La odisea del aterrizaje del robot Curiosity en Marte
Por: ÁNGELA POSADA-SWAFFORD |
Replica a escala del robot Curiosity.
Foto: NASALa NASA muestra el video 'Siete minutos de terror', la experiencia de Curiosity en el planeta rojo.
El omnipresente color naranja-rojizo-óxido está en cada uno de sus picos, cráteres, dunas, cañones y valles, y hasta en el polvillo eternamente suspendido en la atmósfera, visible sobre la curvatura del planeta. Sus atardeceres están rebosantes de una luz sublime y hay algo decididamente extraterrestre en el ángulo de inclinación de las sombras. Marte es rojo, seco y frío; lleno de una pétrea vitalidad que anuncia su esencia: este es un mundo mineral.
En algún momento temprano de su evolución -el planeta se formó hace 15 millones de generaciones humanas, junto con el resto del Sistema Solar-, Marte tuvo mares, ríos, lagos, nubes, lluvia, nieve, glaciares, costas y canales. Pero todo eso desapareció. La esfera de roca es demasiado pequeña, está demasiado lejos del sol, y su núcleo de níquel y hierro -que ya no gira dentro de la corteza- es como una batería apagada. Por su culpa la atmósfera se congeló y cayó al piso. El dióxido de carbono se sublimó y formó una nueva y delgadísima atmósfera, mientras que el oxígeno se pegó a las rocas, tornándolas rojas. El agua se solidificó bajo la tierra en forma de permafrost, y en otros lugares se filtró kilómetros hacia el subsuelo, eventualmente formando mares subterráneos, cuya suerte se desconoce. Y sólo los dos polos, cubiertos de hielos de agua y dióxido de carbono, muestran otro color diferente del rojo.
Desde siempre hemos querido saber si hubo allí una generación espontánea de vida animal. O vegetal. O incluso viral. Parafraseando al autor Kim Stanley Robinson, lo que sea que dé inicio a la vida -una espora proveniente del espacio (o de la Tierra), un caldo de cultivo en los manantiales de azufre caliente, la mano de un dios- no sabemos si eso sucedió en Marte. Pero sí podría haber sucedido.
Por eso, los ojos del mundo están puestos sobre el Mars Science Laboratory, la misión más ambiciosa al Planeta Rojo hasta la fecha. Si todo va bien, el 5 de agosto estará arribando al Cráter Gale, una hondonada de 155 kilómetros de ancho con una montaña en el centro, cerca del ecuador marciano.
El sitio fue escogido por encima de 60 ubicaciones candidatas porque ofrece algo para todas las disciplinas científicas que buscan sacar provecho de esta nueva etapa exploratoria. Por ejemplo, la elevación en medio del cráter es una enorme pila de sedimentos. "Bien podría ser la mayor altura del Sistema Solar escalable por un robot", escribe el geólogo John Grotzinger de Caltech, uno de los científicos principales de la misión, y prácticamente el encargado de escoger el destino final del aterrizaje (tras cinco años de planeación por más de 100 científicos), en la revista Nature.
"Gale es el sueño de un geomorfista (persona que estudia las capas de sedimentos para entender los procesos que produjeron esa estructura de sedimentación). Pero también presenta oportunidades para los géologos tradicionales que buscan descubrir la química de las rocas. Nuestra fascinación con este cráter se explica porque está en un valle de muy poca elevación en Marte, y todos sabemos que el agua fluye montaña abajo", añade en una entrevista telefónica.
Por primera vez en la exploración planetaria, el robot tendrá que ser un gran escalador, pues se espera que viaje 200 metros diarios, incluso al ascender la ladera de la montaña central, cuya pendiente es de 45 grados. Pero antes de dirigirse hacia el monte, debe explorar las paredes aluviales del cráter, un abanico de lo que parecen haber sido arroyos grandes, quizás excavados por el agua que fluyó al derramarse cráter abajo, hace quién sabe cuántos milenios.
Los satélites que vuelan sobre Marte han estado espiando la montaña de sedimentos en medio del Carater Gale, descubriendo lugares erosionados que han dejado destapados depósitos de arcillas y sulfatos -minerales formados en la presencia de agua. Determinar la abundancia y distribución de los minerales, y si fueron formados por agua del subsuelo, agua de algún lago, o lluvia (tres cosas totalmente distintas), ayudará a los investigadores a aprender mucho acerca de la habitabilidad que haya podido tener -o no tener- el Marte de la antigüedad.
Ladera arriba hay menos señas de erosión y de minerales "acuosos", pero los científicos de todas maneras quieren que Curiosity llegue a la cima. "Si uno empieza en el fondo del Cañón del Colorado, pues uno quiere seguir explorando hasta llegar hasta arriba", dice Phil Christensen, otro miembro del equipo, de la Universidad estatal de Arizona. El problema es que semejante ascenso le tomaría al valiente robot varios años más de los 24 meses que se le han asignado a la misión. No obstante, no sería la única vez que un explorador marciano siga adelante, extendiendo su vida y obra más de 15 veces de lo planeado, como lo fuera el célebre vehículo de exploración de superficie planetaria Spirit, cuya última llamada a casa fue en marzo de 2010.
El Cráter Gale les hace la boca agua a los investigadores de tal forma, que había sido considerado para la misión de Spirit y su hermano gemelo Opportunity en 2003, pero al final se decidió que Gale era demasiado grande y empinado para estos pequeños viajeros. No obstante, el Meridiani Planum, lugar de trabajo de Opportunity, resultó ser una escogencia magnífica porque reveló grandes depósitos del mineral hematita. "La hematita es una de varias formas del óxido de hierro y en la Tierra se genera sólo en presencia de agua, así que eso nos puso muy felices", explica el respetado astrobiólogo de la NASA Chris McKay en una entrevista.
Curiosity hará más que 'seguir el agua' -que era el mantra de sus antecesores- y será capaz de buscar e identificar otros ingredientes de la vida, tales como los pequeños bloques que usa la biología para fabricar a los seres vivos, llamados compuestos orgánicos. La preservación a largo plazo de los compuestos orgánicos (que son moléculas que contienen carbono) requiere ciertas condiciones especiales. Algunos minerales son conocidos porque se pegan a los compuestos orgánicos y los protegen de oxidarse, y por lo tanto de arruinarse. Entonces el robot buscará estos minerales, los vaporizará con un rayo láser, los recogerá con una pala y una brocha, los colocará en su laboratorio interior, y analizará el polvo en busca de los compuestos orgánicos.
Así pues, si Curiosity tiene la misma resistencia física de sus primos menores, el vasto y misterioso Cráter Gale será el jardín de juegos más emocionante de cualquier expedición interplanetaria hasta el momento.
"La NASA tiene a Marte firmemente en su mira", dice Charles Bolden, el administrador de la agencia espacial. "Curiosity no sólo aportará importante data científica, sino que servirá como una misión precursora a la exploración humana del Planeta Rojo".
Ángela Posada-Swafford
NASA


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