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Guerras les roban futuro a 28 millones de niños, según Unesco

Por: IRINA BOKOVA | 10:50 p.m. | 01 de Marzo del 2011

Niños en la guerra

Déficit para atender necesidades educativas de países más pobres asciende a US$ 20.000 millones.

Foto: Archivo EL TIEMPO

Con solo 6 días de gasto militar del planeta se remediaría déficit de programa Educación para Todos.

Los niños se convirtieron en las víctimas mudas de asaltos a escuelas, de grupos armados que los reclutan y de una verdadera plaga de violaciones y abusos sexuales.

Cada vez más los grupos armados ilegales los consideran blancos legítimos, dejando en claro que estos no solo arrasan escuelas: destruyen también las oportunidades de educación de generaciones enteras.

Sin embargo, este problema se sigue ignorando ampliamente. El Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo 2011, publicado ayer por la Organización de Naciones Unidas para la Educación (Unesco), devela esta crisis encubierta.

En Colombia, por ejemplo, los grupos armados reclutan sistemáticamente a niños para hacer de ellos soldados o para ponerlos a trabajar en el narcotráfico. Con frecuencia es en las escuelas mismas donde se imponen esos reclutamientos forzosos.

Colombia es también, de acuerdo con la investigación, el segundo país del mundo con más desplazados por la violencia, situación que levanta grandes obstáculos para que los niños desterrados accedan a la educación.

"Los adolescentes colombianos de 12 a 15 años, que todavía cursan primaria, son dos veces más numerosos que los no desplazados de la misma edad", agrega el documento.

De todos los niños del mundo en edad de ir a la escuela primaria que están sin escolarizar, 42 por ciento (28 millones en total), vive en países afectados por guerras internas. Entre 1999 y el 2008, los conflictos armados azotaron a 35 países, entre los que se contaban 15 Estados del África Subsahariana.

Todo esto contribuye a afianzar el círculo vicioso de la guerra. Los niños que no han podido recibir educación afrontan la perspectiva de un futuro arruinado por la pobreza, que es un poderoso factor de persuasión para que más adelante se enlisten en grupos armados. De inmediato, esta situación constituye una crisis de derechos humanos y, a largo plazo, supone un desastre para el desarrollo.

En muchos países que han sufrido conflictos armados en el pasado, como Guatemala, se sigue señalando la existencia de índices elevados de violaciones y abusos sexuales, lo que induce a pensar que los comportamientos surgidos durante los conflictos se arraigan en la sociedad, imprimiendo un carácter violento a las relaciones entre los sexos.

Por otra parte, en los países afectados por la violencia armada se destacan los más bajos niveles de alfabetización del planeta y algunas de las tasas de mortalidad infantil más altas.

Además, el presupuesto destinado a la educación es el primero que suelen recortar los gobiernos cuando se hallan ante una situación de conflicto. Los conflictos armados que azotan a algunos de los países más pobres del mundo son uno de los mayores obstáculos para conseguir los objetivos de la Educación para Todos.

Hoy, hay 21 países en desarrollo que gastan más en armamento que en la enseñanza primaria. No obstante, no han logrado demostrar que así consiguen mejorar notablemente su seguridad.

Si esos países redujeran su gasto militar en un 10 por ciento, podrían escolarizar a 9,5 millones de niños privados de escuela.
Aunque todos los países tienen que garantizar su seguridad, el gasto militar es una sangría para el conjunto del gasto público.

Educación, parienta pobre

La comunidad internacional debe hacer sentir su peso con más fuerza. Las comunidades afectadas por conflictos están haciendo esfuerzos heroicos para defender y mantener los sistemas educativos.

No podemos decir lo mismo de los donantes. En efecto, la ayuda al sector de la educación representa solo un 2 por ciento de la ayuda humanitaria dispensada. Ningún otro sector presenta una proporción más baja en las peticiones de ayuda humanitaria.

Bastaría con que los países ricos destinaran a la educación el equivalente de seis días de su gasto militar para que el déficit de financiación anual de la Educación para Todos, estimado en 16.000 millones de dólares, pudiera enjugarse totalmente. Para afrontar esta crisis debemos actuar en tres niveles. En primer lugar, condenar los espantosos atentados perpetrados contra los derechos humanos.

Los retos

Los gobiernos no deben tolerar los ataques contra niños ni la destrucción de escuelas y colegios. Y no deben permitir que estos hechos queden impunes. Por su parte, las Naciones Unidas tienen que vigilar los atentados atroces contra los derechos humanos, elaborar informes sobre ellos y proceder a investigaciones.

A la Unesco se le debería asignar un mandato, así como los recursos correspondientes, para crear un sistema sólido de elaboración de informes. La Convención de La Haya protege los bienes del patrimonio cultural en caso de conflicto armado. ¿Sería muy difícil extender esa protección a los edificios escolares?

En segundo lugar, la educación no puede seguir siendo la parienta pobre de la ayuda internacional. En efecto, es el mejor medio para proteger los primeros brotes frágiles de la paz después de un conflicto.

También es el primer beneficio tangible que la paz puede aportar, tanto a los niños y las niñas como a las comunidades que vuelven a ponerse en pie. Es por eso que la inversión debe ser más representativa.

Los refugiados de todo el planeta se tropiezan con graves obstáculos para acceder a la educación. Colombia, un país que cuenta con una de las mayores poblaciones de desplazados del mundo, es probablemente la nación que posee el marco jurídico más sólido para proteger a los civiles desplazados por conflictos.

Una sentencia dictada por su Corte Constitucional marcó un hito histórico, al establecer la educación gratuita para los niños desplazados.

Desde entonces, la proporción de desplazados internos de 5 a 17 años que están escolarizados pasó de 48 por ciento, en el 2007, a 86 por ciento, en el 2010.

Por último, es preciso otorgar a la educación una mayor prioridad en el programa de consolidación de la paz. Todos sabemos que un sistema de educación incorrecto puede atizar los conflictos.

La instrumentalización de los sistemas educativos para fomentar los odios ha sido una de las causas subyacentes de varios conflictos, desde Ruanda hasta Sri Lanka y desde Guatemala a Sudán.

Más del 60 por ciento de la población de algunos países como Guinea, Nigeria y Sierra Leona tiene menos de 25 años, mientras en los países de la OECD esa proporción es inferior a un 25 por ciento.

En el Oriente Medio y África del Norte, más de un 23 por ciento de la mano de obra juvenil estaba desempleada en el 2008.

Tenemos que garantizar a la juventud sistemas de educación inclusivos a fin de que adquieran las competencias y los valores cívicos necesarios para salir de la pobreza.

Sin lugar a dudas, la educación está en la primera línea de defensa de la seguridad de nuestro mundo actual.

Los huérfanos del conflicto

Según la ONG Save The Children, entre los niños que más sufren las consecuencias de la guerra en Colombia están los hijos de combatientes y desmovilizados, los desplazados, las víctimas de minas antipersona y los huérfanos de la guerra.

Diez líneas sobre Irina Bokova

Irina Bokova nació en Bulgaria y ha sido embajadora de su país en Francia y Mónaco. Tiene estudios en relaciones internacionales en las universidades de Maryland y Harvard (EE. UU.). Fue elegida directora general de la Unesco en el 2009.

Irina Bokova
Especial para EL TIEMPO
Directora general de la Unesco.

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