de los pocos órganos que se dan el lujo de tener un nervio propio para moverme desde el cerebro. También cuento con nervios sensitivos, relacionados con la sensibilidad de la cara, y otros conectados con el sistema digestivo. ¡Soy muy compleja, pa' qué!
La Lengua aconseja cómo deben cuidarla
"Entre mis males más comunes están las aftas, unas úlceras causadas por virus o bacterias, que duelen mucho; también puedo perder el movimiento, inflamarme por múltiples razones, sufrir daños por falta de vitaminas y por infecciones como la del estreptococo e incluso ser víctima de cánceres muy graves. Obviamente, muchas dolencias sistémicas se manifiestan en mi estructura, como los edemas, las anemias o los problemas hormonales".
"Cuidarme no es difícil. Para mí no hay nada más saludable que una buena higiene oral, una dieta equilibrada y dejar el cigarrillo, que en mi caso es mortal".
"Lo más importante es que me hagan caso: si sangro, tengo lesiones que no curan, estoy inflamada, cambio de color o tengo grietas o fisuras, corran al médico, porque puede ser grave".
Carlos F. Fernández
Asesor médico de EL TIEMPO


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