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La ropa también es un factor que contamina

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Huella Social

Colombia no tiene una política de reciclaje textil y las prendas terminan en basureros.

En Bogotá, se calcula que a la basura se botan diariamente entre 360 y 600 toneladas de ropa usada. Son vestidos, pantalones, blusas, camisetas y demás prendas que, según la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) se mezclan en las canecas y bolsas que guardan las 6.000 toneladas de residuos que cada día terminan en el relleno sanitario Doña Juana. La indumentaria que se entierra en ese gigantesco depósito de basuras podría ser de mayor proporción, si se tienen en cuenta los estimativos de consumo de vestuario que señalan los expertos en esta materia.

Ellos indican que una persona, en promedio, consume entre 7 y 19 kilos de material textil al año. Con los 7 millones de personas que viven en Bogotá, esa cifra llevaría a un gasto promedio de 134 a 364 toneladas por día. Después de usado todo ese vestuario, ¿a dónde va a parar?

En cualquier caso, la cantidad de ropa desaprovechada, arrojada también a canales de aguas lluvias, zanjas y hasta abandonadas en algunas zonas verdes en Bogotá, solo muestra el desconocimiento de la población sobre la reutilización que una prenda puede tener.

En concepto de ingenieros ambientales consultados, esa es la consecuencia de la falta de una política o un programa oficial en Colombia que oriente sobre el manejo adecuado del traje usado, separado de la basura ordinaria, y que motive al llamado reciclaje textil, como sucede en otros países, por ejemplo, España e Inglaterra.

Las únicas prendas que tienen un reciclaje obligado son las empleadas por el personal de salud en los hospitales, debido a su riesgo biológico, aclara el ingeniero ambiental de la Universidad Distrital Santiago Montero.

Sin embargo, una falda, un pantalón, una camisa o cualquier otro traje visto en su fabricación y como residuo, ambientalmente no es tan inofensivo como parece.

Lo primero que hace la ropa en un relleno es quitarle espacio al residuo ordinario, que es el que debe llegar a estos terrenos, manifiesta Andrés Maya, de la UAESP.

Montero, a su vez, explica que "la contaminación por la ropa empieza desde el momento de su fabricación. Para hacer solo un pantalón se necesitan alrededor de 1.500 litros de agua, 700 litros para la coloración, fijación y limpieza del producto. Después, en un relleno, si la prenda es de poliéster tarda en degradarse de 3 a 5 años.
Cuando este material empieza a descomponerse, algo similar sucede con sus polímeros y tintes, que contaminan el suelo y las fuentes hídricas".

Los mayores impactos que generan estos residuos en un botadero -indica Diana Milena Caicedo, ingeniera química, experta en residuos y catedrática de la Universidad de La Sabana- se relacionan, precisamente, con el tiempo de degradación.

"Hay fibras sintéticas que tardan varios siglos en descomponerse", agrega Caicedo. De hecho, las revistas ecológicas registran que estas fibras pueden durar hasta 500 siglos en ese proceso. En cambio, una prenda de algodón, según su composición, puede degradarse en el término de 6 meses a 5 años.

Caicedo recuerda que, en un trabajo de campo, en Inglaterra, presenció la excavación de un antiguo relleno sanitario en ese país y observó que materiales, como plásticos y textiles, enterrados en los años cincuenta se conservaban hoy intactos.

Un segundo gran problema que causa una fibra enterrada es que dificulta la circulación de los lixiviados (líquidos que se generan por la descomposición de las basuras) en el relleno.

"Los textiles -explica Caicedo- son materiales que forman capas dentro del relleno, lo que dificulta el movimiento de los lixiviados hacia las tuberías. Cuando se acumulan los líquidos empiezan a migrar hacia las fuentes subterráneas o corrientes hídricas".

Si la población conociera más el nuevo uso que se le puede dar a la prenda desechada, "seguramente contribuiría en la separación de esos materiales, porque el algodón sirve como materia prima para trapos de limpieza y materiales absorbentes, por ejemplo. O, desinfectada y arreglada, puede servir nuevamente como prenda de vestir", apunta Montero.

Por todos esos efectos negativos de los textiles en el medio ambiente es que varias industrias empezaron a mostrar una mayor responsabilidad social en su confección.

Esa tendencia ecológica la han seguido marcas mundiales como las españolas Zara y Mango, y la reconocida Levi's, que han sacado colecciones hechas con algodón 100 por ciento orgánico o con materiales biológicos.

En Colombia, el Ministerio de Ambiente destaca a la empresa Enka, que ha puesto en el mercado su línea EKO, fibra procedente de la recuperación de botellas de poliéster termoplástico (PET).

Lucevín Gómez
REDACCIÓN EL TIEMPO

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