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Vamos a romper el techo de cristal

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Mujeres

Es importante que la figuración pública de las mujeres no sea dada por los estereotipos de belleza.

La superficie que se interpone en el progreso laboral se fragmenta para escalar posiciones de poder.

Según un documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes 140 del 2001), la brecha en los ingresos laborales mensuales promedio es del 20 por ciento; las colombianas laboran 10,8 horas más que los hombres, en el trabajo remunerado y no remunerado. Sin embargo, ganan en promedio 20 por ciento menos que ellos cuando hacen la misma actividad.

Para Cecilia López, presidenta del Centro de Pensamiento Internacional Social y Económico (CISOE), “cuando ellas llegan al mercado laboral reciben una sobrecarga de trabajo que realizan con eficiencia, pero tienen una tasa de participación laboral inferior, además, a veces pasan por situaciones de discriminación y difícilmente las dejan ocupar cargos de dirección”.

De acuerdo con el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) del 2012, al comparar hombres y mujeres de la misma edad y con el mismo nivel educativo, ellos ganan 17 por ciento más que ellas en América Latina. La brecha salarial ha venido cayendo en los últimos años, pero a un ritmo lento.

Para Gabriela Castellanos, coordinadora del Centro de Estudios de Género Mujer y Sociedad de la Universidad del Valle, la inequidad en el área económica las clases sociales. “Por ejemplo, algunas mujeres que se encuentran en cargos ejecutivos viven el dilema del ‘techo de vidrio’, porque tienen una preparación superior a la de sus colegas del género masculino y rara vez les permiten ascender; pero en el caso de una joven que está en proceso de preparación, y busca escalar, tampoco se lo permiten, porque prefieren dejar a un hombre, aunque no tenga la capacidad, en un puesto superior para que tome las decisiones”.

En el país, cada día las mujeres se empeñan por escalar una buena posición. Así lo manifiesta Fabiola Calvo, directora del programa, ‘Ni Reinas, ni Cenicientas’, del Canal Capital, quien explica que las mujeres avanzan en el tema de la igualdad, pero falta. Por eso es esencial luchar por una cultura libre de sexismos y promover la igualdad en las oportunidades laborales y académicas”.

Conforme con la encuesta de Calidad de Vida 2011, la jefatura femenina en las zonas urbanas es del 35,5 por ciento; en el 84,2 por ciento de los casos es una jefatura sin cónyuge, mientras que en las zonas rurales es del 21,5 por ciento y el 83,5 por ciento son solteras.

Para Alejandra Ortiz, experta en estudios de género de la Universidad del Rosario, durante años, las mujeres han tenido que destacar sus labores al doble para demostrar sus capacidades, aún más si es en un oficio en el que predominan los hombres, como la política, “ellas tienen que sobreargumentar sus propuestas para que sean aprobadas”.

Aunque las colombianas han tenido un campo de acción relevante a la hora de ocupar cargos de elección popular, no se han favorecido con condiciones de igualdad, así lo demuestran los Indicadores del ranking de participación política de la Mesa de Género de la Cooperación Internacional, donde sólo el 9,38 por ciento de las mujeres son gobernadoras, 9,81 alcaldesas, 17,94 diputadas, 16,08 concejalas, 12,6 representantes a la Cámara y 16,6 senadoras.

En las zonas rurales y urbanas, cada vez ser amas de casa es poco atractivo, ya que ellas quieren seguir irrumpiendo en el mercado laboral. Según una encuesta del BID, el porcentaje de mujeres matriculadas en educación terciaria, por especialización en Colombia, obedecen a las siguientes disciplinas el 60 por ciento de ellas eligen el área de salud y bienestar, el 57 por ciento la educación, el 47 las ciencias sociales, los negocios y el derecho, el 39 las ciencias y a su vez las áreas de artes y Humanidades, el 30 la agricultura y el 26 por ciento se inclinan por ingeniería, manufactura y construcción.

Por su parte, Fabiola Calvo, manifiesta que “las empresas deben empezar a promover contratos poco convencionales para que sean realizados por una nueva generación de jovencitas y así mismo, ubicarlas en puestos gerenciales con salarios y horarios bien remunerados”. Concluye.

La labor de casa vale

Cecilia López Montaño, presidenta del Centro Internacional Social y Económico (Cisoe) propone el tema de la economía del cuidado, para que las mujeres puedan tener autonomía y no desgastarse.

El trabajo no remunerado del hogar, como lavar, preparar la comida o planchar es un impedimento para que las mujeres con bajos recursos puedan alcanzar una autonomía económica. Debería delegarse a terceros, y repartirse entre el mercado, el Estado y el sector privado.

Es importante que el Estado se haga realmente cargo de niños y ancianos, y a través de un fondo se puedan montar guarderías que les den empleo a personas expertas y el gobierno las supervise. De esta forma, las mujeres pueden estar tranquilas en su trabajo y no dejar a sus hijos solos en casa.

El trabajo de las mujeres empieza tres horas antes en funciones del hogar y luego llegan cansadas a sus empresas a continuar con sus tareas. Es importante que ellas repartan las labores con sus parejas para no tener sobrecargas y así romper la división laboral de género.

Ana María Fresneda Martínez
Redactora de EL TIEMPO

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