El hombre que descubrió la milenaria tortuga de La Guajira
Por: JAVIER SILVA HERRERA |
Edwin Cadena posa frente a los restos del caparazón de la tortuga que halló en La Guajira.
Foto: Archivo EL TIEMPOEl colombiano Edwin Cadena lideró el hallazgo del gigantesco reptil prehistórico.
Edwin Cadena vive para escarbar en el pasado. Es como una obsesión que no lo deja en paz y que practica todos los días como un vicio. Nada más le da sentido a su existencia que estudiar la vida de hace millones y millones de años. Incluso, cuando cursaba sus primeros años de universidad y sus compañeros solo pensaban en buscar la forma de hacerse millonarios, él siempre miró hacia atrás, hacia el mundo de los dinosaurios, costara lo que costara.
Incluso ahora, desde Raleigh (EE. UU.), donde hace un doctorado, en la Universidad de Carolina del Norte (NCSU, su sigla en inglés), este santandereano insiste en hablar con EL TIEMPO de una historia fantástica. Cuenta cómo lideró uno de los hallazgos paleontológicos más impactantes de los últimos años: el del esqueleto fosilizado de una tortuga gigante que vivió hace 60 millones de años, del tamaño de un pequeño auto, y que la revista científica Journal of Systematic Palaeontology acaba de certificar en su más reciente edición.
El animal fue bautizado como Carbonemys cofrinii (la tortuga de carbón) porque Cadena, apoyado por expertos del Museo de Historia Natural de la Florida, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales y de la NCSU, lo encontró en la mina del Cerrejón, la más grande a cielo abierto del mundo, en La Guajira. Era un espécimen cuya cabeza medía 24 centímetros de largo y su caparazón, un metro con 72 centímetros, es decir, la estatura de un adulto promedio. Además, tenía una mandíbula potente, con la que podía rasgar cocodrilos. Saber estos detalles requirió de un trabajo paciente, de sol a sol, e incluso largas caminatas por los huecos que deja la exploración del mineral en la mina, todo para tomar las muestras de decenas de restos, que luego fueron analizadas en laboratorio durante más de dos años.
Poco a poco, y en la medida en que comprobaba la autenticidad de cada una, las encajó como un rompecabezas hasta formar parte del cuerpo de este superreptil. "Mostrarle al mundo, y especialmente a los niños, que estos animales existieron no tiene precio", dice.
No hay duda de que para ser un explorador como este paleontólogo, de 33 años, hay que ser bastante obsesivo y muy detallista. Un rasgo de su personalidad que mostró desde que tenía 6 años, cuando uno de sus pasatiempos favoritos era salir por Zapatoca, su pueblo natal, a buscar fósiles. "Mi mamá me regañaba. Me suplicaba que no le llevara más 'piedras' a la casa.
Yo las ponía en una mesa de noche y le insistía en que no eran piedras, sino fósiles. Hoy, las cosas han cambiado, y ella es la que sale a buscar. Toma fotos de lo que encuentra y me las manda para saber si puede haber algo importante", cuenta.
Estudió Geología en la Universidad Industrial de Santander y en esos años conoció a Fabiany Herrera, un paleobotánico con quien hizo en el 2009, también en el Cerrejón, otro hallazgo que ha pasado a la historia: el de los restos fósiles de la serpiente más grande que ha habitado el planeta, la Titanoboa cerrejonensis, que medía entre 13 y 14 metros de largo y pesaba más de 1.145 kilogramos. Una envergadura que le permitía comerse cualquier cosa del tamaño de una vaca. Cadena dice que esta boa colosal, al igual que la tortuga de carbón -que además era de río, prima de las actuales charapas-, indica que La Guajira era muy similar a un bosque tropical, como los del Orinoco y el Amazonas, pero mucho más biodiverso.
Esto, más allá de ser importante para explicar cómo era el mundo, también nos sirve para predecir cómo será. Explica que es muy probable que las especies actuales tengan la capacidad suficiente para adaptarse al cambio climático, como lo hizo la tortuga en su momento, que tuvo su época clave de desarrollo después de la extinción de los grandes dinosaurios y mucho antes de que se formaran los Andes -situación que permitía que el paisaje de esta región del norte de Colombia fuera plano y homogéneo-. Era una zona mucho más cálida, entre cuatro y seis grados más caliente que un bosque tropical de hoy, lo que impulsó el crecimiento monumental de estas especies. "Al analizar sus fósiles podemos concluir que el calentamiento global que amenaza a la Tierra no siempre significará extinciones masivas, muchas especies se adaptarán", opina el experto.
Reptiles como la Carbonemys cofrinii desaparecieron luego de la formación de las tres cordilleras. En ese momento, La Guajira quedó aislada, se volvió un desierto, y estos seres comenzaron a padecer por falta de alimento. Para él, estos descubrimientos permiten sacar conclusiones ambientales y científicas, pero también le dan un valor inusual al subsuelo de Colombia. Por eso, ya estudia sitios como Villa de Leyva (Boyacá), Pubenza (Tocaima, Cundinamarca), el desierto de la Tatacoa (Huila), regiones del Cesar y los aledaños al relleno de Doña Juana (Bogotá), que podrían esconder datos trascendentales. "En Colombia, a pesar de que la paleontología ha permanecido en el olvido y sufre por falta de reglamentación, es una actividad que ha ido reaccionando en los últimos años y ya hay muchos científicos trabajando. Países como Argentina nos llevan un siglo en estudios, pero tenemos una ventaja relativa y es que aquí todo está por hacer".
Javier Silva Herrera
Redacción Vida de Hoy
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