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Judíos: su lucha se ha extendido a Colombia

Por: JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO | 11:42 p.m. | 23 de Diciembre del 2011

Judíos: su lucha se ha extendido a Colombia
Foto: EL TIEMPO

Llegaron a Colombia sin nada en las manos y hoy conforman una comunidad unida y próspera.

Joel Finkelstein es un judío de 18 años. Lleva una mochila arhuaca cruzada sobre la espalda, que contrasta con un manto blanco (o talid). Allí, además de su iPad 2 y sus cuadernos, también carga la Torá y los tefilín. Lleva una kipá (pequeña gorra) que le cubre el centro de la cabeza, con una estrella de David bordada. Vea algunas imágenes de los judios en Colombia.

Son las 7 de la mañana y este joven, que se graduará próximamente como bachiller del Colegio Colombo Hebreo, en Bogotá, se dispone a iniciar el shajarit, el primero de los tres rezos que los judíos deben hacer durante el día.

Extrae los tefilín (o filatecterias): dos cajitas de cuero de las que se desprenden correas -del mismo material-, que contienen pergaminos con pasajes de la Torá, el libro sagrado del judaísmo: la más antigua de las tres religiones monoteístas (le siguen el cristianismo y el islam).

Joel sujeta una de las cajas en el brazo izquierdo para que, según sus creencias, quede más cerca del corazón. Y con la correa le da vueltas al brazo. La otra caja la ajusta en la cabeza, como si fuera una linterna de minero.

Joel tiene claras dos de las cosas que hará al salir del colegio: ingresará a una facultad de periodismo y estudiará la Torá. 
"Soy muy apegado a mi religión. Trato de cumplir los 613 principios de fe del judaísmo y  cuido al ciento por ciento las celebraciones. Soy un joven normal, salgo de rumba con mis amigos, pero la religiosidad es parte fundamental de mi vida", cuenta Joel, cuyo nombre significa 'Dios es su señor'.

Joel se concentra en la oración, al igual que los 250 estudiantes del colegio que rezan y cantan en hebreo, mirando hacia el oriente, en dirección hacia la ciudad de Jerusalén. La oración la dirige Alfredo Goldschmidt, el rabino más antiguo que tiene Colombia; un argentino que llegó al país hace cerca de 38 años y quien tiene a su cargo dos sinagogas en Bogotá.

Goldschmit, quien ostenta el título honorífico de 'Gran rabino', ha sido testigo del devenir de la comunidad judía. Pero a la hora de hablar de historia prefiere acudir al libro 'Los judíos en Colombia', publicado recientemente, y donde se cuenta que los primeros que arribaron al país vinieron embarcados en las carabelas de Cristóbal Colón.  Fueron expulsados de España por los reyes católicos, por razones político-religiosas. Más adelante fueron perseguidos por el Tribunal de la Santa Inquisición y algunos tuvieron que camuflar su fe para protegerse.

Según el libro, la migración judía más grande llegó a Colombia a partir de 1920, a propósito de los conflictos en Europa, y de las guerras mundiales; sobre todo, huyendo del holocausto nazi de Adolfo Hitler. Hoy en día, esta comunidad aún cuenta con varios sobrevivientes de esa terrible persecución. Son abuelos a los que les dan trato de héroes.

Los judíos llegaron sin nada en sus bolsillos y empezaron a forjar sus economías con la venta, puerta a puerta, de prendas de vestir a crédito. De hecho, a ellos se les adjudica ser los pioneros del sistema de créditos en Colombia, en una época donde todo se vendía en efectivo.

"El enemigo común de los judíos, en la historia, los ha hecho permanecer unidos", comenta Alfonso Velasco Rojas, editor del libro al destacar, además, los valores de unidad, familia y solidaridad que existe entre el pueblo judío.

El rabino Goldschmit, un hombre simpático que conserva intacto su acento argentino, estima que la población judía está entre las cuatro y cinco mil personas, distribuidas en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla.

Pero aclara que llegaron a ser nueve mil. Sin embargo, según él, después de la década de los 70 muchas familias judías se fueron de Colombia huyendo de la violencia.  

"Nos hemos diezmado, y eso no es muy bueno. Pero los que se quedaron están muy comprometidos con su comunidad", afirma Goldschmidt y admite que, en promedio, sólo la mitad de los judíos del país vive plenamente su religiosidad. "Pero todos vivimos apegados a nuestras tradiciones", sigue.

Es el caso de Cindy Momblat, una joven de 17 años que se declara orgullosa de su herencia pero que no es tan apegada a la religión. "No cumplo shabat (descanso de los sábados) ni las reglas del kashrut (dieta), pero sí me siento muy orgullosa de mi identidad judía", cuenta Cindy.

En los últimos años  esta comunidad ha venido enfrentando un tema que ha resultado un tanto complicado: el interés de varios grupos de gentiles (no judíos) que quieren convertirse a este credo. Complicado si se tiene en cuenta que a los judíos no les interesa el proselitismo.

"Hay ocho comunidades que se convirtieron o que se esperan convertir, y que están viviendo el judaísmo", añade el rabino Goldschmit. "Aún no se ha tomado una decisión sobre su ingreso o no a nuestra comunidad". Sin embargo, él cree que es un honor que personas ajenas quieran vivir de acuerdo a la cultura y las normas de fe de un pueblo como el judío.  

José Alberto Mojica Patiño
Redactor de EL TIEMPO

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