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'Es hora de reconocer lo mal que estamos': Andrés Oppenheimer

Por: Wilson Vega Redactor de EL TIEMPO | 8:40 p.m. | 25 de Noviembre del 2010

Andrés Oppenhaimer
Foto: Archivo particular

'Basta de historias'; educación, ciencia y tecnología sacarán a América latina de la mediocridad.

El 2010 ha sido año de bicentenarios. Una a una, las naciones de América Latina han conmemorado, con actividades que van de lo solemne a lo morboso, los 200 años de la gesta que les dio la independencia.

En su libro ¡Basta de historias!, el periodista argentino Andrés Oppenheimer, editor de The Miami Herald y analista de CNN en Español, parte de esta seguidilla de celebraciones para compararnos con países que lideran el desarrollo tecnológico e industrial en el planeta y lanza una propuesta: es hora de reconocer que la obsesión con el pasado tiene a los latinoamericanos mirando el futuro "con la nuca".

Vía telefónica, EL TIEMPO habló con el periodista, radicado en Miami, quien subrayó el rezago científico de Colombia, criticó el enfoque de las políticas de formación superior de su país natal y se declaró confiado en que el problema es solucionable mediante la educación, campo que "es demasiado importante para dejarla en manos de los gobiernos".

Este libro lo llevó a más de una docena de países, de Singapur a Finlandia, de México a Israel... ¿Qué aprendió de este 'viaje periodístico'?

Si tuviera que resumir el producto de estos viajes por China, India, Singapur... y también por nuestros países latinoamericanos, diría que mientras los asiáticos están guiados por el pragmatismo y obsesionados por el futuro, nosotros estamos guiados por la ideología y obsesionados por el pasado, en parte porque algunos presidentes latinoamericanos, como el de Venezuela, están inventándose una historia a su medida para justificar un proyecto autoritario, y, en parte, porque como naciones jóvenes que somos tenemos esta necesidad de concentrarnos más en la historia que otros países, para forjar una identidad nacional.

¿Dónde queda aquello de que 'quienes no tienen memoria de su historia están condenados a repetirla'?

Yo no digo que esté mal, que tengamos que dejar de mirar hacia atrás. Lo que digo es que estamos tan obsesionados con el pasado que eso nos distrae de la tarea urgentísima de enfocarnos en el futuro.

Por eso, mi sorpresa cuando llegué a Singapur y, en el aeropuerto, cambié unos dólares para tomar un taxi: vi que mientras los latinoamericanos tenemos en la parte de atrás de los billetes a nuestros próceres nacionales, ellos tienen en la parte de atrás de su billete que más circula la imagen de una universidad, un profesor, unos alumnos y abajo la palabra "Educación".

No estoy diciendo que debamos dejar de conocer nuestra historia, celebrarla y discutirla. Pero lo que sí estoy diciendo es que se nos ha ido un poco la mano.

¿Cómo aplicar eso a Colombia?

Un país como Colombia tendría que empezar a revisar las prioridades de su agenda nacional y, a medida que se va normalizando su situación interna, tendría que enfocarse cada vez más sobre su rezago educativo, científico y tecnológico.

¿En qué se expresa ese rezago?

Déjame darte una cifra: el año pasado, Corea del Sur, un país que hace 40 años era muchísimo más pobre que Colombia, registró ante los Estados Unidos 8.800 patentes. En ese mismo año, Colombia registró siete... Casi nada.

Por eso es que, aunque en 1973 Colombia tenía un ingreso per cápita de 3.500 dólares por año y Corea del Sur, uno de 2.800 dólares por año, hoy Corea del Sur tiene un ingreso per cápita de 28.000 dólares y Colombia, uno de 9.000.

Es escalofriante. La explicación es muy fácil: Corea le apostó a la educación, a la ciencia, a la tecnología y a la innovación.

Usted critica que tengamos tantos estudiantes de ciencias sociales y tan pocos de ciencias exactas...

Es un disparate absoluto. Nuestros países están ofreciendo educación universitaria gratuita o subsidiada a un número extraordinario de humanidades y a poquísimos estudiantes que se enfilan hacia la ingeniería, la ciencia y la tecnología.

El caso más absurdo es Argentina. La Universidad de Buenos Aires tiene 28.000 estudiantes de psicología y sólo 8.000 de ingeniería. Están formando tres psicólogos para curarle el 'coco' a cada ingeniero.

En Colombia, y eso me lo reconoce el presidente (Juan Manuel) Santos en la entrevista que está en el capítulo sobre el país, hay, hasta ahora, 70 por ciento de los estudiantes en formación universitaria y un 30 por ciento en formación técnica, y eso tendría que ser al revés.

Pero usted mismo anota que esta tarea supera lo que cabe esperar de un gobierno...

No se trata sólo de los gobiernos. Yo no creo que la solución al rezago educativo vaya a venir de un gobierno, de ningún gobierno, por bueno que sea.

Eso pasa por un motivo: los políticos piensan en plazos de cuatro años, piensan en la próxima elección. La inversión en calidad educativa es una inversión que rinde frutos en 20 años.

Entonces, la única forma de lograr que lo gobiernos inviertan en calidad educativa es: o mediante pactos políticos o mediante grupos de presión, como los que se han dado en Brasil.

Pero, también se ha dicho que cada país debe generar sus propios modelos de desarrollo, porque lo que funciona en un lado no funcionará necesariamente en otro.

Por supuesto, pero hay una cosa innegable: yo no conozco un ejemplo de un país que le haya apostado a la educación y le haya ido mal.

Fíjate en Singapur, en Corea, en Finlandia o, incluso, en Chile: un país que hace dos años decidió becar a 6.000 estudiantes por año para que hagan sus posgrados en el exterior.

Cada país tiene que escoger lo que más le conviene, pero no me cabe la menor duda de que estamos en la era de la economía del conocimiento.

¿Cómo se define esa economía del conocimiento?

En la era de la economía del conocimiento, los productos del conocimiento valen muchísimo más que las materias primas. Colombia, por ejemplo, es un país cafetero: ¿qué porcentaje de una taza de café colombiano que te tomas en un Starbucks en EE. UU. va al productor de café en Colombia? Apenas 3 por ciento.

El 97 por ciento de lo que paga el consumidor va al que hizo la ingeniería genética, el marketing, el procesamiento... todo. La pregunta es: ¿dónde queremos estar?

Eso dista del discurso triunfalista de muchos mandatarios latinoamericanos. Usted ha dicho que creer que vamos demasiado bien nos hace daño...

Mucho. Yo creo que en toda América Latina y en EE. UU. necesitamos una paranoia constructiva.

El libro empieza con una entrevista en la que le pregunto a Bill Gates por qué a los asiáticos les va mucho mejor que a los latinoamericanos.

Y él me dice que los indios y los chinos tienen humildad: piensan que están peor que el país de al lado. Cuando fui, me encontré con que los funcionarios no tienen un discurso triunfalista.

Por eso lo de la paranoia: tenemos que reconocer lo mal que estamos para superarnos; porque si no, nos vamos a quedar en la complacencia y en la inmovilidad.

Coganador del Pulitzer

Oppenheimer, además, es autor de 'Los estados desunidos de Latinoamérica', 'La hora final de Castro' y 'Cuentos chinos'.

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