| Actualizado hace 21 minutos

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo.

  • Pico y placa
  • Clima
  • Que buena compra
  • Facebook
  • Twitter

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Violencia de género en Colombia es un problema de salud pública

Por: María Paulina Ortiz Redacción EL TIEMPO | 12:03 a.m. | 17 de Octubre del 2010

Un maltrato que golpea en silencio
Foto: Claudia Rubio/EL TIEMPO

Eso revela el último informe de la ONU sobre el tema. En los estratos altos se vive de otra manera.

Empieza a hablar sin quitarle la mirada a su Blackberry. Le aterra, dice -y usa precisamente esa palabra- cómo su marido logra ser una persona con el resto del mundo y otra muy distinta con ella, de puertas para adentro, en su casa. Tiene 47 años, cuerpo cuidado en gimnasio, 1,72 de estatura, maquillaje sutil. La llamaremos Ángela porque no quiere que se publique su nombre real. Estamos en la oficina de una amiga suya: tampoco quiso conversar en su casa. Vuelve a mirar el celular y al final dice:

-Le voy a contar.

Su marido es un industrial adinerado, 50 años, abogado de la universidad del Rosario y doctorado en Oxford. Ella se graduó de abogada en esa misma universidad, pero no ha ejercido su profesión desde que se casó. Sus dos hijos tienen hoy 15 y 12 años. Ángela -bonita, profesional, con un buen respaldo en su chequera- es una de las cientos de miles de mujeres que habitan a diario con el maltrato de su pareja. Consumidor ocasional de droga, su esposo con frecuencia la ataca con palabras y con manos. Ella lo sufre, pero aprendió a disimularlo. Los ojos inflamados van detrás de unas gafas oscuras, de buena marca por supuesto; los moretones suelen quedar en lugares del cuerpo que esconde tras la ropa. El dolor también lo disfraza.

"Me lo aguanto todo porque no me pienso divorciar. No voy a dejarle toda la plata a otra mujer. Tampoco tengo ganas de empezar en estos momentos a hacer una vida, después de 17 años de casada", dice Ángela y sonríe, quizá al ver la cara de su interlocutora.

-Sí, puede ser difícil de entender -continúa-. Pero, mire, le pongo unos ejemplos: yo viajo tres veces al año fuera del país, la mensualidad del club al que voy vale un millón y medio de pesos, la sola administración del apartamento cuesta 800 mil, almuerzo casi todos los días afuera... No voy a perder todo eso. Lo que he hecho es manejarlo".

-¿Manejar el maltrato?

-Soportarlo. Es duro, claro. Mucho más porque casi nadie lo sabe. Con excepción de un par de amigas, me lo he tragado sola. Pero se me ha vuelto hábito. Me hago a la idea de estar viviendo un segundo matrimonio. El primer hombre con el que me casé fue uno. El que me maltrata es otro.

La violencia en casa empezó a crecer hace cinco años, cuando también se empeoró la adicción de su marido por la cocaína y ella supo de un hijo que él tenía fuera del matrimonio. Las primeras agresiones no pasaban de ser gritos, de frases como 'usted no sirve para otra cosa que para gastar plata', 'es una loca', 'con lo bruta que es no entiendo cómo se graduó', 'va al gimnasio y se sigue viendo fea', 'seguro se está acostando con su entrenador'. Después llegaron los golpes, algunas cachetadas, puños en brazos y piernas luego de una discusión. Estuvo en terapia, pero la dejó porque la psicóloga le aconsejó separarse y esa no era una opción para ella. "No voy a ser más víctima de lo que ya soy", dice.

Y sí: cuesta entenderlo.

"Me casé enamoradísima, pero cometí el error de no mirar la familia de la persona con la que me estaba casando. Ahora lo entiendo: él tuvo papás separados, que también lo maltrataban, y que lo educaron para que sólo pensara en hacer plata. Esa es su obsesión. Los hombres de esa generación crecieron siendo unos berracos para los negocios, pero negados en lo emocional".

-¿Por qué seguir con una persona así?

-Porque arrancar sola y a esta edad ya no es fácil. ¿Voy a mudarme de apartamento y fregarme para pagar el arriendo? ¿Voy a ponerme a chatear y buscar un novio por Internet? En esto hay que ser práctico. Además, si me separo perdería el patrimonio porque él puso todo en sociedades anónimas.

-¿Y su vida? Parece que ya hubiera decidido no pensar en usted misma.

-Unas por otras. Ya no estoy para esperar a que aparezca un príncipe azul. A mi esposo ya no lo amo, está claro. Pero lo veo como mi proveedor. Y bueno, no todos los días son malos. Cuando siento deseos, lo busco una noche y ya.

A veces se desahoga, con una buena llorada, con un trago. "La soledad es dura", dice al final. También se preocupa por sus hijos: entiende que ellos han tenido que soportar momentos de angustia y en ocasiones han asumido el papel de protectores suyos. Además, la tensión que se crea en casa después de un episodio de maltrato es cortante: pasan días en que Ángela y su esposo no se hablan sino por correo electrónico. A veces, cuando los efectos son mayores, se ha visto obligada a inventarse unas supuestas vacaciones y desaparecer unos días. "Esta historia -termina- la va a oír a repetición entre muchas de las personas que conozco. Es la podredumbre del que llamamos estrato seis".

"Sin un hombre es imposible"

 

Datos del estudio de Naciones Unidas

Flor María Díaz, coordinadora del estudio sobre violencia de género presentado esta semana por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas, confirma que el maltrato en los altos estratos está rodeado del silencio. La investigación de la entidad muestra, además, que si bien el nivel de educación es un factor protector (y esos estratos se caracterizan por altos grados de escolaridad), no garantiza que estén libres del maltrato de pareja. Díaz destaca datos obtenidos,que atraviesan todos los estratos: el 69% de mujeres encuestadas no conoce los mecanismos judiciales que las protegen; el 89% cree que "la ropa sucia se lava en casa" (incluido el maltrato); el 36 % piensa que no puede realizarse sin un hombre al lado. A pesar de los cambios de la sociedad, muchas mujeres creen que la vida sin un hombre es imposible, aunque les suponga mantener una relación violenta.

¿El ritmo de vida vale la autoestima?

 

En los niveles socioeconómicos altos, el maltrato tiene una característica esencial: es privado. Silencioso, casi íntimo. Más psicológico que físico -aunque no excluye esta agresión-, este maltrato va directo a destruir la autoestima. Eliane Barreto, médica ginecóloga con especialización en violencia familiar, plantea que en este nivel social lo que está en juego, sobre todo, es el poder: el hombre busca el control sobre la mujer, como objeto que le pertenece. "Es algo que se deriva de nuestro sistema de creencias -dice Barreto-. Las mujeres crecen con ideas interiorizadas respecto de que el amor verdadero implica sufrimiento; que sin importar lo que haga, al hombre hay que soportarlo, que él la va a mantener, que los trapos sucios se lavan en casa y lo primordial es preservar la familia. Y el hombre, por su parte, tiene la idea de que es quien debe dominar".

Los casos de violencia en los altos estratos son más difíciles de ser comprobados porque pueden no dejar signos físicos. Una cosa es una herida, otra un insulto. Y otra más, un golpe dado en un lugar del cuerpo que puede ser cubierto bajo la ropa. Es una violencia sutil que actúa como una araña, haciendo su tela de a poco. Por lo general, empieza antes de que lleguen los empujones y los golpes. Inicia con comportamientos abusivos, intimidaciones, que suelen pasar inadvertidos.

Uno de los mecanismos más recurrentes es el chantaje económico. La mujer es amenazada con ser dejada en la calle, con bloquearle las tarjetas de crédito, reducirle el dinero de sus gastos, quitarle el patrimonio. "Es todo un conjunto de trampas económicas -plantea Barreto-. La pregunta aquí es: ¿el ritmo de vida vale mi autoestima?". Infortunadamente, para muchas mujeres la respuesta es un sí, aunque esta decisión implique anularse como personas, poner en riesgo sus vidas.

Los hijos son otro punto neurálgico y en muchos casos son usados como recurso de amenaza: "Si no me haces caso, te los quito", "Si le cuentas a alguien lo que pasa, no los vuelves a ver", son frases recurrentes. Entre las pocas estadísticas que se conocen en esta materia -porque la no denuncia es otra característica- se ha comprobado que la mayoría de las mujeres maltratadas tienen hijos menores de 18 años que terminan por mostrar los efectos de esta situación en el colegio: pérdida de atención, bajas calificaciones, reacciones agresivas. La violencia intrafamiliar conlleva el riesgo de la repetición de modelos: los hijos que han crecido con padres maltratadores serán adultos que acudan al maltrato. Un documento del Banco Interamericano de Desarrollo sobre el maltrato familiar en América Latina señala: "Una de las primeras oportunidades en las que un individuo observa y aprende la violencia es en el hogar".

En los altos niveles socioeconómicos, en lugar de comunicar su situación a familiares o a amigos cercanos, las mujeres optan por guardarse el dolor. Esto es todavía más peligroso porque, sin una red de apoyo, se hacen más vulnerables a la violencia. En ese aislamiento, es frecuente que lleguen al abuso de alcohol o de medicamentos tranquilizantes. "Muchos médicos los recetan sin averiguar las razones de su ansiedad -opina Barreto-. No les preguntan por pena de suponer que están siendo maltratadas. Pero es importante que esas preguntas se hagan porque la mujer de este nivel social no va a hablar de forma voluntaria sino cuando la violencia está muy avanzada. Y eso la pone en riesgo".

La vergüenza, el posible rechazo social y en muchos casos las amenazas de su pareja no le permiten denunciar. "¿Me van a creer?", es una pregunta que suelen hacerse. Sobre todo porque, para otros, el esposo o compañero no se asocia con una persona violenta. Aquí no se habla necesariamente del machista-bruto-alcoholizado: de hecho, hacia afuera, puede verse un profesional exitoso y de trato intachable.

Encerrada, con su pareja como sustento económico, la víctima llega a pensar que es imposible vivir de otra manera. Puede darse algo parecido al síndrome de Estocolmo, al sentir que no sobrevive sin él. "Y las promesas de cambio no suelen funcionar -sigue Barreto- porque conllevan un círculo vicioso: el hombre promete cambiar pero en la siguiente situación vuelve al golpe o al insulto, luego el 'tú me provocaste' y otra vez". Las terapias pueden llevar a un cambio, pero para ello se necesita arrepentimiento del maltratador. En la mayoría de los casos, este remordimiento no existe.

María Paulina Ortiz
Redacción EL TIEMPO

Herramientas

Publicidad

Paute aquí

Patrocinado por:

ZONA COMERCIAL

Paute aquí

Reportar Error

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

Respuesta

Recordar clave

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.

Volver arriba