Gorgona, un paraíso que reúne a las tortugas de todo el mundo
Por: JAVIER SILVA HERRERA |
La tortuga verde, con un transmisor con el que se siguen sus recorridos.
Foto:El colombiano Diego Amorocho lideró estudio que demostró que la isla es punto de concentración.
Gorgona ha sido considerada por años como territorio de serpientes. Desde siempre, cuando alguien llega a esta isla, cuyo mapa tiene forma de tiburón, tiene que saber que ellas estarán al acecho. La historia se ha encargado de reafirmarlo y de volverlo leyenda, por la tragedia que vivió aquí el conquistador Francisco Pizarro, cuando, para huir de un grupo de indígenas que lo seguían desde Tumaco, se refugió allí confiado. Lejos de la guerra, el español libró su peor batalla contra los reptiles; eran tantos que las mordeduras redujeron su tropa a la mitad. Pero Gorgona -nombre que el mismo Pizarro escogió inspirado en ese monstruo femenino de la mitología griega que llevaba un cinturón de serpientes entrelazadas en la cabeza como una enorme hebilla- también es territorio de tortugas.Allí llegan cientos. Como si fuera un imán de corazas y carapachos de calcio, tortugas de América, Australia y la Micronesia utilizan a Gorgona como punto de encuentro, como sitio de descanso, como hogar de paso, un oasis en medio de la nada, que las salva de la inanición en sus viajes transoceánicos. Esto se sospechaba, se veía como una posibilidad y se hablaba con el mismo tono de incredulidad con el que muchos cuentan las desdichas de Pizarro en este pedazo de Colombia en el Pacífico. Pero no se había medido. Hasta ahora.
Con certeza y precisión científica se confirmó que Gorgona es punto de concentración de tortugas de varios continentes, especialmente de la especie Chelonia mydas, también conocida como 'verde'.
Allí se reúnen ejemplares jóvenes porque encuentran las condiciones claves para desarrollarse durante un tiempo mayor a seis meses, para luego viajar hacia otros puntos del océano. La conclusión hace parte de un documento científico que acaba de ser publicado en la revista especializada Plos One, elaborado por científicos de la Universidad de Monash (Australia), la Universidad Autónoma de México y el Centro Nacional Oceánico y Atmosférico de Estados Unidos (Nooa), y liderado por el colombiano Diego Amorocho, exdirector del Centro de Investigaciones en Medio Ambiente y Desarrollo (Cimad) y una de las personas con más conocimiento sobre estos animales en el mundo.
"Muchas de ellas están haciendo viajes de más de 20.000 kilómetros desde el otro lado del mundo para llegar a Gorgona, lo que convierte a esta isla en un joyita para el salvamento de estos carismáticos reptiles", explicó Amorocho.
Lograron saberlo luego de pasar de estudiar los sitios de anidación de las tortugas, situados en las playas y donde se concentra la mayoría de análisis (generalmente con hembras), a hacer mediciones directamente en el agua, lo que permitió monitorear ejemplares machos. Con inmersiones nocturnas y a pulmón, se tomaron muestras de ADN mitocondrial a medio centenar de tortugas, con las que se pudo saber de qué playas provienen. El 80 por ciento llega de Galápagos, el 12 por ciento de Michoacán (México) y las restantes de Australasia.
Tan misterioso como aquel monstruo femenino que petrificaba a quienes lo miraban, resultan también para los científicos los detalles sobre cómo un animal tan pequeño, poco hidrodinámico y además joven, puede recorrer distancias tan largas.
"Uno puede plantear que las tortugas caen en las corrientes involuntariamente, y una vez allí son arrastradas hasta Gorgona, un fenómeno llamado dispersión; algo así como lo que le ocurre a Crush, la tortuga centenaria que vimos en la película Nemo, para ir de un lugar a otro. Otra opción es que sea un decisión voluntaria, como si quisieran meterse en una aventura juvenil para conocer el mundo; no lo sabemos aún", agrega Amorocho. Lo que sí está comprobado es que muchas de ellas se quedan mucho tiempo en la isla.
"Con transmisores satelitales hemos visto cómo hacen recorridos cerca de Gorgona, y cuando uno cree que se van a ir del todo, se regresan, porque allí encuentran buena cama, buena comida y buen refugio para alimentarse, proveerse de proteínas y acumular energía, para luego seguir recorriendo el mar. Gorgona se les vuelve como un 'hotel-mamá' del que les cuesta irse", agrega Amorocho.
Este hallazgo no solo resulta clave para confirmar sus rutas, sino para determinar con certeza, y con base en esos movimientos, los sitios que se deben incluir en esfuerzos determinantes de conservación, porque la mayoría está en peligro de extinción y vive en sitios amenazados ambientalmente. Antes de llegar a Gorgona, o durante su salida de Colombia, muchas de las tortugas también tocan Malpelo, las islas de Coiba (Panamá), Cocos (Costa Rica), un corredor casi circular sobre el océano que también es usado por tiburones y otras especies, y donde, según un reciente estudio de la Unión Internacional para la Naturaleza, aún se conservan poblaciones prósperas de tortugas verdes.
Sin embargo, los biólogos explican que al menos 9 de cada 10 tortugas mueren por la pesca incidental o por la acción de depredadores. Más de 250.000 fallecen además en las jornadas de captura de atunes, merluzas o dorados en todo el Pacífico oriental, según cifras recolectadas por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
Muy pocas logran ser adultas y reproducirse, etapa que comienza después de los 30 años. La recolección de sus huevos para comerlos es otra de las amenazas más comunes que resisten de los humanos. En Gorgona, además de las jornadas de pesca que traficantes y pobladores impulsan sin permiso, pese a algunos esfuerzos de vigilancia liderados por la Armada Nacional, se suma la erosión de algunas de las playas, que les restan espacios para anidar.
Su situación es precaria a pesar de que estos reptiles son vitales para la vida del hombre, porque mantienen el balance de los mares y controlan la población de lo que comúnmente se conoce como aguamalas, que perjudican la pesca artesanal e industrial y al turismo. La contaminación del mar también las acaba, sobre todo cuando comen icopor, papel o bolsas que confunden con plancton.
"La supervivencia de las tortugas del Pacífico no puede depender de los esfuerzos aislados de cada Estado. Lo que hemos descubierto reafirma la necesidad de que se fortalezcan corredores marinos de protección entre las naciones que las resguardan. Nada saca un país protegiendo a las suyas, si los vecinos no se esfuerzan por hacer controles. Ya sabemos que para ellas no hay límites y mucho menos fronteras", finalizó Amorocho.
Javier Silva Herrera
Redacción Vida de Hoy
En Twitter: @ElTiempoVerde
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